Publicado: julio 14, 2026, 11:23 am
La UE afronta un problema demográfico que afecta a todo el sistema: la vivienda, el mercado laboral o las pensiones ven cómo los cambios de dinámica en las sociedades hacen que todo se vuelva más complejo. Esa es la conclusión general del informe sobre demografía publicado por la Comisión Europea este martes. «La población europea está cambiando, y las políticas de Europa deben adaptarse a ello. Vivimos más tiempo y gozamos de mejor salud que nunca, lo que constituye uno de nuestros mayores logros. Sin embargo, el cambio demográfico está transformando nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros mercados laborales, y debemos actuar ahora para convertir esta transformación en una oportunidad», avisó sobre el tema precisamente la comisaria Dubravka Suica.
España se consolida como el epicentro de la longevidad en la Unión Europea, liderando la esperanza de vida al nacer en 2025 con proyecciones que sugieren que las mujeres superarán los 90 años para finales de siglo. Sin embargo, este éxito social convive con un envejecimiento sin precedentes: la edad mediana de la población española ha escalado hasta los 46 años en 2025, lo que supone un incremento de cuatro años en apenas una década y transforma al país en una «sociedad de la longevidad» donde los mayores de 80 años ganarán un peso creciente. Ante este panorama, recoge el informe de la Comisión, el Gobierno ya despliega su Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico para tratar de adaptar los sistemas de salud y pensiones a una estructura poblacional donde la experiencia de la vejez es cada vez más extensa y diversa, reconoce Bruselas.
En el otro extremo de la pirámide, España enfrenta una crisis de natalidad crítica con una de las tasas de fertilidad más bajas del continente, situada en torno a 1,1 hijos por mujer en 2025, una cifra que se proyecta muy lejos del nivel de reemplazo incluso para el año 2100. Esta falta de relevo generacional agrava una profunda fractura territorial, donde el interior rural de la península se vacía progresivamente mientras el crecimiento se concentra de forma selectiva en las costas mediterráneas y los archipiélagos. Aunque la inmigración (con cerca de un 20% de la población nacida en el extranjero) actúa como un motor esencial para compensar la pérdida de fuerza laboral.
El impacto más inmediato, en general en todo el territorio comunitario, se da en el mercado de trabajo. La UE se enfrenta a un periodo donde el crecimiento económico ya no estará respaldado por una población en aumento. Se estima que la Unión perderá, de media, 1,2 millones de personas en edad laboral (15-64 años) cada año entre 2025 y 2050. En un escenario sin migración, esta pérdida anual podría duplicarse hasta los 2,4 millones, lo que subraya la necesidad de elevar la productividad mediante la innovación y la integración de la inteligencia artificial.
Para mitigar este vacío, en el documento la Comisión Europea enfatiza la necesidad «de activar el talento desaprovechado». Actualmente, cerca del 20% de la población en edad de trabajar en la UE permanece fuera del mercado laboral. Las políticas de la Unión se centran ahora en cerrar la brecha de empleo de género, que aún es del 10,1%, y en reintegrar a los 8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan (Ninis, en español), facilitando su acceso a una formación adecuada y a empleos de calidad, según insiste en el informe el Ejecutivo comunitrio.
La sostenibilidad de las arcas públicas es otra gran preocupación, añaden. En 2022, el gasto público relacionado con el envejecimiento -es decir, el gasto en pensiones y otras prestaciones- ya representaba el 24,4% del PIB de la UE, y se espera que esta presión aumente a medida que la generación del baby boom se jubile. La tasa de dependencia de la vejez pasará de 34 personas mayores por cada 100 trabajadores en 2025 a superar las 50 en casi la mitad de los Estados miembros para el año 2050.
Y entonces llega el otro gran melón para Europa: la crisis de la vivienda se ha convertido en una barrera insalvable para las nuevas generaciones. En 2024, el 49,1% de los jóvenes entre 18 y 34 años seguía viviendo en el hogar familiar debido a los altos precios y a la inseguridad laboral. Además, las tasas de propiedad entre los jóvenes de 25 a 35 años han caído un 16,3% desde 2007, lo que profundiza la desigualdad intergeneracional y retrasa aún más la formación de nuevas familias.
En general, la sociedad europea va a cambiar «de manera radical», avisa la Comisión. Según los últimos datos de 2025, la población alcanzó los 450,6 millones de personas, pero esta cifra marca el inicio de un declive estructural profundo. Tras décadas de crecimiento modesto pero constante, las proyecciones indican que el número de habitantes alcanzará su máximo en 2029 con 453,3 millones, para luego iniciar un descenso prolongado que situará la población en apenas 398,8 millones para el año 2100.
Este fenómeno no se debe a una sola causa, incide Bruselas, sino a una combinación de factores liderada por la caída en picado de la natalidad. En 2024, la tasa de fertilidad en la UE se situó en 1,34 hijos por mujer, una cifra que queda muy lejos del nivel de reemplazo de 2,1 necesario para mantener estable la población sin recurrir a la migración. Aunque se espera una ligera recuperación de esta tasa hacia finales de siglo, los expertos advierten que la tendencia de posponer la maternidad y las incertidumbres económicas mantendrán la natalidad en niveles históricamente bajos.
En la otra cara de la moneda se encuentra el éxito de la longevidad. Los europeos viven más y con mejor salud que nunca: en 2024, la esperanza de vida al nacer llegó a los 81,5 años. Los avances en medicina y las mejores condiciones de vida han permitido que una persona nacida en 2023 pueda esperar vivir sin enfermedades graves hasta los 75,3 años. Esta transformación hacia una «sociedad de la longevidad» abre nuevas oportunidades de negocio en la llamada economía plateada, pero también exige reformas urgentes en los sistemas públicos.
Más brecha entre territorios
Y es que la demografía también está redibujando el mapa de Europa, creando una brecha territorial cada vez mayor. Mientras que las regiones urbanas seguirán creciendo un 3,6% hasta 2050, se proyecta que las zonas rurales se contraigan un 7,9%. Casi tres cuartas partes de todas las regiones europeas perderán población, lo que pone en riesgo la prestación de servicios básicos como sanidad y transporte en áreas escasamente pobladas que caen en la «trampa del desarrollo del talento».
Esto no es un problema coyuntural, avisan desde la Comisión, sino una transformación permanente de la sociedad a la que Europa tendrá que adaptarse. «La demografía ya no es una cuestión aislada: debe formar parte de todas las decisiones políticas importantes. Al invertir en competencias, asistencia, talento, productividad y cohesión regional, podemos reforzar la competitividad, la resiliencia y el bienestar de Europa durante las próximas décadas», concluyó Suica.
