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Cómo sobrevivir a un viaje a la Luna: los sistemas que mantienen con vida a los astronautas de Artemis II

Publicado: abril 6, 2026, 3:24 am

Viajar a la Luna no es solo una cuestión de motores y trayectorias. Durante diez días, los cuatro astronautas de Artemis II dependerán por completo de un conjunto de sistemas invisibles que convierten la cápsula Orion en una pequeña ‘burbuja habitable’ en medio del vacío.

Ese conjunto tiene nombre: sistema de control ambiental y soporte vital (ECLSS, por sus siglas en inglés) y, en términos simples, es el encargado de recrear las condiciones de la Tierra dentro de la nave espacial.

El primer reto es evidente: en el espacio no hay aire. Orion debe generar y mantener una atmósfera respirable, con niveles adecuados de oxígeno y presión. Al mismo tiempo, el sistema tiene que eliminar el dióxido de carbono que exhalan los astronautas y otros contaminantes que podrían acumularse en la cabina. Para ello utiliza sistemas de filtrado y absorción que ya han sido probados en la Estación Espacial Internacional (ISS), pero adaptados a un entorno más exigente como el espacio profundo.

El segundo elemento que no puede faltar es el agua. Los astronautas necesitan beber e hidratarse para mantenerse con vida, pero también es imprescindible en términos de higiene y gestión de residuos dentro de la nave. En una misión de este tipo, cada recurso cuenta, por lo que los sistemas están diseñados para optimizar el uso y minimizar el desperdicio durante todo el viaje. No obstante, en el caso de Orion, los residuos líquidos, como la orina, se recogen y almacenan, pero no se reciclan como en la ISS. La duración limitada de la misión permite simplificar estos sistemas y reducir la complejidad a bordo.

Finalmente, este sistema también se encarga del control térmico: mantener una temperatura estable en un entorno donde, fuera de la cápsula, las condiciones son extremas. En el espacio, una superficie expuesta directamente al Sol puede superar los 120 grados, mientras que en sombra puede descender por debajo de los -150 grados. Orion debe aislar a la tripulación de esas variaciones y mantener un entorno habitable constante en su interior.

Parte de este sistema ha sido desarrollado en España. Airbus, desde su planta en Madrid, ha participado en el sistema de control térmico del módulo de servicio europeo, el encargado de regular la temperatura de la nave durante toda la misión.

A todo ello se suma otro factor clave: la radiación. A diferencia de las misiones en órbita terrestre, Artemis II se adentrará en el espacio profundo, fuera de la protección del campo magnético de la Tierra. Por eso, la nave incorpora sensores para monitorizar la radiación durante todo el vuelo y cuenta con zonas específicas que pueden utilizarse como refugio en caso de aumento de la actividad solar. A todo ello se suma otro factor clave: la radiación. A diferencia de las misiones en órbita terrestre, Artemis II se adentrará en el espacio profundo, fuera de la protección del campo magnético de la Tierra. Por eso, la nave incorpora sensores para monitorizar la radiación durante todo el vuelo y cuenta con zonas específicas que pueden utilizarse como refugio en caso de aumento de la actividad solar. Estos refugios forman parte de los protocolos de seguridad previstos por la NASA, que incluyen la preparación de áreas protegidas dentro de la nave en caso de tormentas solares.

En conjunto, todos estos sistemas forman una red invisible pero crítica: sin ellos, el viaje a la Luna no sería posible. De hecho, son la base sobre la que se construyen todos los planes de contingencia de la misión, desde un simple fallo técnico hasta escenarios más complejos en los que la tripulación debe mantenerse con vida durante días sin ayuda externa.

Un traje espacial para sobrevivir 144 horas

A diferencia de la Estación Espacial Internacional, donde siempre existe la posibilidad de regresar a la Tierra en pocas horas, Artemis II se adentra en el espacio profundo. Eso cambia completamente las reglas. Los sistemas de soporte vital están diseñados para ser más autónomos y eficientes, de modo que la nave pueda sostener a la tripulación sin depender de un regreso inmediato. Pero en términos de seguridad hay otro elemento fundamental: el traje de los astronautas.

En Orion el traje es un sistema de supervivencia y, en caso de una emergencia grave, como una pérdida de presión en la cabina, cada astronauta podría sobrevivir de forma autónoma durante hasta seis días gracias a un circuito cerrado que proporciona oxígeno y elimina el dióxido de carbono. Ese margen de 144 horas no es casual y condiciona toda la planificación de la misión, definiendo hasta dónde se puede llegar y desde dónde se puede volver con seguridad.

Tal y como explicaron los propios astronautas durante una rueda de prensa, este límite de seis días es el que marca todas las decisiones críticas: cualquier trayectoria o plan de regreso debe garantizar que la tripulación pueda volver a la Tierra dentro de ese margen en caso de emergencia.

Qué pasa si algo sale mal en el viaje

Artemis II ya está en marcha, pero la misión no deja de ser, ante todo, un vuelo de prueba. Y eso implica que cada fase del trayecto esté acompañada de planes de contingencia diseñados para responder a cualquier imprevisto, desde los primeros minutos tras el despegue hasta el regreso a la Tierra.

Durante el lanzamiento, Orion cuenta con un sistema específico de aborto (LAS, por sus siglas en inglés) diseñado para separar la cápsula del cohete en caso de emergencia. En cuestión de segundos, este sistema puede alejar a la tripulación de una posible explosión y ponerla a salvo mediante una trayectoria de escape controlada. Es un mecanismo pensado para el peor escenario posible, pero también uno de los más críticos de toda la misión.

Durante las primeras horas en órbita terrestre alta, antes de iniciar el viaje hacia la Luna, los equipos evaluaron todos los sistemas críticos de la nave. Si alguno no hubiera respondido como se esperaba, Orion no podría haber continuado hacia el espacio profundo, lo que habría transformado la misión en un vuelo orbital con regreso controlado, sin dirigirse finalmente hacia la Luna.

Una vez iniciada la trayectoria translunar, las opciones cambian. Durante un tiempo limitado también habría sido posible dar la vuelta, pero a medida que la nave se aleja, esa maniobra pierde eficacia. Por eso, en muchos escenarios, la alternativa más segura no es regresar inmediatamente, sino continuar. Orion está diseñada para seguir una trayectoria de retorno libre, aprovechando la gravedad de la Luna para rodearla y volver a la Tierra de forma natural y predecible, sin necesidad de maniobras críticas.

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