Publicado: noviembre 1, 2026, 9:23 am
Este 3 de noviembre se decide la nueva composición del 120º Congreso de Estados Unidos en unas elecciones legislativas que ponen en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio (35) de los 100 escaños del Senado, y representan un referéndum del pueblo norteamericano sobre los dos primeros años del segundo mandato del presidente del país, Donald Trump.
Las encuestas dan por seguro que la oposición del Partido Demócrata conseguirá hacerse con mayoría de representantes y acabará ostentando el control de la cámara baja, mientras que la orientación del Senado ahora mismo es una incógnita. Lo que a principios de año parecía una victoria cantada para el Partido Republicano ahora mismo está en disputa por la rápida erosión de la figura del presidente, ahora mismo bajo mínimos, desde el estallido de la guerra de Irán y la subida de los precios del combustible.
Los republicanos se apoyan en el hecho de que el margen de error en las encuestas suele acabar volcado a su favor, especialmente en los estados en disputa, y que, ocurra lo que ocurra tras estas elecciones, Donald Trump seguirá siendo presidente del país dos años más, armado con la capacidad de declarar un veto ejecutivo sobre cualquier propuesta de ley que emerja de una cámara con mayoría demócrata.
El presidente estadounidense ya ha avanzado que no tendrá ningún reparo en emplearlo, a sabiendas de que es prácticamente imposible que el Congreso pueda anularlo porque para ello hace falta una imposible mayoría de dos tercios en ambas cámaras.
Sin embargo, este veto se aplica solo proyectos de ley y el Congreso de Estados Unidos cuenta con múltiples funciones, en especial la de control, y una victoria demócrata en cualquiera de las dos va a hacerle la vida un poco más difícil a Trump.
Victoria demócrata en la cámara de representantes
La Cámara de Representantes controla presupuestos, así como la composición del personal y las agendas de los numerosos comités (Agricultura, Servicios Armados, Educación, Exteriores…), y con ellos la capacidad de celebrar audiencias, exigir documentos y emitir citaciones a empleados de la administración bajo sospecha de eludir sus funciones o cometer delitos.
Dado que el cumplimiento de las citaciones depende del Departamento de Justicia, superpoblado de empleados leales al presidente, los funcionarios afectados tienen cierto margen de maniobra para abstenerse de declarar, pero los demócratas quieren debilitar al presidente a fuerza de insistir.
El líder de la, ahora mismo, minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, ha prometido investigaciones sin cuartel a través de la Comisión Judicial y la Comisión de Supervisión, para las que ya ha designado a sus posibles presidentes: el representante por Maryland, Jamie Raskin y el representante por California, Robert Garcia.
Las investigaciones se centrarán en Trump, su familia y su administración, como parte de una amplia agenda anticorrupción, con la posibilidad incluso de culminar con una propuesta de juicio político al presidente.
Los demócratas no desistirán en su impulso a proyectos de ley por difícil que parezca. Ahora mismo hay cinco grupos de trabajo que abordan cuestiones como el coste de la vida, la atención médica, vivienda y alimentos, encabezados por una combinación de progresistas y centristas, y propuestas listas para revertir los recortes sanitarios impuestos por la «gran y hermosa ley» económica de Trump, que contempla exenciones fiscales y recortes de programas, incluidos nuevos requisitos laborales para los beneficiarios.
«Necesitamos bajar el precio de los alimentos y la gasolina», enumeró Jefferies a mediados de mes, durante la presentación de su «agenda de 100 días» para complicar las cosas a Trump. «Segundo, necesitamos que la atención médica sea asequible para todos los estadounidenses. Tercero, vamos a exigir responsabilidades a los delincuentes que han perpetrado actos de corrupción sin precedentes contra el pueblo estadounidense. Desde el primer día».
Los demócratas ganan ambas cámaras
El control demócrata del Senado representaría en sí mismo su triunfo más grande en estas elecciones. Haría falta una «ola» demócrata sumada a un desafecto casi sin precedentes entre los votantes republicanos. Ganar las dos cámaras significaría que Trump habría perdido estados donde ganó por diferencias casi abismales en las elecciones de 2024, que los demócratas no habrían cedido ni un solo asiento y, sobre todo, que el pueblo estadounidense habría retirado su confianza en el presidente.
El Senado confirma a jueces, miembros del gabinete y embajadores, por lo que una cámara alta con 51 senadores demócratas estaría capacitada para bloquear nombramientos presidenciales. Un empate a 50 escaños en el Senado obligaría al vicepresidente JD Vance a hacer un poco habitual uso de su potestad como presidente de la cámara para inclinar el voto.
Existe un caso extremo bastante perjudicial para Trump: una mayoría de 52 escaños implicaría que solo necesitarían convencer a ocho republicanos moderados para aprobar la mayoría de los proyectos de ley. Si el presidente mantiene la doctrina de «vetar absolutamente todo» y forzar una negociación adicional con los demócratas, como ha prometido, tendría que hacerlo a sabiendas de que una parte significativa de su partido ha colaborado activamente con la oposición.
