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La desconocida grasa parda: quema energía y sorprende a los científicos por sus efectos en cuerpo y mente

Publicado: octubre 27, 2026, 9:23 am

Cuando hablamos de grasa corporal solemos pensar en algo que conviene reducir. Sin embargo, nuestro organismo alberga distintos tipos de tejido adiposo y uno de ellos despierta un enorme interés científico: la grasa parda o marrón. A diferencia de la grasa blanca, cuya principal función es almacenar energía, la grasa parda la consume para producir calor.

Una nueva investigación publicada en la revista Nature ha analizado su relación con la salud en 101.243 pacientes. El estudio, titulado “Artificial intelligence-enabled clinical phenotyping of human brown fat”, utilizó datos clínicos y herramientas de inteligencia artificial para estudiar este tejido a una escala excepcional. De los pacientes analizados, 8.897 presentaban grasa parda detectable mediante las exploraciones PET-TC utilizadas en la investigación.

Los resultados muestran que las personas con grasa parda detectable presentaban una menor prevalencia de diferentes enfermedades. Tras ajustar factores como edad, sexo, índice de masa corporal, tabaquismo o temperatura exterior, los investigadores encontraron asociaciones con menores probabilidades de padecer diabetes tipo 2, hipertensión y cardiopatía isquémica crónica, entre otros trastornos.

Además, las personas con grasa parda presentaban mejores indicadores metabólicos: menores niveles de glucosa, hemoglobina glicosilada y triglicéridos y niveles más elevados de colesterol HDL. Al cuantificar la actividad de este tejido en miles de pacientes, los investigadores observaron también que una mayor actividad de la grasa parda se asociaba progresivamente con menor prevalencia de diabetes tipo 2, enfermedad coronaria, insuficiencia cardiaca y fibrilación o aleteo auricular.

Menos posibilidades de ansiedad

Una de las sorpresas apareció al analizar la salud mental. La presencia de grasa parda se asoció con menores probabilidades de presentar trastornos de ansiedad y episodios depresivos. También se observó una asociación con menor prevalencia de trastornos del sueño. Es un resultado novedoso que amplía el interés por este tejido más allá del metabolismo y el control del peso.

Pero hay una precaución fundamental: el estudio es observacional y estas asociaciones no demuestran que la grasa parda proteja directamente frente a la diabetes, la depresión o las enfermedades cardiovasculares. Pueden existir otros factores que contribuyan a explicar las diferencias observadas.

Los científicos encontraron además una posible pista farmacológica. El uso de antagonistas de los receptores de angiotensina, medicamentos empleados contra la hipertensión, estaba relacionado con la presencia de grasa parda. En experimentos posteriores, el losartán incrementó la actividad de adipocitos pardos y el gasto energético en modelos preclínicos. Esto no significa que el fármaco deba utilizarse para aumentar la grasa parda, sino que abre una nueva vía de investigación.

El trabajo refuerza así el interés por encontrar formas de activar un tejido capaz de gastar energía en lugar de almacenarla. Por ahora, el gran hallazgo es que, en una investigación de más de 100.000 personas, la presencia y actividad de esta peculiar «grasa buena» aparecen asociadas con indicadores favorables de salud que van mucho más allá del peso corporal.

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