Publicado: octubre 22, 2026, 8:03 am
La longevidad es la gran tendencia de los últimos años, ya no se busca vivir más años, sino vivirlos mejor, especialmente los últimos, sin enfermedades ni problemas normalizados hasta ahora como la falta de movibilidad. En belleza esto ha supuesto una auténtica revolución, la cosmética y los tratamientos de estética ya no se orientan a borrar las arrugas, sino a preservar esa longevidad. Según la doctora Almudena Nuño , dermatóloga del GEDET, «el concepto de longevidad cutánea no debería perseguir que una piel parezca más joven de lo que es, sino que conserve durante más tiempo su estructura, su función y su capacidad de reparación. Una piel longeva no es necesariamente una piel sin arrugas: es una piel sana, resistente y capaz de acompañarnos durante muchos años». La experta hace hincapié en la necesidad de cuidarse por fuera y por dentro , ya que ambos aspectos tienen repercusión tanto en el interior del organismo, como en el exterior, la piel. Uno de los cambios más importantes en el sector de la belleza ha sido el paso del antiaging a lo que se ha llamado ‘wellaging’ y que según Nuño consiste en «dejar de corregir constantemente aquello que no nos gusta e intentar preservar aquello que tenemos. No se trata de luchar contra el paso del tiempo , sino de conseguir que nuestra piel envejezca de la mejor manera posible. Y esto implica personalizar mucho más los tratamientos. No todas las pieles necesitan lo mismo ni debemos tratar una piel de 40 años como si tuviera que parecer una de 25. Además la prevención ocupa un lugar clave en esto». La doctora Inés Escandell sostiene que precisamente en eso se basa la longevidad, en la prevención. «Lo que pretendemos es evitar que se produzca un daño que reduzca la salud de nuestra piel, y por ello desde los primeros años debemos cuidar a los niños para evitar que reciban una radiación solar excesiva, tengan unos hábitos saludables y una vida activa y con lazos sociales seguros y duraderos. Desde la juventud precoz es importante adoptar hábitos de cuidado de la piel básicos, como la limpieza o la protección solar, y a medida que nuestra piel va mostrando los efectos del paso del tiempo, podemos añadir tratamientos más o menos complejos enfocados a mantener la salud, como fuentes de luz y cosméticos antioxidantes y transformadores. Pero por supuesto, manteniendo unos hábitos saludables ». El envejecimiento de la piel es fruto de diversos factores, además de la genética. En los últimos años los expertos hablan de que el exposoma (factores no genéticos a los que una persona está sometida desde su nacimiento) es el principal responsable, y así lo mantiene la doctora Escandell: «la exposición a la radiación solar es el más relevante para la aceleración del envejecimiento cutáneo, pero hay otros muy importantes, como la contaminación, el consumo de alimentos ultraprocesados, una dieta baja en alimentos frescos, el consumo de tabaco, de alcohol y el sedentarismo». Además de llevar un estilo de vida saludable, si se busca la longevidad cutánea, hay que cuidar la piel a diario, con una sencilla rutina como explica Inés Escandell: « limpieza , sabemos que la exposición de la piel a factores como contaminación y exposición solar acelera el envejecimiento; protección solar , y no solo se consigue con fotoprotectores tópicos, sino también con prendas de vestir y sombra; cosméticos enfocados a revertir el daño que se produce diariamente por el daño solar y del exposoma, y estos serían los antioxidantes ( vitamina C , niacinamida, ácido ferúlico…) y los transformadores (ácidos como el glicólico y retinoides tópidos) para estimular la renovación y la síntesis de colágeno». Además, la doctora Nuño añade «la tolerancia . Una rutina sofisticada que irrita la piel y no seamos capaces de mantener en el tiempo no es una buena rutina de longevidad. La constancia es mucho más importante que tener diez productos en el cuarto de baño». No hay ningún tratamiento estrella para preservar la longevidad cutánea, la clave está en la personalización y la combinación de protocolos. En este sentido cada vez se habla más de la medicina estética regenerativa, y de tratamientos que buscan mejorar la calidad de la piel, más que borrar una arruga. La doctora Escandell señala, junto a la prevención, los tratamientos más clásicos ( microneedling o peelings ) y los más modernos, aquellos con fuentes de luz como láseres (IPL, Co2), radiofrecuencia o ultrasonidos focalizados. «Todos estos tratamientos han supuesto un gran cambio en la reparación tisular y el mantenimiento de la salud cutánea a largo plazo», concluye. Almudena Nuño se enfoca en la medicina regenerativa. «Intenta trabajar sobre la biología del tejido y no únicamente sobre su apariencia; el objetivo es conseguir una piel con mayor calidad, densidad y capacidad funcional. Pero debemos ser rigurosos: que un tratamiento sea novedoso o se presente como regenerativo no significa automáticamente que tengamos evidencia de que vaya a prolongar la longevidad cutánea. Necesitamos estudios que nos permitan conocer no solo el resultado estético inmediato, sino qué ocurre con el tejido a largo plazo».
