Publicado: septiembre 21, 2026, 2:25 pm
Hay días en los que sentimos una conexión enorme con nuestra pareja y tenemos claro que queremos seguir construyendo una vida a su lado pero también puede ocurrir justo lo contrario: de repente necesitamos más espacio, nos sentimos menos conectados o aparecen emociones incómodas que nos llevan a preguntarnos si realmente seguimos enamorados. «¿Ya no le quiero?» puede convertirse entonces en una pregunta difícil de sacar de la cabeza.
Pero tener dudas puntuales no significa necesariamente que el amor se haya terminado. Las emociones cambian y, con ellas, también puede cambiar temporalmente nuestra percepción de la relación. Montse Cazcarra, psicóloga, explica en redes sociales que «es normal que haya días en los que sintamos más deseo de cercanía y conexión, y mayor seguridad en torno a nuestra voluntad de construir con nuestra pareja; y otros, en cambio, en los que puedan aparecer emociones incómodas, menor necesidad de conexión o mayor necesidad de distancia y que todo lo anterior nos confunda y se traduzca en un ‘no sé si le quiero'».
El estrés también puede cambiar cómo vemos a nuestra pareja
Una de las claves está en entender que nuestras emociones no son estáticas y que cambian en función de cómo hemos pasado el día, si lo que ha dicho o hecho la otra persona nos ha podido molestar… «Nuestras emociones no son estáticas, fluctúan: el estrés, el cansancio, la ansiedad o emociones incómodas resultado de una discusión cambian cómo percibimos la relación y, también, a nuestra pareja. Ese cambio de percepción puede ser temporal: su duración puede quedar acotada a la ‘vida’ de esas emociones», señala la psicóloga.
Por eso, sentir menos conexión después de una discusión o durante una época de mucho estrés no tiene por qué significar que nuestros sentimientos hayan desaparecido. La situación puede ser diferente cuando los conflictos forman parte constante de la relación. «En cambio, si los conflictos son constantes y, por lo tanto, conectamos constantemente con enfado, rabia, injusticia… la imagen de la relación puede mantenerse en el tiempo», advierte Cazcarra.
Otra fuente de confusión puede ser la necesidad de espacio. No todos los días buscamos el mismo grado de cercanía con nuestra pareja y querer estar solos en determinados momentos no equivale necesariamente a querer menos a la otra persona.
«La necesidad de cercanía varía: no siempre necesitamos la misma cercanía; hay días que necesitamos más sostén o más regulación; hay días que deseamos mayor conexión; o, por el contrario, que necesitamos conectar con nosotros/as mismos/as y requerimos de mayor distancia», explica la experta, que añade una idea importante: «Desear mayor distancia o no buscar activamente tanta cercanía no significa necesariamente que no queramos a nuestra pareja; puede hablarnos, por ejemplo, de cómo nos regulamos».
El enamoramiento tampoco dura para siempre
Parte del problema puede estar en esperar que una relación mantenga permanentemente la intensidad de sus comienzos. La etapa de enamoramiento cambia con el tiempo y no es realista esperar sentir la misma emoción todos los días. «El estado de enamoramiento no es permanente: no podemos esperar sentir la misma chispa, intensidad, fuegos artificiales todos los días», recuerda Montse Cazcarra.
¿Y si la duda sí significa que algo no va bien?
Que una duda sea normal no significa que haya que ignorarla. En ocasiones puede ser una señal de que existe un problema en la relación, pero también puede funcionar como un síntoma de nuestra propia necesidad de encontrar certezas. «La duda puede ser una señal de que, en efecto, algo no va bien; pero también podemos verla como un síntoma: quizá tratamos de buscar certezas absolutas en algo que es abstracto y cambiante; quizá necesitamos hacer comprobaciones de lo que sentimos como estrategia reguladora; quizá detrás de la duda hay un boicot».
Por eso, en lugar de analizar únicamente cómo nos sentimos en un día concreto, puede ser más útil ampliar la mirada. «¿Cómo me siento hoy en la relación?», puede ser una pregunta válida, pero no necesariamente suficiente. Por tanto, la psicóloga plantea otras cuestiones que pueden ayudar a observar la relación con más perspectiva: «¿Cómo me siento con esta relación, en general? ¿Hay respeto, seguridad y disposición mutua para cuidar el vínculo? ¿Hay calma, previsibilidad, consistencia?».
