Publicado: septiembre 11, 2026, 12:31 am
Cuando una persona decide acudir a terapia suele hacerlo porque hay un malestar que interfiere en su día a día: ansiedad, insomnio, tristeza o dificultades en las relaciones personales suelen ser las más comunes. Pero ese síntoma que motiva la consulta no siempre constituye el verdadero origen del problema. Desde la psicología, cada vez cobra más importancia comprender qué factores mantienen ese malestar y qué conductas contribuyen, sin que la persona sea consciente, a que la situación se prolongue en el tiempo.
Sobre esta idea reflexiona la psicóloga Lydia Viñuela, quien sostiene en un vídeo en redes sociales que el trabajo terapéutico no debe centrarse únicamente en aliviar los síntomas, sino en identificar los mecanismos que los mantienen. «El problema por el que la gente acude a consulta no suele ser el problema, suele ser lo que a la persona le interfiere o le molesta de la problemática y lo que suele querer cambiar precisamente por esa molestia. Pero muchas veces no es ni donde tenemos que poner el foco ni lo que hay que solucionar», explica.
El síntoma no es la causa
Para ilustrar esta idea, la psicóloga plantea el ejemplo de una persona que experimenta ansiedad al relacionarse con sus amigos. A primera vista, podría parecer que el objetivo de la terapia debería ser eliminar esa ansiedad. Sin embargo, Viñuela considera que el foco debe situarse en otro lugar. «Vamos a suponer que viene a consulta una persona que dice que está sintiendo mucha ansiedad a la hora de relacionarse con sus amigos y sus grupos sociales. El problema aquí no es la ansiedad, a pesar de que sea lo que más interfiere a la persona», afirma.
Según explica Lydia Viñuela, la cuestión fundamental es entender por qué esa ansiedad continúa apareciendo y qué hace la persona para intentar aliviarla: «El problema más bien tiene que ver con cómo y por qué se está manteniendo esa sensación de ansiedad y qué está haciendo la persona precisamente para poder equilibrarla, quitarse de encima esa emoción tan molesta».
Las conductas que mantienen el malestar
En este ejemplo, la psicóloga señala que evitar las reuniones sociales o permanecer en silencio cuando se está con otras personas puede aliviar la ansiedad de forma inmediata, pero también contribuye a que el problema se mantenga. «Como siente ansiedad en este contexto, lo que hace es no quedar con sus amigos, o cuando queda con sus amigos está muy callada y no participa en la conversación de grupo. Ahí es donde tengo que poner el foco como terapeuta«, dice.
Viñuela aplica este mismo razonamiento a otros problemas frecuentes, como las dificultades para dormir. En estos casos, considera que centrarse exclusivamente en conseguir que la persona duerma mejor puede resultar insuficiente si no se analiza qué está alterando el descanso. «Si una persona viene por problemas de sueño y yo me enfoco en darle pautas para que duerma sin fijarme en qué puede ocurrir para que el sueño esté interferido, el problema va a persistir«, señala. En cambio, si el origen del insomnio está relacionado con un conflicto laboral o un exceso de preocupaciones, abordar esas situaciones puede favorecer que el descanso mejore de forma natural.
Tratar la raíz del problema
La psicóloga concluye que el verdadero objetivo de la terapia no es únicamente reducir el malestar, tambien intervenir sobre las conductas y procesos que lo perpetúan: «El problema no suele ser el malestar que la persona siente, sino lo que hace para no sentirlo. Y hasta que eso no se toca, dan igual las técnicas y los trucos». En este sentido, advierte de que limitar el tratamiento a eliminar los síntomas puede resultar contraproducente. «Mientras tratemos síntomas y no conductas, el problema solo cambia de forma. Si como terapeuta solo intentas que la persona deje de sentirse mal, aquí no estás solucionando el problema, lo estás entrenando», concluye.
