Publicado: octubre 12, 2026, 3:00 am
La convocatoria de huelga general para el próximo 11 de noviembre, la primera en la que participarán UGT y CCOO desde el año 2012, coincide con el mayor momento de conflictividad laboral de los últimos años. Los paros de 24 horas para protestar por el difícil acceso a la vivienda y los salarios convertirán, con toda probabilidad, a 2026 en el año con más trabajadores que han participado en huelgas al menos desde 2012. Y si la movilización es respaldada masivamente, el hito podría ampliarse hasta incluso antes del pinchazo de la burbuja inmobiliaria.
Y es que las protestas en el ámbito de la educación, la sanidad o la industria manufacturera que se han sucedido este año han disparado la afluencia a las huelgas ordinarias -es decir, las sectoriales y de empresa- a cifras sin precedentes al menos desde el año 2009.
En lo que llevamos de 2026, un total de 502.536 afiliados a la Seguridad Social han secundado paros ordinarios. Una cifra que alcanza los 579.000 si se incluyen también las huelgas generales (este año 76.280 personas participaron en una en el País Vasco para exigir un salario mínimo de 1.500 euros al mes). En términos de jornadas perdidas supusieron 1,2 millones de días no trabajados. Las cifras hay que tomarlas con cautela, porque el seguimiento de los paros no es fácil de hacer. Las empresas no están obligadas a notificar a la autoridad laboral estas situaciones, aunque la estadística que elabora el Ministerio de Trabajo complementa esa información con encuestas y consultas a sindicatos y patronal.
Para encontrar una cifra superior de participación, habría que remontarse a hace 17 años, cuando se registraron más de 650.000 participaciones en huelgas ordinarias. Un año en el que los paros en la metalurgia viguesa, en el sector agrario o en la construcción andaluza fueron seguidos masivamente, cuando el país apenas empezaba a hundirse en una gravísima crisis económica.
Sin embargo, durante los años de la crisis, la conflictividad laboral ordinaria no llegó a alcanzar las cotas de antes de la burbuja. La brutal destrucción de empleo que se produjo -la tasa de paro llegó a alcanzar el 27%- o la pérdida de confianza en los sindicatos son dos factores que podrían explicar lo sucedido aquellos años. Unos niveles de conflictividad que se mantuvieron reducidos también durante la recuperación económica y tras la pandemia.
En 2026, con el empleo en máximos históricos y la tasa de desempleo en mínimos de antes de la crisis, las huelgas en la educación, sanidad y la industria manufacturera son las que están detrás del subidón en la conflictividad laboral. Estos tres sectores suponían, hasta agosto, el 77% de los trabajadores que pararon su actividad como protesta.
En el sector educativo, destacan las huelgas en Cataluña, Comunidad Valenciana y Aragón -a las que se sumará Madrid este miércoles-, mientras que en el sanitario el protagonista son los paros de los médicos en protesta por el nuevo Estatuto Marco propuesto por el Gobierno. A ellos, hay que añadir los paros en la industria manufacturera, donde destacan los conflictos en la metalurgia gallega o los paros en Airbus.
Una retrospectiva de las huelgas generales
La huelga general convocada para el próximo 11 de noviembre se medirá en el contexto de los grandes paros convocados durante la democracia. Protestas masivas que han ido perdiendo fuelle en los últimos años. Los datos retrospectivos que recopila la OIT, que beben de los anuarios estadísticos del Ministerio de Trabajo, muestran que los años con mayor conflictividad laboral de la historia reciente del país fueron los de la Transición. Entre 1976 y 1980 el número de participantes en huelgas de todo cuño superó los dos millones cada año.
En la historia reciente de España hay cinco años que destacan por encima del resto. El primero de ellos fue 1979, ejercicio en el que hasta 5,7 millones de trabajadores participaron en huelgas de todo cuño. Pero el año que más ocupados ha movilizado en la historia reciente fue 1988, cuando se produjo una gran huelga general contra la reforma laboral de Felipe González que paralizó el país.
La conflictividad laboral llegó en cifras elevadas a comienzos de los años noventa, con dos ejercicios donde las movilizaciones superaron los cinco millones de trabajadores: 1992 y 1994. En ambos se convocaron sendas huelgas generales contra las políticas laborales de Felipe González, que tuvieron importante seguimiento.
Ya en el siglo XXI, el año 2002 fue el ejercicio con mayor cantidad de trabajadores involucrados en movilizaciones. La huelga general contra el conocido como ‘decretazo’ del gobierno popular de José María Aznar y otras protestas sacaron a la calle a 4,5 millones de trabajadores, una cifra que nunca jamás se ha vuelto a repetir.
El último precedente de una gran huelga general convocada por los dos principales sindicatos del país lo encontramos en el año 2012. Aquella vez se convocaron dos paros generales que tuvieron un seguimiento acumulado de 1,3 millones de trabajadores, a los que habría que añadir otros 200.000 en huelgas ordinarias.
Después de esa fecha, solo ha habido paros generales con seguimiento relevante en 2018 y 2019, los dos primeros años que se convocaron huelgas de mujeres en el marco del 8 de marzo. Los paros que se celebraron ese ejercicio y en 2019 movilizaron a 364.000 y 337.000 mujeres, respectivamente, cada año, según la estadística del Ministerio de Trabajo. Un seguimiento que se ha ido desinflando en los últimos años.
