Publicado: agosto 19, 2026, 10:21 am
La energía se disparó un 10,3% en la Eurozona el mes pasado en plena crisis en Oriente Próximo y sus precios y los de los servicios (aumentaron un 3,3%) elevaron una décima la inflación del conjunto de países del euro hasta el 2,9%. La tasa de IPC se desvía de nuevo del objetivo que tiene marcado el Banco Central Europeo (BCE), del 2%, y acerca la posibilidad de una nueva subida de los tipos de interés para evitar una crisis de precios que empobrecería a los hogares y las empresas en un momento en el que la economía de la región crece, pero aún de forma muy débil.
Las familias de la Eurozona tuvieron que hacer frente a un incremento del coste de los alimentos frescos del 2,4%, algo inferior al del mes previo, y del 0,9% en el caso de los bienes industriales no energéticos. La inflación subyacente, que excluye de su cálculo los precios de la energía y de los alimentos frescos, aumentó un 2,5%, una décima más que el mes anterior.
Esta tasa es una referencia clave para el BCE de cara a sus decisiones de política monetaria, dado que suele reflejar cuándo las tensiones de precios han dejado de ser un problema temporal, precisamente porque deja a un lado los elementos más volátiles de la inflación.
Para el conjunto de la Unión Europea, la tasa de IPC se elevó hasta el 3%. Por países, los que registraron una subida más abultada de los precios fueron Rumanía (8,2%), Lituania (5,4%), Chipre y Bulgaria (ambas con un 4,4%). En el lado opuesto se situaron el mes pasado Suecia (0,3%), República Checa (1,3%), Dinamarca y Hungría (ambas con una inflación del 1,6%).
España pierde competitividad por la inflación
En el caso de España, la inflación armonizada, que es la referencia que Eurostat toma para poder hacer comparaciones homogéneas entre países, se situó en el 3,9%, un punto por encima de la media de la región, lo que le resta competitividad con respecto a sus principales socios comerciales, que son las economías del euro.
El hecho de que las tensiones entre Estados Unidos e Irán no hayan aflojado genera temor entre los economistas e inversores a que la inflación se mantenga elevada por más tiempo del que los bancos centrales habían previsto. Este escenario podría servir de argumento para nuevas subidas de los tipos de interés y estas podrían poner nuevos palos en la rueda de la recuperación económica, al encarecer el coste al que las familias y las empresas se financian (desde las hipotecas a los préstamos para el consumo, pasando por las inversiones).
En el BCE contemplan que la inflación de la Eurozona ronde el 3% lo que queda de año, tal y como reconoció el economista jefe de la entidad, Philip Lane, en una entrevista con la cadena RTE1 recogida por Europa Press. Lane incidió en que todo dependerá de si se resuelve la crisis de Oriente Próximo y dejó claro que, pese a que la situación no es comparable a la de 2022, este nivel de precios está «muy por encima del objetivo del 2%».
El economista jefe del BCE no solo advirtió sobre la evolución de los precios energéticos, sino que incidió en que los fenómenos meteorológicos extremos, como ‘El Niño‘, «previsiblemente ejercerán una mayor presión al alza sobre la inflación«, principalmente el año que viene, cuando la subida de precio de los alimentos «será uno de los principales impulsores de la inflación».
La eurozona está demostrando una resiliencia mayor de la esperada en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica y las tensiones energéticas, en opinión de Martin Wolburg, economista sénior en Generali Investments. El experto cita el crecimiento del PIB y la mejora del crédito, la confianza del consumidor y la actividad empresarial como indicadores más positivos, si bien matiza que la actual escalada de tensiones en Oriente Próximo y su impacto sobre los precios de la energía podrían reavivar las presiones inflacionistas y reforzar el tono cada vez más ‘hawkish’ (halcón un ortodoxo) del BCE, por lo que mantiene abierta la puerta a una posible subida de tipos en septiembre.
La capacidad de la economía europea para mantener ritmos de crecimiento próximos al 0,3-0,4% en el segundo trimestre sugiere, para los expertos de CaixaBank Research que el deterioro asociado al shock energético ha sido «significativamente más contenido que en 2022». Y esto último, a su vez, ha limitado su impacto sobre la renta y la actividad.
