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Congelar óvulos para competir: ¿Por qué tiene que adaptarse la mujer al calendario deportivo?

Publicado: septiembre 16, 2026, 4:25 am

La Real Federación Española de Fútbol ha presentado un acuerdo con la Clínica Tambre por el que las futbolistas internacionales convocadas con la selección desde la última Nations League podrán congelar sus óvulos financiadas por la propia Federación. Es una medida pionera en el deporte español y responde a un problema real: los años de máximo rendimiento deportivo coinciden, casi siempre, con la etapa más fértil de la vida de una mujer.

Como directora del único máster en fertilidad integrativa que existe en España, quiero empezar dejando algo claro: la parte positiva de esta iniciativa es innegable. Que una institución deportiva facilite el acceso a una técnica de preservación de gametos puede dar a algunas mujeres una opción que antes no tenían y contribuir a que puedan tomar sus decisiones reproductivas con algo más de margen. Pero precisamente porque la medida es positiva, creo que debemos ser muy claros con lo que significa, porque es un titular peligroso si se entiende mal: congelar óvulos no es garantía de fertilidad ni de maternidad futura.

Vitrificar óvulos significa extraerlos y conservarlos a muy baja temperatura en un momento en que su calidad es buena, para poder usarlos más adelante. Pero ahí termina lo que la técnica realmente controla. No se congela el útero, ni el cuerpo, ni la maternidad en su conjunto. El resto del proceso sigue su curso: una mujer envejece igual, con o sin óvulos en un tanque de nitrógeno, y cuando llegue el momento de usarlos, ese óvulo, en caso de ser válido al descongelarse, tendrá que fecundarse, madurar como embrión, implantarse y dar lugar a un embarazo que dura nueve meses en un cuerpo que ya no será el mismo que cuando se congelaron los óvulos.

Los números ayudan a entender esto mejor que cualquier explicación. En España, en 2023, había más de 500.000 óvulos congelados, incluidos de donante. Casi 350.5000 ovocitos propios almacenados. Ese mismo año se descongelaron casi 12.000 de los cuales nacieron solo 456 niños por este método. No es un dato categórico, porque muchos de los óvulos previamente congelados ni siquiera han llegado a usarse, pero sí es muy significativo: no todos son viables, no todos consiguen fecundar, no todos se implantan.

Lo que quiero que la gente entienda con esta cifra es sencillo: congelar veinte óvulos no equivale a tener veinte futuros hijos en potencia. Es una posibilidad más dentro de las técnicas de reproducción asistida, no un seguro de vida reproductivo ni una garantía de fertilidad. Y esa diferencia, que parece un matiz técnico, tiene consecuencias emocionales muy graves y reales.

Cuando una mujer congela óvulos creyendo que ha resuelto su reloj biológico, y años después el tratamiento no da el resultado esperado, el golpe suele ser duro de asumir. Se vende como una solución sencilla y bonita, y no siempre lo es. Por eso insisto tanto en que la información honesta debe acompañar siempre a este tipo de decisiones, antes de que una mujer pase por el proceso, no después.

Cada cuerpo tiene sus tiempos y sus respuestas

Conviene recordar, además, de dónde viene esta técnica. La vitrificación de óvulos se desarrolló hace cuarenta años como alternativa para mujeres cuya fertilidad se veía realmente amenazada por una enfermedad, una cirugía o tratamientos médicos agresivos. No nació pensada para posponer la maternidad de forma generalizada, y ahora se está extendiendo su uso como si fuera aplicable, sin matices, a cualquier mujer que quiera ganar tiempo.

Esto es biología. El cuerpo tiene sus tiempos y sus respuestas, y se le puede intentar «engañar» con estas técnicas, pero a veces funciona y otras veces no, y eso hay que decirlo con claridad antes de generar expectativas.

Por eso creo que lo ideal, a largo plazo, sería que fuera el deporte el que se adaptara a la mujer, y no la mujer la que tuviera que adaptar su biología al calendario deportivo. Tenemos un problema social de fondo -la dificultad de compaginar una carrera profesional exigente con la maternidad en el momento biológico óptimo- y estamos intentando resolverlo con una solución médica que, por sí sola, no lo resuelve del todo.

Por eso considero que iniciativas como esta son una oportunidad y es importante que el fútbol femenino español dé este paso, pero que se haga con toda la información sobre la mesa y con un programa de salud reproductiva que abarque todos los aspectos de la mujer y su fertilidad. A una mujer hay que explicarle tanto lo que puede conseguir con la vitrificación como lo que no puede conseguir. Porque congelar óvulos puede dejar una puerta abierta para el futuro, pero nadie puede asegurar qué habrá al otro lado cuando decidamos abrirla.

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