Publicado: noviembre 2, 2026, 2:24 pm
Un equipo de investigadores de la Universidad de Northwestern (EEUU) ha desarrollado una vía para convertir unas gafas normales en un dispositivo capaz de registrar diferentes señales del cuerpo. En concreto, gracias a la energía que proporciona la acción de parpadear, mover las cejas, apretar la mandíbula o incluso los pequeños movimientos que hacemos sin darnos cuenta.
El prototipo, llamado GlassTENG, podría utilizarse en el futuro para vigilar el bruxismo, la fatiga, algunos indicadores de la salud cardiovascular, además de otros hábitos cotidianos.
El efecto triboeléctrico
Según informan desde la Universidad de Northwestern, las gafas incorporan tres sensores muy finos en la montura que funcionan mediante efecto triboeléctrico. Este fenómeno es, básicamente, la electricidad estática que aparece cuando dos materiales diferentes entran en contacto y después se separan.
Sobre dónde están colocados, uno de ellos se encuentra en el puente de la nariz, cerca de una arteria y de los músculos que rodean los ojos, para registrar el pulso, parpadeos y cejas. Otro se sitúa en la sien y detecta el pulso y los movimientos de la mandíbula. El tercero está más cerca de la oreja y sirve para identificar acciones como masticar o apretar los dientes.
En este dispositivo, las capas flexibles de los sensores se juntan y se separan cuando movemos la cara. De esta forma, un parpadeo genera una pequeña señal eléctrica que ayuda a detectar ese mismo parpadeo, al igual que ocurre al apretar la mandíbula o cuando la sangre pasa por una arteria.
Medición de energía en los sensores
Los tres juntos consumen solo 4,1 microvatios, una cantidad de energía extremadamente pequeña. Eso sí, por el momento las gafas utilizan Bluetooth para enviar los datos a un teléfono o tablet. Aunque los sensores aprovechen los movimientos de la cara para generar la energía que necesitan, el sistema completo todavía no funciona de forma independiente.
Cada gesto genera un nivel diferente de energía. Por ejemplo, el pulso resultó ser el menor, con entre 50 y 100 milivoltios. Los parpadeos y movimientos de las cejas ofrecen entre 200 y 500 milivoltios. Por su parte, los de la mandíbula son los más potentes con diferencia, llegando hasta 1,5 voltios.
Resultados en pruebas
Los investigadores probaron las gafas con 20 personas voluntarias que realizaron seis actividades: parpadear, levantar las cejas, apretar los dientes, golpearlos entre sí, comer y hablar. Un sistema de aprendizaje automático analizó las señales y consiguió distinguirlas con una precisión general del 93,8%. El choque de los dientes alcanzó un 99% y el apretón de mandíbula un 96%.
En cuanto a la frecuencia cardiaca, el error medio fue de 1,82 pulsaciones por minuto frente a una banda pectoral utilizada como referencia en 10 participantes en reposo y sentados. Las GlassTENG siguen siendo un prototipo y el siguiente objetivo de los investigadores es conseguir que parte del procesamiento se haga directamente en las gafas. Por ejemplo, podrían detectar que una persona está apretando demasiado la mandíbula y avisarle para que la relaje.
