Publicado: septiembre 4, 2026, 6:25 am
Puede parecer que algunos hombres son fríos, distantes o incapaces de expresar sus emociones, pero detrás de ese aparente desapego no siempre hay falta de sentimientos, sino una dificultad aprendida para reconocerlos y comunicarlos. Cada vez más especialistas en salud mental insisten en que la forma en que muchos hombres gestionan sus emociones está profundamente influida por la educación recibida desde la infancia y por las expectativas sociales asociadas a la masculinidad.
La psicóloga Paloma Rey lo resume a 20minutos con una idea clara: «Puede parecer que hay hombres que no tienen emociones, pero la realidad es que no aprendieron a ponerles palabras«. Según explica la experta, durante años muchos niños crecieron escuchando mensajes que asociaban la fortaleza con el silencio emocional.
«Desde pequeños, a muchos se les enseñó, tanto en el entorno familiar como en la sociedad, que hablar de lo que duele no era necesario y que tenían que poder con ello. Si se mostraban inseguros, vulnerables o admitían tener miedo eran considerados como débiles y esto podía tener consecuencias en su entorno«, dice. Este aprendizaje acaba moldeando la manera de relacionarse con las propias emociones. «Así, fueron desarrollando una forma de estar en el mundo donde sentir no era el problema, pero expresarlo sí«, señala Rey.
Cuando las emociones no encuentran palabras
Las emociones no desaparecen por el hecho de no expresarlas. Al contrario, pueden manifestarse de formas menos saludables. Por eso, la dificultad para hablar de lo que uno siente no implica ausencia de emociones, sino una falta de herramientas para gestionarlas.
«Con el tiempo, esa dificultad no desaparece, se transforma. Y es cuando aparecen respuestas y conductas disfuncionales: silencios largos, respuestas cortas o en monosílabos, en ‘no pasa nada’ cuando en verdad sí que pasa… Y no porque no haya emoción, sino porque no hay entrenamiento emocional para sostenerla y compartirla», explica la psicóloga. Esta situación puede afectar tanto al bienestar personal como a las relaciones de pareja, familiares o de amistad. Cuando resulta complicado expresar el malestar, también es más difícil pedir ayuda, resolver conflictos o sentirse comprendido por los demás.
Qué hay detrás de la aparente frialdad
«En consulta es habitual ver que detrás de la aparente frialdad y del distanciamiento emocional hay miedo a no estar a la altura, sensación de incompetencia o temor a perder el control», dice Paloma Rey, que india que expresar lo que uno siente supone exponerse ante los demás, algo especialmente difícil cuando durante años se ha asociado el propio valor personal con la capacidad de ser fuerte, autosuficiente o resolver cualquier problema sin ayuda.
«Hablar de lo que se siente implica exponerse. Y si durante años la valía se ha construido sobre el rendimiento, la autosuficiencia o la fortaleza, mostrarse vulnerable puede vivirse como una amenaza a la identidad», añade.
Reprimir las emociones tiene consecuencias
Ignorar o esconder las emociones no hace que desaparezcan. De hecho, diversos especialistas en psicología coinciden en que el malestar emocional sostenido puede acabar reflejándose en cambios de comportamiento, conflictos interpersonales o una mayor sensación de desconexión con uno mismo. En palabras de Paloma Rey, «el problema es que lo que no se nombra no desaparece, se acumula. Y muchas veces termina saliendo en forma de irritabilidad, distancia emocional o desconexión en la pareja o con uno mismo».
Por ello, aprender a identificar y expresar las emociones no significa perder fortaleza, sino desarrollar una mayor capacidad para afrontar las dificultades de forma saludable. La psicóloga concluye con una reflexión que invita a replantear la idea tradicional de masculinidad: «Aprender a hablar de lo que se siente no es ‘volverse más blando’, es dejar de sostener una versión rígida de uno mismo y permitirse una identidad más completa. Y eso, lejos de restar masculinidad, la hace más libre».
