Publicado: julio 1, 2026, 5:10 am
Todo aquel que va a comprar una vivienda se plantea el tipo de hipoteca que debería pedir, si una fija o una variable. Las primeras ofrecen estabilidad y tranquilidad a largo plazo, pero suelen ser inicialmente más caras y con requisitos más exigentes. Las segundas son inestables porque su cuota cambia cada seis meses o un año siguiendo el euríbor, lo que puede hacer que se encarezcan bastante en determinados momentos. Al elegir entre una u otra hay que tener en cuentas aspectos personales, como la economía doméstica, los objetivos financieros y la estabilidad laboral, y también del contexto de ese momento. En referencia a esto último, nos encontramos en una situación especialmente delicada, con una subida de tipos del Banco Central Europeo (BCE) el pasado 11 de junio y posiblemente otra el próximo 23 de julio, y el euríbor al alza. Por todo ello, a continuación vamos a analizar qué hipoteca, fija o variable, conviene más en una situación económica como la actual. Fuentes y metodología al final del artículo. El mercado hipotecario llega a julio con un elemento que no estaba en la ecuación hace un mes: el BCE ya ha subido tipos y el 23 de julio puede hacerlo de nuevo. Eso desplaza el punto de equilibrio entre ambas modalidades. En junio la balanza estaba igualada, en julio se inclina, para la mayoría de perfiles, hacia la fija. El argumento de las hipotecas variables sigue siendo el mismo de siempre: la cuota de salida es más baja. Los TIN bonificados del primer año arrancan entre el 1,50% y el 2,35% en las variables del mercado, por debajo del 2,55%-2,96% de las hipotecas fijas más competitivas. Esa diferencia se nota en los primeros doce meses. Y a lo largo de un préstamo de 25 o 30 años, el euríbor pasará por varios ciclos: si en algún momento baja, la cuota se ajustará a la baja sin necesidad de renegociar nada. Las previsiones de los analistas sitúan el índice en el entorno del 2,26% para finales de 2027, lo que daría algo de alivio a partir del año que viene. El problema es que antes de llegar a ese escenario hay que atravesar por unos meses que se antojan complicados. El euríbor cierra junio en el entorno del 2,8%, el BCE ha subido tipos por primera vez en casi tres años y los mercados anticipan que podría repetir el movimiento en la reunión del 23 de julio. Caixabank Research proyecta el euríbor en el 2,89% a final de 2026. En ese escenario, quien firme una hipoteca variable en julio podría ver cómo su cuota sube considerablemente en su primera revisión, sin margen de reacción. Frente a eso, las hipotecas fijas ofrecen algo que en este contexto tiene más valor que en meses anteriores: certeza. Quien firma una fija en julio paga la misma cuota dentro de diez años con independencia de lo que decida el BCE, de lo que haga el euríbor o de lo que dure el conflicto en Oriente Próximo. Los bancos, que han enfriado la guerra hipotecaria de los últimos trimestres, ya han empezado a encarecer sus tipos fijos, aunque todavía es posible encontrar buenas oportunidades. Lo que parece claro es que esperar no es una estrategia que el mercado actual recompense. Quien no quiere pagar el precio completo de la certeza que ofrece una fija, ni asumir desde el primer día la exposición plena al euríbor, tiene una tercera opción: las hipotecas mixtas. Su mecánica combina ambos mundos: un tramo inicial a tipo fijo, que en la mayoría de las ofertas del mercado se extiende entre tres y diez años, seguido de un tramo variable referenciado al euríbor. Durante el primer período la cuota es estable, a partir de entonces cambia con cada revisión. El atractivo de las hipotecas mixtas nace de que su tipo fijo inicial es, en general, más bajo que el de una hipoteca fija pura. Eso se traduce en una cuota de salida más asequible durante los primeros años, sin renunciar por completo a la estabilidad. En un mercado como el actual, con los tipos de las fijas subiendo para reflejar el nuevo escenario del BCE, esa diferencia de precio puede ser relevante. El riesgo es que esa estabilidad tiene fecha de caducidad. Al terminar el tramo fijo, la cuota queda expuesta al nivel que tenga el euríbor en ese momento. Quien firma hoy una hipoteca mixta a cinco años está haciendo una apuesta implícita sobre dónde estará el índice en 2031, sin más garantía que las previsiones de los analistas, que en el pasado reciente han errado con frecuencia en ambas direcciones. En un ciclo de subidas de tipos como el actual, esa incertidumbre pesa más que en un entorno estable. Las hipotecas mixtas tienen sentido para perfiles concretos. El primero es quien prevé amortizar una parte significativa del capital antes de que concluya el tramo fijo, lo que acota la exposición al euríbor cuando llegue el tramo variable. El segundo es quien tiene margen presupuestario suficiente para absorber una subida de cuota cuando se produzca el cambio de tramo y está dispuesto a asumir ese riesgo a cambio de un tipo de salida más bajo. Para perfiles ajustados o con aversión al riesgo, la mixta ofrece solo una parte de la protección de la fija pero conserva toda la incertidumbre de la variable. Antes de decidir, conviene revisar las comisiones por amortización anticipada durante el tramo fijo y calcular el coste total con distintos escenarios del euríbor para el tramo variable. El precio de entrada más bajo tiene un coste implícito que no siempre aparece en el titular del producto. El 11 de junio, el Banco Central Europeo subió sus tipos de referencia 25 puntos básicos por primera vez desde 2023. El motivo es concreto: la inflación en la eurozona se sitúa en el 3,2%, muy por encima del objetivo del 2%, impulsada por el encarecimiento de la energía derivado del conflicto en Oriente Próximo. El BCE, que había mantenido los tipos estables durante un año, decidió que la presión sobre los precios ya no admitía más espera. En la rueda de prensa posterior, Christine Lagarde no cerró la puerta a nuevas subidas. Con esa advertencia sobre la mesa, el mercado mira ahora a la siguiente reunión del Consejo de Gobierno, fijada para el 23 de julio, con la expectativa de que el ciclo no haya terminado. Si el BCE vuelve a subir tipos, el euríbor, que cierra junio en torno al 2,8%, recibirá un nuevo impulso al alza. Las hipotecas variables lo trasladarán a la cuota en la siguiente revisión. Las hipotecas fijas también lo acusarán: los bancos llevan semanas ajustando sus ofertas al alza y una segunda subida del BCE reforzaría esa tendencia. Las mejores hipotecas baratas que aún están en el mercado podrían no mantenerse en las mismas condiciones pasado julio. Si el BCE decide mantener los tipos sin subidas el 23 de julio, el escenario inmediato estará menos presionado, pero el diagnóstico no cambia: el euríbor no retrocede automáticamente cuando el banco central detiene las subidas. El mercado ya ha incorporado el endurecimiento acumulado al precio de las hipotecas y, además, hay que tener en cuenta que una pausa no equivale a un giro de política monetaria. Para quien está comparando hipotecas fijas y variables ahora mismo, el 23 de julio es una fecha con implicaciones directas sobre las condiciones que encontrará en el mercado si retrasa la decisión.
