Publicado: septiembre 18, 2026, 4:24 pm
<![CDATA[
Para un negocio pequeño, contratar a un diseñador no siempre entra en el presupuesto. En ese escenario, herramientas como ChatGPT ofrecen una alternativa para crear imágenes de promociones , paquetes especiales y publicaciones para redes sociales. Es el caso de Jonatán García, dueño de un negocio de alitas y hamburguesas en la alcaldía Benito Juárez, en la Ciudad de México, quien recurre a ChatGPT para crear parte del contenido visual de su establecimiento. Algunas veces toma fotografías de sus propios productos y utiliza inteligencia artificial para mejorarlas; otras, le pide a la herramienta que genere una imagen desde cero. “Uso ChatGPT porque no me puedo dar el lujo de pagar un diseñador”, explica. Antes de recurrir a la inteligencia artificial, García resolvía las imágenes con plantillas de Canva , fotografías propias y herramientas de Instagram. Durante una temporada también contó con la ayuda de un sobrino que trabaja como diseñador. Sin embargo, la solución no resultaba rentable para ninguna de las dos partes, su sobrino lo apoyaba como un favor familiar y el empresario le daba alrededor de 500 pesos cuando necesitaba algún trabajo.
El ahorro no siempre está en el dinero
Hace alrededor de dos años, García quiso cambiar la imagen de su local. Una cotización externa rondaba los 25,000 pesos , mientras que su sobrino realizó el trabajo por 2,000. Para un comercio local, dice, pagar la cifra completa no siempre es viable, dice. Hoy, de vez en cuando todavía recurre a él, pero no para crear contenido para redes sociales, sino para diseñar menús, carteles o banners que imprime y coloca afuera del negocio. En estos casos necesita que los materiales tengan medidas específicas y la calidad suficiente para impresión. Incluso intentó hacer uno de los carteles por su cuenta, pero la imagen se pixeló, por lo que prefiere dejar este tipo de trabajos en manos de un profesional. “Creo que para lo que mi local necesita día a día no hace falta un diseñador. Yo lo puedo resolver con IA, queda rápido y no desembolso en ello”, agrega García. Eduardo Garrido tiene tres negocios: una birriería, una barbería y un taller de hojalatería y pintura. Aunque cuenta con conocimientos de diseño gráfico, dice que no tiene tiempo para sentarse a desarrollar la identidad visual de cada uno. Por eso decidió utilizar inteligencia artificial para crear logotipos, lonas y publicaciones para redes sociales. Menciona que Gemini y ChatGPT son las que más utiliza porque son las que le ofrecen los resultados que más le gustan. “No decidí contratar a un diseñador gráfico, pese a que tengo amigos que se dedican a ello, porque me parece un gasto innecesario para las necesidades y tamaño de mis negocios”, explica. Garrido no calcula cuánto dinero se ahorra al utilizar IA porque nunca ha pagado a un diseñador para realizar estos trabajos. Lo que sí identifica es un ahorro de tiempo y de gestión, pues evita el proceso de explicar lo que quiere, revisar propuestas y esperar correcciones. “Lo que sé que ahorro es el ir y venir con un diseñador diciéndole qué me gusta y qué no y esperando correcciones. Con la IA es rápido y no necesito más”, señala en entrevista. Garrido agrega que si sus negocios crecieran y necesitaran diseños más especializados, consideraría contratar a un diseñador. Por ahora, cree que las herramientas de IA cubren las necesidades de establecimientos de su tamaño. El caso de Sol Pérez es distinto, ella es diseñadora de formación y se dedica a la venta de productos de belleza de Jafra. Para ampliar su alcance, también comercializa sus productos por internet y utiliza ChatGPT como parte de la creación de contenido visual. En su caso, el ahorro no está en evitar el sueldo de un diseñador, porque ella misma cuenta con esa formación. La inteligencia artificial le permite reducir el tiempo que dedica a cada pieza, utiliza la herramienta para intervenir fondos y la iluminación de sus fotografías y después realiza algunos retoques en Photoshop.
El ahorro frente a la confianza
“Más que ahorrar en dinero, lo que yo ahorro es tiempo porque al final nunca le tuve que pagar un sueldo a un diseñador porque yo soy diseñadora. Pero en tiempo sí es significativo. Antes yo podía llevarme todo el día entre las fotos y en un posteo, pero ahora puedo hacer unos tres o cuatro, dependiendo de qué tanta mano les meta en Photoshop. Y creo que si no los corrigiera yo, el límite ya sería la imaginación”, cuenta. María Luisa, quien tiene una nevería, también utiliza inteligencia artificial, aunque con un alcance más limitado. Dice que no es particularmente aficionada a este tipo de tecnología, pero considera que su uso se vuelve necesario para mantenerse al día. Ella misma diseñó el logotipo de su negocio y recurre a la IA para mejorar algunos de sus diseños. También la utiliza para resolver dudas relacionadas con su negocio, como la creación de nuevos sabores de nieves y helados o para encontrar y validar nombres para estos productos. “Pero sí es una herramienta de mucho apoyo. Nos facilita el trabajo”, señala. El uso de la IA, sin embargo, también le genera una preocupación. Considera que depender demasiado de estas herramientas puede hacer que las personas dejen de desarrollar sus propias ideas o de buscar soluciones por cuenta propia. Estos casos muestran que el ahorro asociado no tiene una sola forma. Para García puede representar una alternativa frente al costo de contratar servicios de diseño; para Garrido, evitar un gasto que, en su opinión, es innecesario para sus negocios; para Pérez, reducir horas de trabajo en tareas que ya sabe realizar, y para María Luisa, agilizar tareas como mejorar sus propios diseños, buscar nombres para nuevos productos o resolver dudas sobre su negocio. Pero producir imágenes y otros contenidos de forma más rápida y barata también plantea otra pregunta: ¿qué pasa cuando todos tienen acceso a las mismas herramientas? Una investigación de Getty Images señala que 66% de los consumidores prefiere imágenes reales y sin editar en la publicidad porque no quiere sentirse engañado. En compras por internet, 68% afirma que necesita fotografías reales y sin modificaciones antes de tomar una decisión. El mismo estudio apunta que cuando los consumidores identifican imágenes generadas o modificadas con IA, una empresa puede perder cerca de 47% de sus clientes potenciales. El mayor descenso ocurre en la etapa de descubrimiento del producto o servicio, cuando una primera impresión puede bastar para que una persona descarte una marca. Samuel Malave, gerente de Creative Insights de Getty Images, apunta que el reto no consiste únicamente en decidir si una empresa utiliza IA, también importa la forma en que la emplea. El especialista reconoce que las compañías enfrentan presión para vender y hacer más con menos recursos. La IA responde a esa necesidad porque permite producir imágenes en poco tiempo; sin embargo, cuando muchas empresas utilizan las mismas herramientas, sus contenidos pueden adquirir una apariencia similar. Jonatán García reconoce que ese problema ya forma parte de su experiencia. “Siendo honesto, sí me doy cuenta que el contenido que le pido a ChatGPT se ve similar al de otros negocios. No estoy seguro de cómo pedirle a la IA que lo haga diferente (…) Yo le coloco el logo de mi local y creo que con eso se diferencia”, explica.
