Publicado: octubre 25, 2026, 3:00 am
¿Cómo es posible que una milicia de Yemen, a la que ni Arabia Saudí ni Estados Unidos han conseguido neutralizar, pueda amenazar el suministro mundial de petróleo y sostener al mismo tiempo un negocio multimillonario? Los hutíes han vuelto a demostrar esta semana hasta dónde llega su capacidad de desestabilización con una ofensiva contra instalaciones petroleras y aeropuertos saudíes que ha llevado al Brent a rozar los 117 dólares por barril, su nivel más alto en más de cinco meses. Saudi Aramco, el mayor exportador mundial de crudo, ha llegado a ordenar la evacuación de su sede en Dhahran mientras crece el temor a una nueva escalada regional. Y lo inquietante para los mercados es que los ataques proceden de un grupo armado que lleva años resistiendo a algunos de los ejércitos más poderosos del mundo.
Arabia Saudí ha destinado enormes recursos a combatirlos y Estados Unidos, Reino Unido e Israel también han bombardeado sus posiciones sin conseguir acabar con su capacidad ofensiva. Los hutíes disponen de misiles balísticos, drones y armamento antibuque, pero también cuentan con una ventaja que ninguna campaña aérea ha conseguido eliminar. Controlan amplias zonas del norte de Yemen, protegidas por un terreno montañoso que dificulta las operaciones terrestres, y han extendido su presencia hacia uno de los pasos marítimos más importantes del planeta.
La amenaza marítima
Ese paso es Bab el-Mandeb, el estrecho que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y por el que transitaron 8,1 millones de barriles diarios de petróleo y derivados durante el segundo trimestre de 2026, según la Administración de Información Energética estadounidense (EIA). Su importancia ha aumentado porque Arabia Saudí necesita alternativas para exportar crudo sin atravesar el estrecho de Ormuz, afectado por la guerra con Irán. El reino dispone de un oleoducto que transporta petróleo desde sus campos orientales hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, pero esa solución también presenta vulnerabilidades.
Los ataques contra la navegación en Bab el-Mandeb contribuyeron a reducir aproximadamente a la mitad las exportaciones petroleras desde Yanbu en agosto respecto a julio, según la EIA. Los cargamentos que antes podían salir por rutas relativamente directas se enfrentan ahora a desvíos, costes adicionales y mayores riesgos para los armadores. Y esa presión alcanza también a las instalaciones terrestres, después de que los hutíes reivindicaran ataques contra objetivos de Aramco en Yanbu y el yacimiento de Shaybah, aunque algunas de esas reivindicaciones no han podido verificarse independientemente.
El impacto económico de mantener bajo amenaza ambas rutas puede ser considerable incluso sin llegar a interrumpir completamente el suministro. ING ha advertido de que el mercado está incorporando una prima de riesgo geopolítico al precio del barril, mientras los ataques y las dificultades logísticas mantienen elevados los costes de transporte. Pero esa capacidad de presionar al mayor exportador mundial de crudo plantea otra cuestión. ¿Cómo consigue sostener semejante ofensiva un grupo que lleva años sometido a bombardeos, sanciones y restricciones comerciales?
Petróleo para combatir
Parte de la respuesta está en un negocio que mueve mucho más dinero del que podría sugerir la imagen de una milicia operando desde las montañas de Yemen. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos aseguró en enero que las redes vinculadas a los hutíes generan más de 2.000 millones de dólares anuales mediante ventas ilícitas de productos petroleros. Irán desempeña un papel fundamental en ese circuito, al suministrarles combustible tanto mediante operaciones comerciales como a través de cargamentos mensuales gratuitos, según Washington.
El petróleo llega a empresas intermediarias que participan en su comercialización y en los movimientos financieros necesarios para cobrarlo. El Tesoro ha identificado sociedades en Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen que, según sus investigaciones, facilitan estas operaciones y la adquisición de materiales utilizados por el grupo. Los ingresos permiten sostener una estructura militar que ha ido incorporando armamento más sofisticado, componentes importados y capacidad de fabricación propia.
Mientras Arabia Saudí necesita proteger refinerías, puertos, aeropuertos y grandes instalaciones industriales, los hutíes pueden seguir ejerciendo presión mediante lanzamientos relativamente baratos desde posiciones dispersas. La diferencia de recursos favorece militarmente al reino, pero su exposición económica ofrece a los atacantes numerosos objetivos. Y detrás de esa estrategia aparece un interés geopolítico que va bastante más allá de las reivindicaciones territoriales en Yemen.
Según fuentes citadas por Reuters, Teherán busca que la presión sobre Arabia Saudí lleve al príncipe heredero Mohamed bin Salmán a intervenir ante Washington para conseguir un alivio del bloqueo económico estadounidense contra Irán. Los hutíes, por su parte, reclaman concesiones sobre las restricciones impuestas a Yemen, el pago de salarios y el fin de determinadas operaciones militares. El grupo niega actuar por cuenta de Teherán, aunque la coincidencia de intereses coloca al petróleo saudí en el centro de una disputa que también afecta a Estados Unidos.
La factura petrolera
La dimensión financiera de esa alianza ha quedado todavía más expuesta con las sanciones anunciadas por Washington contra un despacho jurídico con presencia en Grecia y Panamá. Las autoridades estadounidenses lo acusan de haber creado sociedades pantalla para ocultar la propiedad de petroleros utilizados en operaciones comerciales iraníes. Algunas de esas estructuras, según el Tesoro, participaron en redes que comercializaron millones de barriles en beneficio de la Fuerza Quds iraní y los hutíes. Una parte de la infraestructura económica que sostiene esta confrontación alcanza, por tanto, empresas y servicios financieros situados fuera de Oriente Medio.
Y mientras Washington intenta cortar esas fuentes de financiación, el mercado petrolero sigue mostrando hasta qué punto resulta difícil recuperar la normalidad. Los envíos de crudo desde el golfo Pérsico se han aproximado a sus niveles anteriores a la guerra, pero los precios continúan elevados. Deutsche Bank contempla un Brent de 74 dólares en 2027 si se alcanza una solución negociada y se normaliza el transporte marítimo, frente a unos 130 dólares si el conflicto regional se prolonga.
Entre tanto, una milicia que no necesita conquistar los grandes yacimientos saudíes ha conseguido que proteger las rutas por las que sale su petróleo se convierta en una tarea cada vez más cara.
