Publicado: mayo 14, 2026, 12:05 am
Rafa Jódar nunca se había visto en otra parecida en una cancha de tenis, ante un ambiente tan surrealista, con helicópteros sobrevolando, sirenas sonando y la pista llena de humo. Seguro que tampoco había terminado un partido a las dos de la mañana. Pero son las insólitas condiciones que se encontró en la pista central de Roma jugándose las semifinales ante Luciano Darderi. Al español, con todo, no lo echaron los elementos, sino el desgaste y los calambres después de una épica batalla de tres horas. También un rival superlativo que no dejó de creer en busca del mismo objetivo que perseguía el español. El italiano lleva un curso sublime en arcilla: título en Santiago, final en Buenos Aires, semifinal en Marrakech. Todos torneos del escalafón inferior, pero señales de un tenis muy consistente. Y ahora, como premio, su primer acceso a la penúltima ronda en un Masters 1.000. Para ese hito aún tendrá que esperar Jódar, que desde el principio tuvo un partido muy complicado. Quién sabe si por la humedad acumulada, tal vez por la intempestiva hora de inicio, fruto del retraso provocado por la lluvia, la derecha no le funcionó al madrileño en los primeros juegos. Lo aprovechó Darderi para romper el servicio a la primera y empezar a calentar el ambiente de la pista central, poco acostumbrada a ver tenis en esos horarios. Jódar acumuló hasta diez errores no forzados en los tres primeros juegos y buscaba soluciones en las primeras miradas hacia su padre. La pista, para entonces, ya presentaba un alboroto impropio. En el Estadio Olímpico, a escasos metros del Foro Itálico, se lanzaban fuegos artificiales por la victoria del Inter en la Copa de Italia, mientras por encima de la pista se escuchaba el ruido de los helicópteros sobrevolando. No eran las mejores condiciones para mantener la concentración, pero curiosamente sentaron peor a Darderi, enfrascado también en su propia guerra con el cordaje de sus raquetas. Ninguna tensión parecía convencerlo. Jódar logró reponerse en el sexto juego, cuando recuperó la igualdad aprovechando su primera bola de ‘break’, y el partido entró en un pasaje de largos intercambios, muy igualado, hasta que se llegó al 6-5. Para entonces, el humo de la pólvora de los fuegos artificiales invadía ya por completo la pista. «No veo nada», se quejaba Darderi. Para colmo, el sistema de detección de líneas había dejado de funcionar por culpa de esa neblina. Después de un parón de cerca de veinte minutos, en el que Darderi abogaba por irse a casa y Jódar por seguir, se decidió continuar. El italiano salvó su saque y llevó la primera manga a un tie-break en el que Jódar llegó a estar con 5-2 a favor y servicio. Ahí apareció el carácter de Darderi, el mismo que salvó cuatro bolas de partido ante todo un Alexander Zverev en la anterior ronda antes de endosarle un 6-0 en el desenlace. El romano peleó cada bola hasta la extenuación y sumó los siguientes cinco puntos para ponerse por delante. Tocaba remontar, no había otra para Jódar, aunque los síntomas en el inicio del segundo parcial no fueron los mejores. Al español parecía que le faltaban las fuerzas. El ritmo de los peloteos impuesto por su rival lo tenía fundido. Con 2-0 en contra tras ceder de nuevo su saque, tuvo un primer conato de resistencia, pero desperdició un 0-40 que pareció colmar su paciencia. Aun así insistió, y no dudó en aprovechar el regalo de Darderi en el quinto juego, en el que el italiano se desconcentró tras iniciarlo con una doble falta. Hizo bien resistir el español, porque a partir de ahí fue otro. No se sabe de dónde, pero le llegaron fuerzas renovadas que compensaron el empuje de Darderi. Jódar llegó a salvar dos bolas de partido con 5-4 en contra antes de ganar los tres siguientes juegos para igualar la contienda. Para qué cambiar, debió pensar Jódar, que al igual que en las dos anteriores mangas, inició la tercera cediendo el servicio. Pero esta vez no hubo capacidad de respuesta. Con una doble falta perdió también su siguiente servicio, y al mirar el 4-0 en contra el sueño de la semifinal comenzó a desvanecerse.
