Una nueva tecnología abre la puerta a curar casi desde la concepción y crear bebés de diseño - Argentina
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Una nueva tecnología abre la puerta a curar casi desde la concepción y crear bebés de diseño

Publicado: junio 25, 2026, 3:00 pm

Por motivos fundamentalmente éticos, pero también técnicos, los biólogos del desarrollo han utilizado tradicionalmente el manual de instrucciones del ratón para tratar de desentrañar las primeras páginas de la vida humana. Se asumía que los mecanismos eran idénticos, pero nuestra primera semana de existencia seguía guardando secretos indescifrables. Ahora, un ambicioso estudio internacional liderado por la investigadora Kathy Niakan, del Loke Centre for Trophoblast Research de la Universidad de Cambridge y el Instituto Francis Crick de Londres, ha logrado derribar ese muro. Utilizando una sutil tecnología de edición genética de segunda generación, han conseguido «apagar» un gen esencial en embriones humanos sanos , demostrando de forma incontestable que nuestros primeros días de desarrollo siguen caminos sustancialmente distintos a los del modelo animal. El protagonista molecular de este hallazgo es NANOG, un gen considerado el «guardián» de la pluripotencia, la capacidad que tienen las células embrionarias primigenias para transformarse en cualquier tejido del cuerpo. Al desactivarlo en embriones humanos viables y sobrantes de tratamientos de reproducción asistida , el equipo de Niakan descubrió que los embriones son totalmente incapaces de formar el epiblasto, el grupo celular que dará lugar al feto propiamente dicho. Sin embargo, para sorpresa de los científicos, el embrión mantuvo intacta su capacidad de desarrollar el endodermo primitivo, el tejido que genera el saco vitelino para nutrirlo. En los ratones, cuando se apaga este gen, el fallo es absoluto en ambas estructuras, impidiendo la viabilidad del embrión. No obstante, el verdadero hito del trabajo, publicado esta semana en la revista ‘ Nature ‘, no es solo el «qué», sino el «cómo». Hasta ahora, los científicos que intentaban estudiar la función de un gen en un embrión humano recurrían a las herramientas CRISPR/Cas9 clásicas, una tecnología que actúa como una suerte de «tijera molecular» y que les valió el Nobel de Química 2020 a Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier. El problema es que esta técnica provoca cortes de doble cadena en el ADN que las células humanas del cigoto, muy vulnerables, reparan de forma defectuosa . El resultado solía ser un desastre: reordenamientos cromosómicos, grandes deleciones y anomalías genómicas graves que arruinaban el experimento y destruían embriones valiosos. Para esquivar esta genotoxicidad, el primer autor del estudio, Oliver Bower, recurrió a los denominados «editores de bases» (en concreto, un editor de adenina llamado ABE8e). Esta herramienta, diseñada originalmente en el Instituto Broad de Harvard y el MIT por el químico David R. Liu —coautor también del artículo— no corta el ADN. Actúa más bien como un borrador y un lápiz de precisión capaz de cambiar una única «letra» del código genético (convertir una adenina en una guanina) en una posición ultraespecífica. El equipo dirigió este bisturí hacia la frontera del exón 1 del gen NANOG, provocando un fallo de corte y empalme (en inglés, ‘splicing’) que anulaba la función de la proteína sin desestabilizar el resto del genoma. «Se trata de un estudio elegante y técnicamente ambicioso que aborda una cuestión fundamental de la biología del desarrollo humano», valora Dusko Ilic, catedrático de Ciencias de las Células Madre del King’s College de Londres, en declaraciones al Science Media Centre (SMC) británico. La técnica ha demostrado una eficacia abrumadora: el 84,8% de las biopsias analizadas mostraron la edición deseada . Al realizar la secuenciación de genoma completo en las células, los investigadores confirmaron la ausencia total de la pérdida de material cromosómico, un problema que sí acompaña al CRISPR de primera generación. Además, los investigadores refinaron el método introduciendo los componentes de edición de precisión directamente junto al espermatozoide durante el proceso de fecundación in vitro, realizado mediante inyección intracitoplasmática o ICSI. Con esta maniobra simultánea lograron sortear casi por completo el «mosaicismo» , uno de los grandes dolores de cabeza de la edición genética, que ocurre cuando unas células se editan y otras no tras la primera división celular, creando confusión en las conclusiones clínicas. ¿Por qué es tan importante ubicar todas las piezas de este rompecabezas genético? La reproducción humana es un proceso —asombrosamente— ineficiente. De cada cien óvulos fecundados en condiciones naturales o de laboratorio, aproximadamente el 50% ni siquiera llega a la fase de blastocisto , la forma que adopta el embrión a los seis días, y de los que lo logran, una enorme proporción fracasa al intentar implantarse en el útero materno. Al comprender la coreografía exacta de genes como NANOG, la ciencia aspira a desvelar por qué fallan tantos embriones. «Este tipo de investigación tiene el potencial de sentar las bases para futuros avances clínicos», señala Norah Fogarty, investigadora del Centro de Terapia Génica y Medicina Regenerativa del King’s College de Londres. En el futuro, este conocimiento podría traducirse en nuevos protocolos para incrementar las tasas de éxito en los tratamientos de fertilidad, estancadas desde hace años por debajo del 40%, y reducir el doloroso goteo de abortos espontáneos tempranos en parejas que se someten a ciclos de reproducción asistida. Pese al éxito técnico, la comunidad científica internacional ha querido levantar un muro de cautela para evitar derivas sensacionalistas. Que la edición de bases sea una herramienta de investigación fabulosa y segura en el laboratorio no significa, ni de lejos, que esté lista para su aplicación en clínicas para implantar embriones modificados. Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), recuerda en un análisis que esta técnica todavía genera de forma residual pequeñas inserciones o modificaciones en el ARN, y que la implantación de embriones modificados sigue estando estrictamente prohibida en los países firmantes del Convenio de Oviedo, como España. «Este es el segundo artículo que usa editores de bases en embriones humanos, tras el depositado en el servidor de preprints bioRxiv, todavía no publicado, que, sin embargo, fue comentado en la revista ‘Nature’ hace unas pocas semanas», indica Montoliu al SMC. «En aquel estudio los investigadores estadounidenses, liderados por Dieter Egli, mostraban cómo podían usarse estos editores de bases para mutar varios genes, con un objetivo terapéutico, con elevada eficiencia y sin apenas problemas asociados en otras partes del genoma». «Ambos artículos», añade el investigador español, «demuestran que ya es posible editar genéticamente embriones humanos de forma segura y eficaz con editores de bases, al contrario de lo que ocurría con las herramientas CRISPR-Cas9 de primera generación, cuyo uso en embriones humanos (y de ratón o de cualquier otra especie) está asociado a múltiples alteraciones imprevisibles en el genoma», como sucedió tras el desafortunado experimento de He Jiankui en 2018, del que nacieron tres niñas con los genes editados que portaban modificaciones imprevistas. En la misma línea se muestra Robin Lovell-Badge, jefe de grupo del Instituto Francis Crick: «Esto no debería intentarse sin una revisión y una supervisión adecuadamente sólidas, así como sin conocer el grado de aceptación pública». Los autores insisten en que, antes de cualquier hipotético salto a la terapia génica hereditaria para borrar enfermedades familiares antes del nacimiento, es imperativo abrir un debate social amplio, ético y transparente.

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