Publicado: junio 13, 2026, 10:23 am
Hace tiempo que el protector solar dejó de ser un imprescindible exclusivo del verano. Igual que el sérum, la vitamina C o la crema hidratante, cada vez más personas lo están incorporado a su rutina diaria de cuidado de la piel, conscientes de que la fotoprotección es una de las herramientas más eficaces para prevenir el envejecimiento prematuro y cuidar la salud cutánea a largo plazo.
Sin embargo, que el protector solar se haya ganado un lugar fijo en el neceser no significa que lo estemos haciendo todo bien. Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma da respuesta a algunos de los mitos más extendidos sobre la protección solar y ofrece recomendaciones para proteger nuestra piel correctamente este verano.
1. «El protector solar es una pantalla total que protege al 100%»
Aunque popularmente se ha extendido el concepto de «pantalla total» asociándose a ciertos protectores solares, lo cierto es que ningún fotoprotector bloquea por completo la radiación solar. Todos ellos permiten el paso de una pequeña parte de los rayos ultravioleta.
Los protectores solares no son una barrera impenetrable, sino más bien un colador por el que siempre se va a filtrar una pequeña parte de la radiación. En este sentido, Santamaria recuerda que es un error pensar que por elegir el factor de protección solar (SPF) más alto del mercado vamos a ser invulnerables al sol.
El SPF indica cuánto tiempo tarda tu piel en quemarse por la radiación UVB respecto a su tiempo natural sin protección. Sin embargo, conviene recordar que esta eficacia no es permanente. Independientemente de si hemos utilizado un SPF 30 o 50, el sudor, el agua, la fricción de la ropa o el uso de toallas reducen progresivamente la protección, por lo que es necesario volver a aplicar el fotoprotector en todo el cuerpo cada dos horas. Así como seguir otras medidas de protección frente al sol: evitar las horas centrales con más radiación, permanecer en la sombra, utilizar sombrero y gafas de sol.
2. «Si tengo la piel morena no necesito protector»
El bronceado no es un escudo frente al sol. De hecho, es una respuesta biológica de nuestra piel ante una agresión causada por la radiación ultravioleta. Si bien es cierto que una piel bronceada puede tardar más tiempo en mostrar signos visibles de quemadura, está igualmente expuesta al fotoenvejecimiento, las manchas y el riesgo de cáncer de piel.
El melanoma no discrimina por fototipo, por lo que la recomendación es mantener las mismas medidas de fotoprotección independientemente del tono de piel o del grado de bronceado: protector solar, reaplicación frecuente y evitar las horas de máxima radiación.
3. «Sin exponerme al sol no puedo sintetizar vitamina D»
Uno de los argumentos más utilizados para evitar aplicar el protector solar es la necesidad de sintetizar vitamina D. Como los filtros solares no bloquean completamente la radiación, permiten que la piel reciba la exposición necesaria para realizar este proceso.
Por otro lado, tampoco existe evidencia de que la piel desarrolle una resistencia progresiva al sol: el llamado «callo solar» es un mito no respaldado por la evidencia científica actual y el daño causado por la radiación es acumulativo.
4. «La luz azul solo la emiten las pantallas»
Cuando escuchamos hablar de la luz azul, tendemos a asociarla exclusivamente a pantallas digitales como las de dispositivos móviles y ordenadores. Sin embargo, es más desconocido el hecho de que el sol también emite este espectro de luz, y lo hace en cantidades importantes.
A largo plazo, el efecto de la luz azul sobre nuestra piel puede traducirse en envejecimiento prematuro, manchas o daño celular. Por este motivo, se recomienda el uso de protectores solares que, además de proteger de la radiación UVA y UVB, también cubra esa franja de luz azul.
5. «Los protectores solares son nocivos y alteran las hormonas»
La idea de que los protectores solares son malos para la salud es uno de los mitos más persistentes y peligrosos en torno a la fotoprotección, ya que puede llevar a muchas personas a tener conductas de exposición al sol poco saludables.
De lo que sí tenemos evidencia científica sólida y consensuada es del daño que causa una exposición excesiva al sol y su correlación con el cáncer de piel. De ello no hay, a día de hoy, ninguna duda. Así que es imprescindible tener unos hábitos de exposición responsables y saludables, sin excesos, sin quemaduras solares y cuidando la salud de la piel.
