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Llevamos un siglo calentando agua para hacer café. No hacía falta: basta con ultrasonidos

Publicado: julio 4, 2026, 2:23 pm

Llevamos un siglo calentando agua para hacer café. No hacía falta: basta con ultrasonidos

Para mucha gente, hacer café es prácticamente un ritual tan importante como tomarlo. Porque dicho sea de paso: cualquiera puede hacer café, pero no cualquiera lo hace bien. Siguiendo escrupulosamente la receta de la Specialty Coffee Association, para hacer el espresso canónico necesitas de 7 a 9 gramos de café y forzar el paso de agua a 90,5 –  96,1ºC a 9 – 10 atmósferas de presión. La molienda del café debe ser tal que el tiempo de extracción sea de 20 a 30 segundos. A eso debería aspirar cualquier barista o máquina superautomática. Casi nada.

Aunque la cafetera no está dentro de la lista de electrodomésticos que más disparan la factura de la luz en casa, a escala industrial la cosa cambia: ese proceso de llevar el agua a esas condiciones de temperatura y presión supone un coste energético importante. Así que un equipo de investigación australiano ha encontrado otra forma de hacerlo sin necesidad de calor:  ultrasonidos.

El invento. Para hacer café con ultrasonidos y sin calor lo primero que hace falta es un portafiltro tuneado en un reactor ultrasónico donde ondas de sonido de alta frecuencia inducen cavitación acústica. Suena que echa para atrás, pero en la práctica la cafetera de ultrasonidos que ha patentado la Universidad de Nueva Gales del Sur parece una cafetera normal con un pequeño accesorio. 

Volvamos a la cavitación acústica. Grosso modo, las ondas crean miles de burbujas pequeñísimas dentro del agua que, al colapsar con el café molido, actúan como si fueran un martillo: rompen la superficie del calor y liberan lo que hay en su interior, esto es, sabores, aceites, aromas y cafeína. El resultado es un espresso de concentración equivalente al convencional en menos de tres minutos. 

Por qué es importante. Porque puedes hacer café consumiendo mucho menos: para la misma cantidad de bebida, este sistema ultrasónico consume solo el 24,3% de la energía requerida por una cafetera de espresso convencional. A escala doméstica el ahorro es pequeño, pero para una fábrica ese ahorro del 75% es significativo. Y tiene otro win-win para la industria: el café obtenido sale frío y concentrado,  por lo que no hace falta esperar a que se enfríe (o enfriarlo), ya está listo para mezclarse directamente con leche o agua en una fábrica, lo que conlleva un ahorro de tiempo, energía y dinero.

Contexto. Aunque suene a exótico, los ultrasonidos no son nuevos en la industria alimentaria. Sin ir más lejos, se usan desde hace décadas para el procesado de zumos, aceites o productos lácteos. De hecho, tampoco es nueva su aplicación al café: al menos dos fabricantes han llevado al mercado dispositivos de infusión similares, pero no llegaron tan lejos: el proyecto de la UNSW va un paso más allá. Así, es el primero que ha logrado un espresso (no un cold brew diluido, su trabajo anterior) que pasa por un espresso convencional en una cata sensorial con 100 participantes.

En detalle. El estudio analizó la influencia de variables como el tamaño de molienda, el ratio de extracción y la duración del tratamiento ultrasónico. Y llegó a las conclusiones de que una molienda más fina consiguió extraer el sabor con mayor eficiencia y un tiempo de infusión de entre 2,5 y 3 minutos dio los mejores resultados. 

Para la cata sensorial, el equipo realizó pruebas aleatorias a ciegas con cuatro bebidas: espresso tradicional, espresso ultrasónico, café filtro tradicional y café filtro ultrasónico. En el caso de los espresso, quienes participaron fueron incapaces de distinguir claramente cuál se había preparado de forma tradicional y cuál de forma ultrasónica al no haber diferencias significativas en aroma, sabor, amargor ni valoración global. Curiosamente, para el café de filtro la versión ultrasónica fue la preferida.

Sí, pero. La primera limitación de esta peculiar forma de hacer café es el tiempo: frente a menos de medio minuto, con los ultrasonidos el proceso se dilata hasta los tres minutos. Un tiempo que puede ser interesante (por el ahorro energético) en escala industrial, pero no para hostelería y hogares. 

Por otro lado y aunque sale airoso de las catas a ciegas, no han analizado ni la presencia de compuestos saludables del café, como polifenoles o antioxidantes, ni su proporción. Tomar café es un placer que además tiene beneficios para la salud. Finalmente, la cafetera ultrasónica es de momento un prototipo: falta dar el enorme salto del laboratorio a la escala industrial. 

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La noticia

Llevamos un siglo calentando agua para hacer café. No hacía falta: basta con ultrasonidos

fue publicada originalmente en

Xataka

por

Eva R. de Luis

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