Publicado: octubre 15, 2026, 11:16 am
Diego Poncelet se ha convertido en el patinador más rápido del mundo. El atleta de 27 años alcanzó los 151,83 kilómetros por hora subido a una tabla de skate y logró un nuevo título oficial de Guinness World Records. Lo hizo sin motor ni pedales: solo con el impulso de la gravedad, una postura milimétricamente estudiada y el viento a favor. El descenso tuvo lugar a mediados de septiembre en la Route du Port, una carretera cerrada al tráfico en Les Éboulements, en la región canadiense de Charlevoix (Quebec), y en presencia de un juez oficial de Guinness. Son 2,2 kilómetros con una recta de 600 metros en la que la pendiente alcanza el 18 % de forma sostenida. Es el mismo tramo en el que se estableció la marca anterior, en 2017. Aquel récord, de 146,73 kilómetros por hora, pertenecía al británico Pete Connolly . Poncelet lo superó ya en su primer día de pruebas, con 146,88 km/h, pero sabía que quedaba margen de mejora. Con un viento «lejos de ser el ideal», esperó otros cinco días hasta que se dieron las condiciones perfectas y mejoró su propia marca en casi cinco kilómetros por hora. «Nunca llegué a admitir del todo que mi verdadero objetivo era alcanzar los 150; me daba miedo que no fuera posible», explicó tras la gesta. Poncelet, nacido en México y criado entre España y Suiza —hijo de madre española y padre belga—, es doble campeón del mundo de downhill, la disciplina de descenso en skate que consiste en bajar carreteras de montaña a gran velocidad. Su obsesión por la rapidez viene de lejos: antes de descubrir la tabla soñaba con ser piloto de Fórmula 1. «¿Cómo se sentirá? Ese fue el principal motor: la búsqueda de una sensación que nadie hubiera experimentado antes», relató sobre su empeño en romper la barrera de los 150 km/h. La preparación tuvo mucho de trabajo de laboratorio. Las sesiones en un túnel de viento en Ginebra le sirvieron para perfeccionar la postura y calcular cuánto tiempo podía mantenerla antes de que el esfuerzo físico le pasase factura. Trabajó para ganar masa corporal y reducir al máximo su perfil aerodinámico, mejoró la movilidad del torso y entrenó el cuello para que su cuerpo adoptase una forma parecida a la de un ala. A esa velocidad apenas puede moverse sin perder la estabilidad y la posición limita su campo de visión, por lo que se guía por la memoria del recorrido y por las líneas blancas del asfalto. La siguiente curva llega antes de que dé tiempo a reaccionar. El equipamiento también se diseñó a medida. El mono lleva tejidos con textura que ayudan a que el aire se pegue al cuerpo en lugar de despegarse y generar turbulencias, además de un spoiler en la espalda para recoger las manos. La tabla es su modelo profesional, integrada en un carenado de fibra de carbono que diseñó mediante modelado 3D el ingeniero industrial y excampeón mundial Martin Siegrist. Alrededor del atleta había un equipo de amigos, familiares y mentores. Grégoire Schab, también rider, condujo el Porsche 911 que seguía y grababa el descenso. «Seguir a Diego a estas velocidades da muchísimo miedo. Cuando te lanzas ya no hay frenada: tienes que llegar hasta el final. Es un auténtico todo o nada», explicó. El viento, el único factor fuera de control, fue analizado por el tío del patinador, Miguel Sánchez Cuenca, meteorólogo especializado en la vela de élite de la America’s Cup. El día del récord se abrió una breve ventana con viento de cola de entre 10 y 14 km/h procedente del noreste. Encontrar la carretera idónea requirió años de búsqueda: Poncelet probó trazados desde Austria hasta Irlanda, pasando por Canadá, evaluando pendiente, superficie, longitud y condiciones climáticas. «Me volví loco probando distintas carreteras, pero en un momento dado me di cuenta de que esta no podía superarse. No hay otra carretera igual en el mundo», confesó. El proyecto ha sido también un emotivo homenaje. Connolly, quien siempre creyó que los 150 km/h eran posibles y animó a Poncelet a perseguirlos en su misma carretera, falleció en 2025 a causa de un cáncer.
