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El caso de Shenzhen o cómo una pequeña aldea pesquera se ha convertido en la incubadora tecnológica de China

Publicado: abril 29, 2026, 3:00 am

Hay ciudades que se construyen durante siglos y otras que se inventan en décadas. Shenzhen es de las segundas. Caminando por sus avenidas de ocho carriles, flanqueadas por rascacielos de cristal y jardines verticales, cuesta creer que lo que, a día de hoy, se considera la capital tecnológica de China (no son pocos los que elevan su magnitud) hace menos de medio siglo era un conjunto de aldeas pesqueras en la orilla del río Perla, donde los habitantes vivían de las redes y del cultivo del arroz.

Para entender esta metamorfosis hay que remontarse al 1 de mayo de 1980, cuando esta ciudad colindante con Hong Kong fue reconocida oficialmente como una Zona Económica Especial, la primera que se concedía en toda la República Popular China. La idea llevó el sello de Deng Xiaoping, el pragmático líder que había asumido el poder tras la muerte de Mao con el deseo de abrir una ventana al capitalismo en el flanco sur del país y ver si el experimento funcionaba antes de extenderlo.

El resultado, cuatro décadas después, es el de una ciudad donde, al caer la noche, millones de led recorren las fachadas de los rascacielos, mientras, a ras de calle, puedes contratar el ‘robotaxi’ que plataformas como Uber quieren implantar en Madrid este año, observar cómo un vecino recoge en el parque el pedido que acaba de traerle un dron, o cargar el móvil en un bolardo de piedra como si todo formase parte de un episodio de Black Mirror.

«Shenzhen está a años luz de las grandes ciudades del mundo, una ciudad limpia, verde, eficiente, tecnológica. Y esto es un poco la gran realidad de China, y este cambio de China como mercado consumidor no lo hemos sabido aún asimilar un poco desde España» menciona en declaraciones a este periódico Juan Dedeu, uno de los consultores españoles que mejor conoce China y su relación con Occidente.

Incubadora de las grandes potencias tecnológicas

Es el día a día de una urbe que ha visto surgir, en apenas una generación, a empresas que hoy compiten en la primera línea tecnológica mundial como Huawei, Tencent -la empresa detrás de WeChat-, el fabricante de drones DJI o BYD, la firma que más coches eléctricos vende del mundo. Todas ellas tienen en común que mantienen sus principales sedes corporativas en esta ciudad donde echaron sus raíces durante el primer gran ‘boom’ tecnológico que experimentó esta ciudad a finales del siglo XX y comienzos del XXI.

Hay otro lugar en Shenzhen donde se escenifica la dimensión de toda esta transformación. Ubicado en el distrito de Futian, un imponente edificio en forma de cruz alberga la Shenzhen Stock Exchange (SZSE), una de las grandes bolsas del mundo con una capitalización que ronda entre los 5.000 y 6.000 millones de euros al calor de casi 2.900 compañías, mayoritariamente jóvenes y tecnológicas que asemejan su índice al Nasdaq estadounidense. Este músculo financiero tiene un reflejo directo en la economía local: en 2025, Shenzhen alcanzó un PIB superior a los 3,87 billones de yuanes (en torno a 484.000 millones de euros al cambio), con un sector financiero que aportó más del 15%.

Huaqiangbei: el Silicon Valley del hardware

Si a Shenzhen se le conoce como el Silicon Valley del gigante asiático es por lugares como Huaqiangbei. Allí se ubica el mayor mercado de electrónica del mundo, todo un paraíso del hardware que se extiende a lo largo de numerosos centros comerciales cuyas ventas superan los 20.000 millones de yuanes (2.500 millones de euros) cada año y dan empleo a unas 130.000 personas. Considerado el mayor mercado de componentes electrónicos del mundo, este distrito funciona como un gigantesco engranaje comercial donde se puede comprar cualquier dispositivo tecnológico al por mayor, en un entorno donde conviven productos originales con imitaciones de todo tipo, algunas evidentes por su precio y otras casi indistinguibles. Allí, como en el resto de la ciudad, el negocio se respira en cada esquina.

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