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La NASA trabaja contra reloj para evitar que este telescopio caiga a la Tierra: así es la misión para salvar el Swift

Publicado: mayo 5, 2026, 5:24 pm

Hace más de medio siglo que la humanidad observa el universo desde fuera de la atmósfera terrestre, una ventana privilegiada que ha permitido estudiar con precisión regiones y fenómenos inaccesibles desde la superficie del planeta. Los observatorios espaciales han sido determinantes para descifrar cómo nacen y evolucionan las estrellas, cómo se forman las galaxias o qué ocurre en los entornos más violentos del cosmos, allí donde se liberan cantidades de energía imposibles de reproducir en la Tierra.

En ese contexto se enmarca el Observatorio Swift Neil Gehrels de la NASA, lanzado en noviembre de 2004 y que toma su nombre del astrofísico Neil Gehrels, que lideró la misión durante años. Diseñado inicialmente para estudiar los estallidos de rayos gamma (ERG), con el tiempo este satélite se ha convertido en una especie de ‘cámara rápida’ del espacio, capaz de captar y analizar eventos muy energéticos que aparecen y desaparecen en cuestión de segundos.

Pero este veterano telescopio de la agencia espacial estadounidense se encuentra en problemas desde 2025, cuando un aumento inesperado de la actividad solar aceleró la degradación de su órbita. La buena noticia es que la NASA ya tiene un plan para salvarlo.

¿Cómo funciona el Observatorio Swift Neil Gehrels?

A diferencia de otros telescopios espaciales, el Swift combina tres instrumentos alineados —sensibles a radiación gamma, rayos X y longitudes de onda ultravioleta y óptica— que le permiten detectar una explosión en cuestión de segundos, calcular su posición y reorientarse automáticamente para seguir su evolución.

Ese proceso se completa con el envío casi instantáneo de coordenadas a estaciones terrestres, lo que activa una red global de telescopios que continúan el seguimiento.

Esta capacidad de respuesta coordinada ha convertido al observatorio en un elemento central dentro de la astronomía moderna, facilitando avances clave en la comprensión de fenómenos como el colapso de estrellas masivas, la posible formación de agujeros negros o la fusión de estrellas de neutrones.

Más de dos décadas después de su lanzamiento, la misión ha superado con creces sus objetivos iniciales, ampliando su campo de estudio a una amplia variedad de eventos cósmicos y consolidándose como uno de los pilares de la observación del universo de alta energía. Sin embargo, el satélite se enfrenta ahora a un desafío crítico.

¿Por qué el Swift está en problemas?

La propia NASA lo explica de forma sencilla: “La órbita baja de la nave espacial se ha ido reduciendo gradualmente, un proceso común en la mayoría de los satélites con el tiempo. Sin embargo, debido al reciente aumento de la actividad solar, Swift está experimentando una mayor resistencia atmosférica, lo que acelera su descenso orbital”.

Es decir: el principal desafío al que se enfrenta el Swift es puramente orbital. En condiciones normales, este proceso es lento y predecible. Sin embargo, el reciente incremento de la actividad solar ha alterado ese equilibrio. Al calentarse, la atmósfera terrestre se expande y aumenta la resistencia aerodinámica sobre los satélites, acelerando su descenso.

En el caso del Swift, este fenómeno se ha traducido en una caída más rápida de lo esperado, agravada por una limitación clave: el satélite no dispone de sistemas de propulsión propios para corregir su órbita.

Ante este escenario, la NASA decidió en febrero de 2026 reducir drásticamente la actividad científica del observatorio. Se apagaron varios instrumentos, se limitaron las maniobras y se modificó su orientación para minimizar la fricción y tratar así de ralentizar su descenso. El 7 de abril, el equipo también interrumpió las observaciones del Telescopio de Alerta de Ráfagas para reducir el consumo de energía.

El objetivo era ganar tiempo y poner en marcha una misión salvavidas para evitar que el observatorio espacial ‘caiga’ a la Tierra y arda en la atmósfera.

¿Cuál es la solución de la NASA para alargar su vida útil?

Lejos de dar por finalizada la misión, la NASA ha optado por una estrategia innovadora: rescatar el satélite en pleno espacio. Para ello, ha concedido 30 millones de dólares a la empresa Katalyst Space Technologies, que está desarrollando una nave robótica capaz de acoplarse a al Swift y elevar su órbita a mayor altitud.

La misión, cuyo lanzamiento está previsto para finales de este año, utilizará el vehículo de servicio LINK, diseñado específicamente para este tipo de operaciones. Una vez en el espacio, la nave deberá acercarse al observatorio, capturarlo y realizar el impulso necesario para situarlo en una órbita más estable.

El objetivo es devolver el satélite a su altitud original, en torno a los 600 kilómetros (un impulso de unos 200 km), lo que reduciría drásticamente la fricción atmosférica y podría alargar su vida útil durante años.

El 14 de abril, ingenieros de Katalyst Space Technologies llegaron al Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, para comenzar las pruebas ambientales de LINK. En las próximas semanas, se llevarán a cabo las pruebas térmicas y de vibración antes de la instalación de la nave en el cohete Pegasus de Northrop Grumman.

La urgencia no es para menos. Según publica Katalyst, “Swift sigue plenamente operativo, pero su decaimiento orbital le otorga un 50 % de probabilidad de reentrada incontrolada a mediados de 2026, cifra que aumenta al 90 % a finales de ese mismo año”.

Si la operación tiene éxito, no solo permitirá prolongar la vida científica del Swift, sino que marcará un precedente en la industria espacial: será la primera vez que una nave comercial realiza una operación de este tipo sobre un satélite gubernamental que no fue diseñado para recibir mantenimiento. Otros telescopios, como el Hubble, han sido objeto de reparaciones, pero era algo para lo que estaban diseñados. No es el caso del Swift, lo que hace que la misión sea más compleja.

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