Publicado: abril 6, 2026, 3:00 am
El delivery en España ya no es una «promesa de futuro», es la necesidad de nuestro día a día. Nos resuelve la cena un viernes por la noche, la cesta de la compra un lunes a las tres, o las flores que le llevas a tu amiga cuando la visitas. Sin embargo, en pleno 2026, seguimos operando con un sistema de «parches» legales que no ayuda a nadie. En Just Eat lo tenemos claro: es urgente alcanzar un Convenio Colectivo Sectorial de ámbito estatal. Necesitamos reglas claras, no más improvisación.
El delivery es un relevo que no se ve: la app avisa a la cocina, el cocinero enciende los fogones y un repartidor en moto o bici vuela para que la cena llegue caliente antes de que empiece tu serie favorita. Muchos descubrimos esta comodidad durante la pandemia y hoy ya es parte de nuestra rutina. El ser humano se acostumbra rápido a lo bueno: abrir el móvil, apretar un botón y tener la mesa puesta en 30 minutos parece magia, pero hay que aceptarlo: el modelo de la pandemia no era real. Igual que no era normal vivir bajo un toque de queda, tampoco era sostenible a largo plazo un sistema que funcionaba por pura inercia en una situación de emergencia. Aquello fue un paréntesis; ahora nos toca construir una base sólida y profesional para el futuro. Ese repartidor no es un robot, también tiene necesidades, como todos nosotros, y el reparto no es su hobby, es su trabajo, y como trabajo que es, tiene que ser retribuido según lo que marquen las normas.
El sector del delivery intenta encontrar su encaje dentro de un laberinto de convenios colectivos que no son adecuados para dar respuesta a sus particularidades. Si nos fijamos en los convenios que existen en la actualidad y donde se nos ha intentado encasillar, vemos que no somos la mensajería de 2006. Aquellos convenios se diseñaron para mover furgonetas dentro de la ciudad que te entregan unas zapatillas tres días después de pedirlas. El delivery es inmediatez: es una cena que debe llegar impecable en un radio de 3 kilómetros. No es lo mismo. Tampoco somos hostelería pura. Aunque transportemos comida, los picos de demanda de un domingo por la noche o una final de la Champions requieren una agilidad logística que un convenio de restaurante no contempla. Y por supuesto, los convenios provinciales no son la solución. No puede haber repartidores de primera y de segunda según donde vivan. Esa fragmentación lastra la competitividad. Necesitamos un marco nacional que incluya a todos, también a las flotas, con reglas claras.
Si queremos proteger el futuro, hay que empezar por valorar el servicio. Detrás de cada pedido hay personas, tecnología y una operativa compleja. Nos hemos acostumbrado a pagar nuestra suscripción de Netflix o Spotify porque valoramos el contenido y la plataforma. Con el delivery ocurre lo mismo: para que el sistema sea justo y profesional, debemos reconocer el valor real de lo que recibimos en casa.
Mantener una flota, asegurar a los repartidores, el combustible, el mantenimiento de los vehículos y la inversión en la tecnología que lo coordina todo para que alguien lleve nuestro pedido a casa supone un gasto inmenso que a menudo se da por sentado. Durante mucho tiempo vivimos en el espejismo de los envíos gratuitos o extremadamente baratos, pero esta no es la realidad, y no es sostenible. La comodidad no es un derecho, es un servicio de calidad que debemos poner en valor. Si queremos inmediatez y eficiencia, hay que entender que la sostenibilidad del modelo pasa por pagar su precio real.
En Just Eat nos gusta llamarnos los «arquitectos del cambio». Llevamos más de 15 años demostrando que se puede innovar sin recortar derechos. Un convenio sectorial moderno debe proteger al repartidor ante el mal tiempo y compensar el uso de sus herramientas de trabajo, y también debe dar a las plataformas la flexibilidad necesaria para seguir siendo un motor de progreso. Desde estas líneas hago un llamamiento a la acción. España lideró el debate de la ‘Ley Rider’ y no podemos fallar ahora que la directiva europea está a la vuelta de la esquina. Es el momento de que instituciones, sindicatos y empresas nos sentemos con altura de miras para firmar un consenso que reconozca nuestras particularidades.
Si hacemos los deberes ahora, en 2030 tendremos un sector fuerte y profesional. El futuro del reparto no puede seguir esperando a un convenio que nunca llega. Es hora de construir, de forma firme y urgente, el modelo que constituya un sector fuerte y sostenible para el futuro.
