Publicado: septiembre 21, 2026, 3:00 am
Dar la paga es una de las formas más habituales de introducir a los niños en el mundo de las finanzas. Normalmente suele ser su primer ingreso recurrente y egún la Encuesta Funcas 2024 sobre Cultura y Educación Financieras, el 57% de los padres con hijos en la ESO les da una asignación periódica, con una media de 14,5 euros a la semana. El principal objetivo es que aprendan a manejar y valorar el dinero.
El último informe PISA sobre competencia financiera refleja también lo extendida que está esta práctica. En España, el 64% de los estudiantes de 15 años había recibido la paga sin tener que realizar tareas en casa. Además, un 78% de los niños puede decidir libremente en qué gastarlo.
La cuestión aquí es doble: por un lado cómo hacerles llegar el dinero que necesitan gestionar para aprender sobre finanzas y, por otro, cómo usarlo. Entre los expertos consultados hay quienes defienden la paga como una herramienta para practicar y equivocarse con cantidades pequeñas y quienes prefieren que los hijos tengan que ganarse ese dinero.
¿Dar paga o hacer que se ganen el dinero?
Estas son las dos principales opciones que plantean los expertos. Amalia Guerrero, empresaria, asesora y divulgadora financiera, la paga funciona como una herramienta de aprendizaje. “Si queremos que aprendan a gestionar el dinero, tenemos que darles dinero”, explica. Su planteamiento es que puedan tomar decisiones y equivocarse cuando las cantidades todavía son pequeñas: “Prefiero que se equivoquen ahora con 10 euros y aprendan, a que la primera vez sea cuando cobren una nómina”.
Mapi Amela, fundadora de Ahorradoras e Inversoras, y Luis Pita, fundador de Preahorro.com, parten de una idea distinta. Ambos prefieren que los hijos aprendan que el dinero también se genera. Mapi no da una paga fija «porque no me gusta dar el dinero por nada». Prefiere que su hija aprenda a gestionar el dinero que recibe en momentos puntuales, como cumpleaños, Navidad o Reyes. Una parte puede utilizarla para algún capricho y otra la destina al ahorro y la inversión. A medida que crece, Mapi introduce además otra vía: ganar su propio dinero con trabajos remunerados, de forma que también aprenda que puede generar ingresos y no solo administrarlos.
Luis Pita sigue una línea similar. En su caso, llegó a montar con su hijo un pequeño huerto de tomates que después compraba la familia. El objetivo era reunir dinero para un telescopio. De esta forma, además de administrarlo, el niño aprende que puede buscar fórmulas para generar el dinero que necesita para conseguir sus objetivos «y nosotros, como familia, comemos tomates mejores», comenta.
Si das paga, que sustituya gastos que ya pagabas tú
Para que la paga funcione como herramienta de aprendizaje, no debería convertirse simplemente en dinero extra. Amalia Guerrero propone que parte de los gastos que hasta entonces asumían los padres pasen a depender del niño. Pueden ser las chucherías del fin de semana, los cromos, una salida o incluso el cine. La clave es que esté todo adaptado a su edad.
Con esta fórmula las decisiones que tome tendrán consecuencias. Si, por ejemplo, se gasta antes el dinero destinado al cine, no se repone la paga ni se cancela el plan familiar: el resto puede ir y él tendrá que quedarse sin esa actividad. Así aprende que el dinero es limitado y que gastar en una cosa implica renunciar a otra.
Amalia insiste precisamente en no aumentar la cantidad cada vez que el niño se queda sin dinero, porque entonces desaparece buena parte del aprendizaje. La idea es que empiece a decidir en qué quiere gastar ahora, cuánto quiere guardar y qué gastos prefiere posponer.
Cuándo empezar y cuánto dinero dar
Amalia Guerrero cree que se puede empezar a dar la paga en torno a los 6 o 7 años, cuando el niño ya sepa hacer cálculos sencillos y entender que el dinero se acaba. Al principio recomienda una cantidad pequeña de forma semanal para que el periodo entre una paga y otra no sea demasiado largo. Luis Pita coincide, aunque introduce un matiz: si va a recibir la paga sin hacer nada a cambio, prefiere retrasar ese momento.
Tampoco hay una cantidad válida para todas las familias. Tanto Amalia como Luis coinciden en que debe depender de la edad, las necesidades del niño y los gastos que vaya a asumir. Y si hay dudas entre dos cantidades, mejor empezar por la más baja, porque siempre habrá tiempo de subirla después.
Mapi Amela añade otra recomendación para los más pequeños: empezar con monedas o dinero físico, para que puedan ver cómo aumenta cuando ahorran y disminuye cuando gastan. Más adelante llegará el momento de pasar a una cuenta bancaria y al dinero digital.
La importancia de ahorrar con un objetivo
Una de las claves para que los pequeños ahorren es que tengan un objetivo claro que no puedan comprar solo con una paga. Así aprenden a pensar a largo plazo y a priorizar. En otras palabras, escoger en qué gastar su dinero. Luis Pita recomienda que, al principio, los padres les ayuden a fijar esas primeras metas y que sean fáciles de alcanzar, para que no pierdan el interés. Por ejemplo, un niño de 6 años no debería tardar más de uno o dos meses en alcanzar esa meta.
Si tiene objetivos más caros que no se pueden conseguir en ese tiempo, se pueden proponer varias metas. Después pueden utilizar botes transparentes para cada objetivo, de forma que el niño vea cómo se acerca poco a poco a la cantidad que necesita.
Si tiene objetivos más caros que no se pueden conseguir en ese tiempo, se pueden proponer varias metas. Después pueden utilizar botes transparentes para cada objetivo, de forma que el niño vea cómo se acerca poco a poco a la cantidad que necesita.
Mapi Amela aplica una idea parecida con el dinero que su hija recibe en cumpleaños o Navidad: una parte puede gastarse y otra se reserva para el futuro. Así aprende que no todo el dinero disponible tiene que consumirse inmediatamente. Amalia Guerrero también destaca este aprendizaje: si el niño quiere algo que cuesta más de lo que tiene, tendrá que esperar y ahorrar hasta poder pagarlo.
Qué hacer si quieren más dinero
Que la paga se quede corta también puede convertirse en parte del aprendizaje. Amalia Guerrero recomienda que, si quieren más dinero, tengan que justificar para qué lo necesitan y cuánto. Esto les obliga a revisar sus gastos y les sirve para aprender a negociar, igual que harán más adelante cuando quieran pedir una subida de sueldo.
Otra opción es que busquen formas de ganar ese dinero adicional. Puede ser mediante trabajos puntuales o con pequeños retos en los que tengan margen para gestionar un presupuesto. Por ejemplo, se les puede dar una cantidad para comprar una cena y dejarles quedarse con lo que sobre. Así practican con dinero real y descubren que sus decisiones pueden ayudarles a conseguir más margen para otros objetivos.
En realidad, esta segunda opción es muy parecida a la de no dar paga y hacer que se la ganen. De hecho, ambos modelos son compatibles. La paga es una forma más cómoda y sencilla de que tengan un dinero para gestionar, pero solo funciona si hay una serie de reglas.
Mientras, hacer que se ganen ese dinero tiene la ventaja de que aprenden a generar sus propios ingresos y «entienden que las cosas cuestan, que hay un esfuerzo detrás», explica Mapi Amela. Además, eso puede ayudarles a valorar mejor lo que compran, especialmente aquello que no necesitan, y a desarrollar una mayor conciencia financiera. “Quiero fomentar un consumo responsable”, explica, para evitar que normalicen gastar dinero que no tienen o recurrir al endeudamiento para consumir.
