Publicado: junio 19, 2026, 6:23 pm
La psicóloga de Blua de Sanitas, Diana Camín, ha avisado de que tanto la dificultad para controlar el impulso de comprar como la repetición de esta conducta junto con el malestar que forma y las consecuencias que genera con posterioridad, pueden indicar señales de Oniomanía -o trastorno de compra compulsiva-.
«La compra compulsiva, también conocida como oniomanía, suele seguir un patrón repetido. Antes de comprar aparece inquietud o un pensamiento insistente sobre el producto; durante la compra se produce un alivio inmediato y, posteriormente, surge el malestar. Esta secuencia refuerza el comportamiento, ya que la persona aprende a utilizar la compra como una forma de regular emociones difíciles», señala Camín.
Camín, asimismo, advierte que no siempre es fácil de identificar, debido a que es considerado una práctica normalizada dentro de la sociedad actual y que, de vez en cuando, es atribuida a falta de organización, un capricho o una mala gestión económica, que puede retrasar la petición de ayuda psicológica.
«Cuando la compra compulsiva se mantiene en el tiempo, el problema no se limita al gasto. Esa pérdida de control afecta a la autoestima, genera tensión en las relaciones personales y, en algunos casos, también altera el descanso, ya que la preocupación aparece después de la compra. Por ello, conviene preguntarse qué papel está teniendo esa conducta, es decir, si sirve para calmar la ansiedad, llenar un vacío o evitar una emoción difícil», añade la psicóloga de Sanitas.
En este contexto, los expertos recomiendan diferenciar necesidad y oportunidad. Antes de comprar, conviene preguntarse si el producto se habría adquirido sin descuento. Esta pausa contribuye a detectar si la decisión responde a una necesidad real o al miedo a perder una oferta.
También recomiendan identificar qué emoción aparece antes del impulso. Así, indican que la urgencia por comprar suele aparecer tras un momento de tensión, soledad o frustración. Reconocer ese desencadenante permite distinguir una compra planificada de una respuesta emocional automática.
Además, aconsejan esperar unas horas antes de finalizar una compra ‘online’, eliminar tarjetas guardadas o desactivar avisos comerciales son medidas que ayudan a recuperar margen de decisión. La pausa no elimina el problema por sí sola, pero reduce la impulsividad.
Por último, recomiendan revisar la relación con la culpa. El malestar posterior es una señal clave. Si después de comprar aparecen vergüenza, ocultación o promesas repetidas de cambio, puede haberse producido una pérdida de control que requiere atención.
«En caso de que la conducta se repita de forma frecuente y no se logre frenar el impulso, es importante consultar con un profesional de la salud mental, ya sea de manera presencial o a través de videoconsulta. Un especialista podrá evaluar la conducta y ayudar a la persona a encontrar otras formas de gestionar el malestar sin recurrir a compras que posteriormente generen culpa o malestar emocional», concluye Camín.
