Publicado: julio 20, 2026, 5:16 pm
Minuto 120 de la prórroga. Argentina trata de obrar el milagro y se lanza con todo al ataque en los últimos instantes de la final. Giuliano Simeone mete directo al área pequeña un pase para que únicamente su compañero Marco Senesi tenga que empujar el balón a la red. Es entonces cuando aparece un pie de la nada que toca el balón y lo desvía lo justo para que se marche por la línea de fondo. Es Pau Cubarsí, el joven de 19 años que, con la mayoría de edad recién cumplida, se ganó el respeto de todo el barcelonismo primero, y ahora, tras un Mundial brillante, deslumbra a todo un país. Chico tranquilo y con cara de no haber roto un plato, cuando salta al campo a jugar con los adultos se convierte en un futbolista que parece que lleva ya varias ediciones disputadas de la Copa del Mundo. Un central que compite con la solidez de los más grandes y con la edad de alguien que, en circunstancias normales, debería haber terminado su etapa juvenil este año. Para ello, durante este mes ha contado con la ayuda de un veterano como Aymeric Laporte, quien ha sido su mentor y con el que ha logrado que España sólo haya encajado un gol en todo el torneo. El joven catalán se crio en Estanyol, un pequeño pueblo de la provincia de Girona de apenas 200 habitantes. Allí creció y jugó con el sonido de fonfo del taller de carpintería de su familia, al igual que lo hace ahora para frenar a los grandes delanteros del mundo. Una familia que siempre tiene muy presente y que le encanta visitar en su pueblo siempre que puede. No es para menos, porque con tan solo once años puso rumbo a La Masía para incorporarse al alevín del Barcelona. Desde entonces, ha quemado etapas de manera precoz hasta ser titular indiscutible para Hansi Flick, primero, y Luis de la Fuente después en la consecución de la segunda estrella. Sin embargo, quien le hizo debutar con el primer equipo catalán fue Xavi Hernández. El mismo que el domingo le vio desde el palco del MetLife Stadium meter un pie que bien vale una Copa del Mundo. Una sorpresa para todos los espectadores, menos para él. No se hace debutar a un joven menor de edad con el primer equipo del conjunto culé porque sí. Xavi quería que se divirtiera con los más grandes desde bien pequeño y en este Mundial lo ha hecho más que nunca. Primero, frenó en seco a Cristiano Ronaldo en su última cita mundialista y a la Bélgica de Courtois. Después, no dejó divertirse a Mbappé, Olise y compañía. Y en la final disfrutó como el niño que es con el juguete más preciado que ha tenido nunca en sus manos: la Copa del Mundo. También se llevó el premio al mejor jugador joven del torneo, además de ser uno de los pocos futbolistas que ha disputado todos los minutos de la selección en el torneo. Solo igualado por Unai Simón y Marc Cucurella. Ahora, con el mundo a sus pies, le quedan varios años para seguir jugando con sus rivales con la ilusión de un crío que abre los regalos un día de Reyes y con la solidez de un futbolista que tiene años de experiencia en un campo de fútbol.
