Eirene García, psicóloga: "Cambiar suele implicar alguna renuncia, aunque la decisión sea buena y la hayamos elegido" - Estados Unidos (ES)
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Eirene García, psicóloga: «Cambiar suele implicar alguna renuncia, aunque la decisión sea buena y la hayamos elegido»

Publicado: julio 17, 2026, 8:23 am

Un cambio de trabajo, una mudanza, una ruptura o incluso un ascenso. La vida está llena de momentos que obligan a dejar atrás lo conocido para adentrarse en un escenario nuevo. Y aunque a veces haga ilusión, un cambio muchas veces desestabiliza y todas tienen un elemento en común: generan incertidumbre. «Los cambios que más desestabilizan son los inesperados, indeseados y los que sentimos que no hemos elegido», explica la psicóloga Eirene García, autora de ‘Cuando nada es seguro, todo es posible‘, a 20 Minutos. Sin embargo, advierte de que también «los cambios buenos que no esperábamos, como un embarazo deseado o que te toque la lotería» pueden provocar el mismo mecanismo de alerta. ¿La razón? «El cerebro distingue entre conocido y desconocido», resume.

La incertidumbre que acompaña a estos procesos no significa que estemos tomando una mala decisión. De hecho, García recuerda que incluso cuando el cambio es voluntario suele implicar alguna renuncia. «Cambiar suele implicar alguna renuncia, aunque la decisión sea buena y la hayamos elegido. Y no siempre renunciamos a cosas malas: a veces dejamos atrás cosas que también queríamos. Alguien que deja un trabajo que le hace infeliz puede echar de menos a sus compañeros o la seguridad de una rutina conocida. Ha elegido lo que quería y, aun así, duele. Eso no significa que se haya equivocado, sino que la vida no separa lo bueno y lo malo». Así ocurre, por ejemplo, cuando alguien abandona un empleo que le hace infeliz, pero echa de menos a sus compañeros o la seguridad que le ofrecía una rutina conocida.

Aprender a vivir con cambios

Esta reacción tiene respaldo científico. La psicóloga recuerda los trabajos de Thomas Holmes y Richard Rahe, quienes demostraron que el estrés no depende de que un cambio sea positivo o negativo, sino del esfuerzo de adaptación que exige. Por eso acontecimientos tan felices como casarse o cambiar de trabajo también pueden convertirse en una fuente importante de tensión emocional. «La inseguridad tras una buena decisión no es un error: es una respuesta normal ante una nueva realidad», afirma.

¿Terminamos acostumbrándonos a vivir entre cambios? García considera que no exactamente. “Acostumbrarse del todo, no. Lo que ocurre es adaptación, que es distinto”. Se refiere a la llamada adaptación hedónica, un mecanismo psicológico que hace que, tras un tiempo, las personas tiendan a recuperar su nivel habitual de bienestar después de acontecimientos muy positivos o muy negativos. Los estudios de Brickman y Campbell mostraron que tanto quienes habían ganado la lotería como quienes habían sufrido accidentes graves terminaban, con el paso del tiempo, presentando niveles de felicidad similares a los que tenían antes de esos sucesos.

Cuando el cambio es perder a un ser querido

Sin embargo, esa capacidad de adaptación no elimina el sufrimiento ni protege frente a futuras dificultades. «Las cosas siguen doliendo, siguen costando. Lo que cambia con el trabajo personal es la capacidad de gestión y adaptabilidad”. En su opinión, las experiencias difíciles siempre dejan huella. «De la vida no se sale ilesa. Siempre hay secuelas. Lo que podemos aspirar a hacer es integrarlas para que no definan nuestra vida de ahora en adelante».

La especialista también invita a reflexionar sobre la manera en que se juzgan los tiempos del duelo. Con frecuencia, quienes rodean a una persona que atraviesa una pérdida consideran que ya debería haber pasado página, cuando cada proceso tiene un ritmo diferente. «El duelo no se juzga y no se cronometra. Cada persona lo vive como buenamente puede y lo gestiona como buenamente sabe», subraya.

Eso no significa que cualquier duelo deba prolongarse sin límites. Cuando el sufrimiento acaba afectando de forma persistente a la vida cotidiana y al funcionamiento de la persona, la ayuda psicológica resulta necesaria. Pero esa valoración corresponde a un profesional, no al entorno. Mientras tanto, García propone sustituir la presión por la escucha. «La pregunta más útil que puedes hacerle a alguien que está en un proceso de duelo no es ‘¿ya estás mejor?’, sino ‘¿qué necesitas?’. Y luego estar ahí. Sin cronómetro».

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