Publicado: marzo 6, 2026, 8:58 am
Gobiernos, bancos centrales y organismos internacionales miran con preocupación hacia Oriente Próximo. La guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz tienen impacto directo en el precio del petróleo -el barril de crudo Brent, de referencia en Europa, ronda ya los 87 dólares- y en el funcionamiento de las cadenas logísticas a nivel global, y se teme el efecto que esto pueda tener en los precios de la factura energética para hogares y empresas y en la cesta de la compra en general.
El último en hacer un cálculo sobre el impacto del conflicto en términos económicos ha sido el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su directora gerente, Kristalina Georgieva, asegura que una subida del 10% del precio de la energía que se sostuviera durante un año se traduciría en un aumento de la inflación de cuatro décimas, mientras que restaría entre una y dos décimas al crecimiento. Su estimación se basa en la experiencia de lo sucedido en crisis anteriores.
«Si se produce un aumento del 10% en los precios de la energía y este se mantiene durante un año, la inflación subiría 40 puntos básicos y el crecimiento se desaceleraría entre 0,1 o 0,2 (puntos porcentuales)», ha asegurado la economista búlgara en una entrevista con BloombergTV. Georgieva ha pedido a los bancos centrales que estén atentos al impacto que la guerra pueda tener no sólo a nivel de precios, sino también en las divisas. También ha pedido a los gobiernos que «tengan mucho cuidado con cómo utilizan sus reservas» y les ha instado a que aprovechen las épocas de bonanza económica para reducir sus desequilibrios (para rebajar su déficit y deuda).
El impacto en el precio del petróleo y del gas
En apenas unos días, el precio del petróleo ha subido cerca del 20%, lo que ha resucitado los ”peores” temores de los inversores, sostienen desde LinkSecurities. Juan J. Fernández-Figares apunta al miedo a que «el impacto inflacionista del aumento de los precios energéticos fuerce a los bancos centrales a aumentar sus tasas de interés, lo que terminaría teniendo, además, un impacto muy negativo en el crecimiento económico».
En opinión de Philippe Waechter, economista jefe de la gestora Ostrum AM, aún es demasiado pronto para revisar las previsiones de inflación, «ya que sus componentes, salvo la energía, no se han visto afectados». Con todo, el experto incide en que hay que vigilar «todas las señales que podrían indicar que se está desarrollando un patrón inflacionario».
Relativamente optimistas se muestran también desde el banco privado suizo Julius Baer. Su escenario base sigue siendo el de un breve e intenso aumento de los precios de la energía. Prevemos que los precios del petróleo alcanzarán máximos de entre 80 y 90 dólares estadounidenses, y los del gas, de entre 40 y 50 euros, en marzo, antes de moderarse hacia el verano, reconociendo la incertidumbre de la situación.
El precio del gas natural acumula una subida del 62% desde el pasado 27 de febrero, el día antes de que Estados Unidos e Israel atacasen Irán. Pese a que su cotización cae levemente este viernes en el mercado TTF de Países Bajos, referencia para Europa, esta se mantiene en el entono de los 50 euros por megavatio hora (MWh). El jueves fue el Boletín Petrolero de la Unión Europea el que confirmó que el precio de los carburantes continúa al alza y suma ya siete semanas consecutivas de subidas en España.
La última semana, a las puertas de la guerra de Irán, los combustibles registraron el mayor incremento en ocho meses. Así, el coste medio del litro de gasolina se ha encarecido un 1% respecto a la semana anterior y se sitúa en 1,486 euros, su nivel más alto desde finales de noviembre. Mientras, el diésel ha registrado un alza aún mayor tras elevar su precio medio un 1,26% en comparación con la semana pasada, alcanzando los 1,441 euros, una cifra que no se veía desde comienzos del pasado diciembre.
