Publicado: abril 18, 2026, 1:24 pm
A día de hoy puede que haya algunas personas, sobre todo jóvenes, que no sepan que los teléfonos móviles se fabricaban con la batería extraíble. Esto permitió durante muchos años que los usuarios pudieran cambiarla cuando su vida útil acababa. Esto permitía reparar los smartphones con problemas de carga o similares en cuestión de pocos segundos e incluso sin necesidad de invertir un dineral en ello.
En la actualidad, los cambios de batería siguen siendo una de las prácticas más habituales de los usuarios. Sin embargo, la nueva tecnología con la que se fabrican hace que el proceso para la persona propietaria sea algo difícil, por lo que se ve obligada a pasar por un servicio técnico profesional y pagar por ello.
El fin de las baterías extraíbles: ¿cuál fue el motivo?
La entrada de los móviles inteligentes al mercado supuso muchos cambios de diseño. Dentro del adiós a lo que coloquialmente se conocía como ‘teléfonos tontos’ llegó el fin de las baterías extraíbles. Los componentes se volvieron más minúsculos, las pantallas más grandes y los diseñadores empezaron a crear progresivamente modelos muchos más finos.
Aquellos que tuvieran en su mano un móvil con batería extraíble, coincidirán en que la robustez era una de sus características principales. Aunque antes de la llegada de los smartphones inteligentes se alcanzó a elaborar modelos algo más finos. Pero, fue la nueva forma del cuerpo, la llegada del unibody, lo que terminó acabando con las baterías fáciles de reemplazar.
El diseño ‘unibody’ con el que Vertu y Apple cambiaron todo
Aunque los primeros diseños con unibody llegaron de la mano de Vertu, Apple, como en muchas otras cuestiones de formato que a día de hoy lleva a cabo, fue de los primeros en implantarlo en sus productos. Al apostar por teléfonos móviles con mejores pantallas, preocupados por la fotografía y otras cuestiones, fue necesario hacerlos más resistentes y compactos.
Aunque pueda parecer paradójico, la manipulación de baterías extraíbles y un cuerpo con posibilidad de apertura, hacían al nuevo teléfono móvil más vulnerable en el día a día y en la exposición a polvo y agua, pudiendo dañar así los componentes. Solo hay que recordar cómo en los antiguos móviles una de las primeras partes en romperse era precisamente la tapa.
En este sentido, los fabricantes también lograron evolucionar las baterías, de modo que se dejaran de utilizar esas pequeñas ‘petacas’ de NiMH, que solían calentarse con facilidad, incluso inflarse y por tanto, perder capacidad útil muy rápido. Llegaron así las baterías de ion de litio, caracterizadas por una buena densidad energética y escasa pérdida de carga sin uso.
La cuestión ahora es cómo la industria de los teléfonos móviles se adaptará a la nueva norma de Europa. ¿Qué ocurrirá entonces con los diseños de los futuros smartphones? Lo cierto es que la medida de la Unión Europea es frenar la obsolescencia programada y que el usuario con una simple reparación de batería puede alargar la vida útil de su teléfono, así como acabar con el desembolso económico que supone el desfase por falta de compatibilidad
