Publicado: julio 8, 2026, 4:23 pm
Las olas de calor cada vez más frecuentes no son inocuas para la población al provocar cada año miles de muertes, siendo sobre todo las personas vulnerables las más afectadas por este efecto indeseado. Pero más allá de esto, que es lo que más impacta a cualquiera, también estamos viendo cómo el aumento de temperatura está provocando que reduzcamos nuestra actividad física, puesto que cuando la calle se convierte en un horno, el sedentarismo se dispara.
Está estudiado. El primer gran trabajo publicado al respecto apareció en escena en marzo de este mismo año y analizó los datos de 156 países recopilados entre el año 2000 y el 2022 para poder identificar la «frontera térmica» en la que nuestro comportamiento cambia radicalmente desde tener una buena actividad física a pasar al sedentarismo.
Con todos estos datos, el límite se situó en los 27,8ºC de temperatura media, puesto que, según el estudio, por cada mes adicional en el que en un país se supera esta temperatura media, la inactividad física a nivel global aumenta 1,5 puntos porcentuales. Y no es una simple anécdota veraniega, sino que dejar de caminar, correr, ir en bicicleta al trabajo o jugar en el parque tiene consecuencias fisiológicas directas.
De cara al futuro, las cifras son escalofriantes, puesto que si seguimos con la tendencia actual de manera inacta, la inactividad física provocada exclusivamente por el exceso de calor provocará entre 470.000 y 700.000 muertes prematuras adicionales cada año en todo el mundo. A esto se le suma el impacto económico, puesto que la menor productividad y el aumento del gasto médico supondrán pérdidas anuales de entre 2.400 y 3.680 millones de dólares.
España, por su situación geográfica y su tendencia a la desertificación, ha sido señalada como uno de los países europeos más perjudicados por este fenómeno, junto a regiones críticas como Centroamérica, el Caribe, África subsahariana y el sureste asiático.
¿Por qué? Para entender las razones que llegan a estos extremos, tenemos que fijarnos en otro estudio que analizó 74 años de datos horarios, combinando la temperatura y humendad para acuñar el concepto ‘calor limitante’. Con este término hablamos de aquellas condiciones ambientales en las que el cuerpo humano no puede realizar actividad física al aire libre sin que su temperatura central alcance niveles peligrosos.
Lo más alarmante del estudio es la velocidad a la que estamos perdiendo horas «hábiles» al año. El tiempo anual que pasamos en condiciones de «limitación grave de habitabilidad» se ha duplicado desde los años 50, y no es algo que afecte solo a los más mayores.
Nos afecta a todos. En los adultos jóvenes, de manera histórica se presentaban unas 25 horas al año de calor tan extremo que les impedía moverse con seguridad. Pero hoy esa cifra se ha disparado a las 50 horas anuales y sigue aumentando.
En el caso de los mayores de 65 años, su umbral de tolerancia es menor y han pasado de sufrir 600 horas anuales de encierro climático a más de 900 horas al año. Esto significa que pasan más del 10% del año en condiciones ambientales restrictivas.
Nos empuja al sofá. La propia OMS lleva tiempo advirtiendo que el cambio climático actúa como un «multiplicador de amenazas». Aquí tenemos el ejemplo perfecto, puesto que el calor no solo nos enferma directamente, sino que potencia otras pandemias modernas como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes al fomentar el sedentarismo.
La solución no pasa únicamente por decirle a la gente «sal a hacer deporte más temprano» o «apúntate a un gimnasio con aire acondicionado». Pasa por repensar las ciudades, ya que si las calles no tienen sombras, si los parques son planchas de cemento sin refugios climáticos, y si el urbanismo no se adapta a las nuevas temperaturas, salir a caminar dejará de ser una recomendación médica para convertirse en un deporte de riesgo durante cuatro meses al año.
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La noticia
El cambio climático tiene un efecto secundario letal que apenas estamos descubriendo: nos encierra en casa y nos impide movernos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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