Publicado: diciembre 28, 2025, 5:30 am
El dólar se debilita, la inteligencia artificial (IA) impulsa la productividad y los bancos centrales suavizan su discurso. Con este triple eje, la renta fija se posiciona en 2026 como uno de los activos con más potencial, pero también con más exigencia. Para los expertos, la gestión activa, la prudencia y la calidad volverán a ser claves en un entorno aún incierto.
Nacho Zarza, gestor de Auriga Bonos, parte de un escenario dominado por la continuación de políticas monetarias flexibles. “La mayoría de los grandes bancos centrales, excepto el Banco de Japón, seguirán aplicando medidas acomodaticias. Esto, unido a un contexto deflacionario, debería favorecer una caída adicional de las rentabilidades”, afirma.
Coincide Pedro del Pozo, director de inversiones financieras en Mutualidad, quien prevé que el año comience de forma más “normalizada”, pero con oportunidades claras. 2026 será complejo, pero eso también significa que habrá oportunidades. Veremos algo más de rentabilidad en todos los tramos de la curva, especialmente en los más largos, gracias “al crecimiento moderado y al aumento del gasto público en Europa”, señala. Ese gasto, especialmente en el área de defensa, marcará parte del movimiento en la deuda soberana europea. “El repunte del gasto estructural en sectores estratégicos puede mantener la presión sobre los tipos largos”, añade Del Pozo.
Más visibilidad para la deuda emergente si el dólar sigue cediendo
El dólar, por su parte, podría seguir cediendo terreno. La combinación de recortes de tipos en Estados Unidos y el posible nombramiento de un nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed) afín a Donald Trump alimenta este escenario. Trump ya ha dejado clara su inclinación por recortar tipos, lo que refuerza las previsiones de un dólar más débil. En este contexto, los bonos emergentes, especialmente en divisa local, podrían seguir ganando atractivo. “Si se mantiene esta debilidad, los flujos hacia deuda emergente pueden intensificarse”, señala Zarza.
Ion Zulueta, director de análisis en iCapital, va en la misma línea y señala que “la depreciación del dólar es un factor estructural a vigilar. La deuda local emergente puede salir beneficiada si se confirma ese patrón”.
IA, productividad y tipos más bajos
A ese entorno se suma un cambio estructural poco valorado por el mercado: el avance de la IA en la productividad empresarial. Zarza explica que “la implementación de la IA en sectores intensivos en mano de obra y procesos administrativos está empezando a traducirse en menores costes operativos, lo que reduce presiones inflacionistas estructurales”. Si esta tendencia se mantiene, podría permitir a los bancos centrales mantener una política monetaria más relajada durante más tiempo.
Pero no todo es optimismo. Mar Barrero, directora de análisis en Arquia Banca, lanza un mensaje de cautela. En su opinión, la renta fija debe formar parte de toda cartera, pero sin asumir riesgos innecesarios. “Lo que no haría es subir la exposición a activos de peor calidad o menor liquidez buscando rentabilidad. El riesgo debe estar en la renta variable, no en la fija”, afirma. Barrero recomienda mantener una exposición prudente, sobre todo en tramos cortos. Fondos de renta fija a corto plazo o monetarios pueden seguir siendo útiles en 2026, incluso con retornos en torno al 2%, porque “ayudan a proteger capital y mantener liquidez”, añade.
Zarza también recomienda centrar el foco en emisiones de calidad, preferiblemente con vencimientos de corto o medio plazo. Entre las oportunidades que destaca, menciona los bonos que actualmente se negocian por debajo de su valor nominal, es decir, que cotizan por debajo de 100 puntos. “En un entorno de tipos más bajos, muchos emisores podrían optar por amortizar anticipadamente estas emisiones”, apunta. Esto permitiría al inversor obtener un cupón más alto y una rentabilidad adicional al recuperar el valor completo del bono antes de su vencimiento, sin asumir un riesgo excesivo.
En cuanto al segmento high yield, las opiniones se dividen. Adam Darling, gestor de Jupiter AM, cree que los rendimientos siguen siendo atractivos a largo plazo. Zarza, por su parte, ve señales mixtas. Destaca que sectores cíclicos como químicos e industriales han sufrido un deterioro rápido, lo que puede ser tanto una señal de advertencia como una oportunidad si la economía logra estabilizarse. Cree que parte del mercado está mostrando una complacencia excesiva, mientras que los datos del mercado laboral ya apuntan a un posible enfriamiento progresivo.
Por otro lado, del Pozo recuerda que, tras un 2025 muy positivo, las valoraciones en renta fija no están especialmente baratas. Cree que el riesgo de una corrección sigue presente si se produce un giro inesperado en el frente geopolítico, fiscal o monetario. Los analistas coinciden en que cualquier incidente en Taiwán, un estancamiento en el proceso de paz en Ucrania o cambios bruscos en la política fiscal estadounidense podrían alterar rápidamente el equilibrio del mercado.
Para el inversor particular, la hoja de ruta pasa por evitar decisiones precipitadas. No es momento de extender duración de forma agresiva sin un horizonte claro. Tampoco de sacrificar calidad por rentabilidad. En su lugar, los expertos recomiendan mantener exposición a bonos de grado de inversión, buscar valor en emisiones con buen perfil riesgo-retorno y explorar oportunidades en deuda emergente si el perfil lo permite. A ello se suma la importancia de tener algo de liquidez disponible para entrar en momentos de corrección.
Zarza concluye que 2026 exigirá una combinación de análisis técnico, visión macro y flexibilidad. “La volatilidad será una constante. El reto no es evitarla, sino saber cuándo aprovecharla”.
