Publicado: julio 20, 2026, 7:00 am
El ambiente en las tripas del estadio de Nueva York/Nueva Jersey tras la final del Mundial fue un ejercicio de contrastes: la sonrisa pegada al rostro de los jugadores de España, que se marcharon todos con una réplica de la Copa del Mundo; por el lado de Argentina, ni siquiera se vio la cara de Lionel Messi y compañía. La FIFA impone que varios de los jugadores de cada equipo comparezcan ante la prensa y que todos pasen por la zona mixta antes de meterse en el autobús que les saca del estadio. Argentina se lo saltó: sus jugadores plantaron a los medios y salieron por la puerta de atrás, para evitar que las cámaras recogieran su decepción. Tampoco compareció para dar explicaciones su capitán, Messi, después de un Mundial que podría ser el último para él, con 39 años. Solo el técnico argentino, Lionel Scaloni , educado y correcto al máximo, como siempre, dio la cara y habló a una nube de periodistas. «Los chicos no estaban con ganas de hablar en este momento y es justo», justificó Scaloni, que dejó muy en el aire su continuidad al frente de la Selección albiceleste. «Ha sido un placer estar acá, ni en mis mejores sueños lo había pensado», dijo. «Hasta diciembre si el presidente quiere estaré acá, y después lo veo complicado porque es difícil que se repita esto». El mal perder de los argentinos ya se había visto antes en el césped, tras el pitido final, cuando Leandro Paredes agredió a Eric García . Incluso fue más feo cuando los argentinos se pasaron toda la ceremonia de entrega de trofeos a los españoles de espaldas, mirando a la grada más poblada por su hinchada. Los jugadores de Luis de la Fuente acababan de hacer el pasillo a los argentinos para que recogieran sus medallas como finalistas. Pero los de Argentina les diero la espalda en todo momento cuando fueron los españoles los que subieron a por sus trofeos. «No nos importa», dijo después Dani Olmo sobre el gesto de los argentinos de darles la espalda. «Importan los valores que quieres transmitir hacia afuera, somos un ejemplo para muchas generaciones, para muchos niños y niñas. Y yo creo que ellos deben ser también un ejemplo para todo y para bien». Justo cuando decía esas palabras apareció el gran capitán, Rodri, el mejor jugador del torneo, agarrado a la Copa del Mundo y se llevó de allí al mediapunta del Barça. «Si llegamos a perder después de jugar así hubiera sido una injusticia», decía cerca de allí Rafael Louzán , el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, que reconoció estar «nervioso porque no llegaba el gol». Es precisamente la falta de esos nervios una de las claves de la victoria histórica de España: siempre creyeron en su estilo de juego. Así lo defendió uno de los estandartes de la Selección, su portero, Unai Simón , que realizó una comparación sorprendente con la única Selección que consiguió frenar a España: Cabo Verde, en aquel empate del debut en la fase de grupos. «Cabo Verde sabía a lo que jugaba en ataque y en defensa, y es difícil batir a un rival así», dijo Simón, que también recibió un trofeo individual, el Guante de Oro, con solo dos goles recibidos. «Nosotros hemos hecho algo parecido a Cabo Verde: hemos mantenido nuestras señas de identidad en ataque y en defensa durante todo el campeonato, en los buenos momentos y en los malos. Es fundamental mantener el estilo, el nivel y la concentración, es lo que nos ha permitido conseguir el triunfo», añadió el portero, muy elogioso con su seleccionador, Luis de la Fuente, al que definió como«un fuera de serie, nuestro líder y nuestro ejemplo». Él y otros que se pararon a hablar con la prensa -como Marc Cucurella- aseguraban que todavía no asimilaban la importancia de la victoria, de ganar un Mundial. «Estoy muy feliz, muy impactado», reconoció el otro lateral, Pedro Porro. Pero algunos, como el propio Simón, ya están pensando en el siguiente, que se jugará en casa. «Hemos tenido que esperar 16 años para esto », dijo en referencia al primer Mundial de España, el de Sudáfrica en 2010. «Espero que solo tengamos que esperar cuatro para la tercera estrella».
