Publicado: septiembre 21, 2026, 4:25 pm
Un equipo de investigadores ha detectado niveles elevados de una proteína llamada meprin-B en el cerebro y en el líquido cefalorraquídeo de personas con alzhéimer. El estudio ha estado liderado por el Instituto de Neurociencias (IN), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH).
La investigación, publicado en la revista Alzheimer’s Research & Therapy, señala que este aumento se produce «especialmente» en la forma activa de la proteína y apunta a que podría estar relacionado con la acumulación de beta-amiloide, una de las principales alteraciones características del alzhéimer.
El alzhéimer se caracteriza, entre otros cambios, por la acumulación de beta-amiloide en el cerebro. Este péptido se genera cuando la proteína precursora del amiloide (APP) es procesada por diferentes enzimas como BACE1. Sin embargo, existen otras capaces de actuar como las denominadas B-secretasas, entre las que se encuentra meprin-B.
«Hasta ahora, gran parte de la atención se ha centrado en BACE1 como B-secretasa relevante en la enfermedad de Alzheimer», ha señalado el investigador principal del estudio que lidera el grupo, Javier Sáez Valero. Además, ha incidido en que su trabajo muestra que existe «otra proteína, meprin-B, cuya forma activa aumenta en el cerebro y en el líquido cefalorraquídeo de personas con esta enfermedad».
Análisis
En este contexto, la UA ha explicado que meprin-B es una enzima que puede encontrarse en «diferentes formas». Para estudiar qué ocurre durante el alzhéimer, los investigadores analizaron por separado su forma inmadura, todavía inactiva, y su forma madura y activa. Así, el equipo estudió muestras de corteza frontal de pacientes con distintos grados de la enfermedad y las comparó con muestras de personas sin alzhéimer. Estas se clasificaron según una escala utilizada para describir la progresión de la patología en el cerebro.
De esta forma, los resultados mostraron que la forma activa de meprin-B «aumenta en las fases más avanzadas de la enfermedad, correspondientes a los estadios más avanzados de la escala», mientras que «este incremento no se observaba en las fases iniciales». Además, los investigadores detectaron un aumento del ARN mensajero de MEP1B, el gen que contiene las instrucciones para producir esta proteína, en estadios intermedios y avanzados.
El grupo también analizó muestras de líquido cefalorraquídeo y detectó un aumento de la forma activa de meprin-B en las personas con alzhéimer. De acuerdo con el CSIC, este resultado es «especialmente relevante», ya que el líquido cefalorraquídeo se obtiene mediante una punción lumbar y permite analizar moléculas relacionadas con los procesos que tienen lugar en el sistema nervioso.
«Encontrar un aumento de la forma activa de meprin-B en el líquido cefalorraquídeo nos plantea nuevas preguntas sobre su relación con los cambios que se producen durante la enfermedad y sobre su posible utilidad como indicador», explica Sáez Valero.
De otro lado, para estudiar si el aumento de meprin-B podía estar relacionado con la acumulación de beta-amiloide, el equipo analizó el líquido cefalorraquídeo de ratas transgénicas que desarrollan una patología asociada a la acumulación de beta-amiloide. En estos animales también observaron un aumento de la forma activa de meprin-B.
A continuación, utilizaron neuronas humanas obtenidas a partir de células madre pluripotentes inducidas (iPSC), que permiten generar neuronas en el laboratorio y estudiar su respuesta ante diferentes condiciones. Al exponer estas células al beta-amiloide AB42, los investigadores observaron un aumento «significativo» de meprin-B.
El primer autor del estudio, Sergio Escamilla, ha apuntado que cuando se someten neuronas humanas a beta-amiloide, también se observa un aumento de meprin-B. «Esto nos proporciona una conexión experimental entre uno de los elementos característicos del alzhéimer y la alteración que hemos encontrado en las muestras de pacientes», ha apostillado.
En este sentido, el conjunto de resultados apunta a «una posible relación entre la acumulación de beta-amiloide y el aumento de meprin-B», de acuerdo con el CSIC. Asimismo, los autores han planteado que esta proteína podría participar en los procesos relacionados con el procesamiento de la proteína precursora del amiloide (APP), aunque han incidido en que serán necesarios nuevos estudios para determinar su posible utilidad como indicador de la enfermedad.
El trabajo ha contado con la participación de investigadores del Centro Médico Universitario de Mainz (Alemania), la Universidad de Barcelona, y la Universidad de Gotemburgo (Suecia). El equipo de Javier Sáez Valero forma parte también del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (Ciberned) y del Instituto de Investigación Sanitaria y Biomédica de Alicante (Isabial).
Además, ha sido posible con la financiación del Fondo de Investigaciones Sanitarias (FIS); el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder) de la Unión Europea (UE); la red Ciberned del Instituto de Salud Carlos III; el programa Ciaico de la Direcció General de Ciència i Investigació de la Generalitat Valenciana; el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y el Programa Severo Ochoa para Centros de Excelencia.