Los diseñadores no dejan fuera a la IA
Para algunos consumidores, sin embargo, que una imagen tenga intervención de IA no significa por sí mismo que la rechacen. Stylitics, una empresa de tecnología enfocada en retail y comercio electrónico, realizó una encuesta con 411 compradores para conocer su reacción ante imágenes de productos generadas con IA. El estudio encontró que 71% no distinguió entre imágenes reales y generadas con esta tecnología o percibió diferencias pequeñas. Además, 60% reaccionó de manera positiva o neutral cuando supo que una imagen tenía origen artificial. El análisis también encontró que 59% de los compradores quería que las marcas informaran cuando una imagen utilizaba IA. El trabajo muestra que el consumidor no necesariamente rechaza una imagen solo porque una inteligencia artificial participó en su creación. También evalúa si la imagen representa de manera fiel lo que encontrará después de pagar. Aunque el discurso general de elegir entre IA y un diseñador podría llegar a hacer pensar que los segundos rechazan esta herramienta y hacen todo de manera más “artesanal”, la realidad es que los profesionales del diseño también incorporan estas herramientas a sus procesos, aunque su experiencia les permite intervenir los resultados y corregir problemas antes de entregarlos. “No te imaginas la cantidad de marcas grandes que consumes que tienen equipos de diseñadores que usan IA. Pero cuando vemos su publicidad todo parece real, como sacado de una sesión de fotos”, explica un diseñador que trabaja para empresas reconocidas y que pidió mantener su nombre en reserva. En su experiencia, estas herramientas todavía requieren aprendizaje y supervisión. Él mismo ha tomado capacitación para aprender a trabajar con prompts y no utiliza las imágenes generadas por IA tal como salen de la herramienta. Después de obtener un resultado, lo lleva a Photoshop y realiza ajustes para acercarlo a lo que pidió el cliente y conseguir una apariencia más realista. “Es verdad que seguimos aprendiendo y sí hay ocasiones en las que se nota, pero una vez que aprendes a hacer un prompt adecuado y que terminas de editar el contenido, puedes obtener resultados que es difícil determinar que son IA a simple vista”, señala.
El diseñador considera que el uso de estas herramientas entre los negocios no es completamente nuevo. Antes de la IA generativa, algunas empresas pequeñas contrataban a un profesional para proyectos específicos, como el logotipo, y después resolvían por su cuenta las necesidades cotidianas con su experiencia o con herramientas como Canva. “Sé que no es costeable para todos pagar a un diseñador para hacer todo su contenido, pero no es algo que pase solo por la IA, tal vez lo ha exponenciado”, asegura. Para los proyectos que requieren mayor especialización, el diseñador considera que debe existir espacio para el trabajo profesional, debido a los conocimientos técnicos y de composición, así como a la posibilidad de entregar un material personalizado. Como referencia de su propia experiencia, señala que un proyecto para un local pequeño puede rondar los 15,000 pesos, mientras que trabajos más amplios que incluyen el diseño del logotipo, plantillas para redes sociales e imagen para un sitio web pueden alcanzar los 60,000 pesos o más, aunque aclara que estas cifras corresponden a los proyectos que él ha realizado y no representan una tarifa general para todos los diseñadores. Su postura es que los negocios deberían reservar el trabajo profesional para “los proyectos importantes” y aprovechar la IA para las necesidades cotidianas, pero con un proceso que les permita construir una identidad propia. “Si van a usar ChatGPT para el día a día, es importante que experimenten y vayan construyendo buenos prompts que les permitan distinguir su contenido”, señala. El problema, desde su perspectiva, ya puede verse incluso en los negocios dedicados a la impresión de lonas y otros materiales publicitarios, donde también observa un uso creciente de IA. “Aunque es una herramienta muy útil, llega un punto en el que todo empieza a verse igual y deja de ser reconocible”, afirma. Por eso considera que los negocios no deberían limitarse a pedir una imagen y publicarla. La construcción de instrucciones más específicas, la experimentación y la edición posterior pueden ayudar a que el contenido conserve elementos propios.
]]>
