Publicado: agosto 6, 2026, 8:42 am
Conocí a Pablo Vázquez hace muchos años porque nos encontramos, allá por el año 2012, en Fedea cuando yo publiqué mi primer libro sobre emprendimiento, luego seguí tratando con él en 2017 coincidiendo con su época de CUNEF y yo ya en la Universidad de Deusto; en 2021 volvimos a estar juntos en la asociación Madrid Futuro a la que pertenecía LLYC, por entonces mi nuevo destino profesional. Siendo honesto en todo las coincidencias anteriores, Pablo era el responsable de esas organizaciones y yo un admirador de su trayectoria. Un meritorio -en mi caso- frente a un consagrado académico y gestor de éxito.
Pero no fue hasta 2023 cuando mi amigo Borja Semper me pidió que quedase con Vázquez y empecé a tratarle mucho más. Los roles de cada uno -a pesar del paso del tiempo- seguían siendo similares. Pablo había recibido el mandato de dirigir la Fundación Reformismo 21 por parte de Alberto Nuñez-Feijóo y yo un humilde profesor a tiempo parcial que se había especializado en la disciplina de la economía plateada.
Me citó en una conocida cafetería de la calle Génova y me escuchó con una atención y un interés incompatible con la tan desigual trayectoria de ambos. Un graduado por Berkeley que había dirigido el más importante centro de estudios económicos español preguntándome como un estudiante por la aplicación en las políticas públicas de la silver economy y su impacto en el PIB del país.
A partir de ahí y después de pedirme un papel y leerse algunos de mis informes sobre el particular me pidió que movilizase a los mejores académicos, empresarios y funcionarios para armar una propuesta al país desde Reformismo XXI. No me puso condición alguna, absoluta libertad para la propuesta y los firmantes de la misma. Los mejores deberían hacer ese papel, sin importar su ideología; la propuesta se aplicaría tal y como se entregase en los cien primeros días de un futuro gobierno sin más filtro que la calidad de la misma y de sus promotores.
El resto ya es historia y el verano de 2023 terminó de diferente manera de la que Pablo Vazquez -y millones de españoles- esperaban. Pero eso no hizo que el profesor siguiese movilizando ese talento a pesar de que el horizonte de aplicabilidad era ya de por lo menos cuatro años.
Acudir a sus convocatorias estos últimos años me permitió no solo seguir aprendiendo de sus exquisitos modales, su capacidad de escucha y sus afinados análisis sino conocer a las mentes más preclaras de la economía y la empresa española, votasen a quien votasen.
Pablo ya no podrá participar en un gobierno de España aportando sus años de estudio y conocimiento adquirido de la mano de los mejores talentos del mundo. Pero sus propuestas no tengo duda de que tarde o temprano se aplicaran en nuestro país. De eso nos encargaremos los que tuvimos la suerte de aprender con él. Y si no estoy seguro que su mano derecha, mi querida Alma Ezcurra, nos pondrá en vereda como lo ha hecho estos años en Reformismo 21.
