Publicado: julio 5, 2026, 6:56 am
Independientemente del país en el que se encuentren, las mujeres pueden sufrir en mayor o menor medida acoso callejero, como así demostró una periodista británica. Y es que, para dar visibilidad al problema que viven miles de mujeres, Mimi Yates, reportera del Daily Mail, grabó sus viajes por siete líneas del metro de Londres.
Durante dos meses, la periodista documentó el acoso sexual que vivieron otras viajeras en las principales ciudades de la ciudad: Victoria, Piccadilly, District, Circle, Central, Jubilee y el DLR (Docklands Light Railway). Desde acoso verbal a una agresión física, Yates contempló la cara más dura del transporte público.
Acompañada siempre de un productor a modo de seguridad, Mimi realizó trayectos en diferentes horas del día solo con una cámara oculta y unos micrófonos. Aunque, como dejó claro, ella en ningún momento ‘incitó’ al acoso. «No me estaba ofreciendo como cebo», destacó en su artículo. Y es que, si bien la ropa o la manera de comportarse de las mujeres no son justificación para el acoso, la informadora mantuvo un perfil bajo en sus viajes.
El primero de ellos se realizó el 25 de abril, a las 1:30 de la madrugada, desde la estación de Holborn. En apenas 15 minutos, dos jóvenes ya la observaban fijamente y al bajar en la estación Dagenham East ellos la siguieron. De hecho, solo se marcharon cuando volvió al andén.
Pocas horas después, en Piccadilly, un hombre también la siguió durante 40 minutos. Un tiempo en el que en ningún momento la dejó sola. No solo estaba mirándola fijamente, sino que también se sentó a su lado. Incluso cuando se bajó antes de su parada y se montó en otro tren, él la siguió en su misma dirección. Después de intentar hablar con ella, finalmente le perdió de vista en la estación de North Greenwich, a más de media hora de distancia.
En Green Park, un hombre «bien vestido» le llamó la atención desde un banco mientras esperaba el tren. «La belleza necesita asiento. Ven, siéntate», le aseguró. Y, cuando ella se acercó, el hombre empezó a contarle que tenía una hija de su edad. Sin embargo, Yates no le respondió, por lo que acabó por amenazarla. «Voy a encontrar el pub o el restaurante de al lado de tu casa. Voy a ir a buscarte y te voy a encontrar», le aseguró.
Aquel mismo hombre le pidió el teléfono hasta 20 veces. «Tienes que darme tu número, tienes que hacerlo. Te lo estoy pidiendo. Tienes que quedar conmigo«, le reclamó sin parar. Ella no respondía y él le rozó el muslo ante la pasividad del resto de los viajeros. Pero, al alejarse del acosador, se encontró a otro grupo de hombres que también intentaron violentarla. «¿De qué tienes miedo?», le llegó a preguntar uno de ellos.
«Mi corazón todavía late muy rápido. Simplemente no esperaba que fuera tan malo. Con cada incidente sentí que la carga recaía sobre mí: mantenerme tranquila, ser lo bastante educada para no escalar la situación, lo bastante firme para no alentarla y lo bastante alerta para saber si necesitaba ayuda», lamentó.
Tal y como recalcó en su trabajo, de acuerdo a la Asamblea de Londres, solo en 2025 en la red de transportes de Londres se registraron 4.593 delitos sexuales contra mujeres y niñas, de los cuales el 58% no identificaron al sospechoso y solo el 3% acabó en cargos formales. Por eso, cuando Mimi regresó a Stratford, avisó a un empleado de lo ocurrido. Pero la respuesta fue que, «en realidad los vagones no tienen cámaras» por lo que nada podían hacer.
