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Una Europa a varias velocidades en la nuclear intenta no descolgarse de EEUU y China: del acelerón de Francia al 'volantazo' en Alemania

Publicado: agosto 15, 2026, 3:00 am

Cerca de un tercio de la electricidad que se consume en la Unión Europea es de origen nuclear. Si hasta hace no mucho el debate en el Viejo Continente en torno a esta tecnología se ceñía al ámbito energético o climático, la guerra de Ucrania, las tensiones en Oriente Próximo y la pugna geopolítica y económica entre China y EEUU han trasladado la discusión hacia cuestiones como la estrategia industrial o la autonomía estratégica. Si bien, esto no implica que exista un consenso sobre ella entre los distintos socios europeos.

Mientras Francia y varios países del Norte y Este del continente pisan el acelerador de la nuclear, España mantiene el calendario de cierre previsto hasta 2035 (el Gobierno asegura que su decisión de prolongar la vida de la central de Almaraz no afectará al resto) y la Alemania de Friedrich Merz ha tirado de pragmatismo para suavizar de forma notable su oposición a esta tecnología.

El trasfondo económico explica en buena medida que el debate sobre la continuidad de la nuclear haya quedado relegado a un segundo o tercer plano en la región. La actividad del conjunto permanece prácticamente estancada desde la pandemia de Covid porque sus dos motores tradicionales, Alemania y Francia, siguen gripados. La industria -sobre todo la del automóvil- no levanta cabeza y los costes energéticos suponen un lastre a la hora de competir y plantar cara a la ‘pinza’ que ejercen Pekín y Washington. Según Reuters, los precios eléctricos europeos se mantienen un 50% por encima de los chinos y duplican los estadounidenses.

El análisis de los expertos se centra ahora en si la UE debería construir su sistema eléctrico alrededor de renovables y redes o si, por el contrario, necesita combinar las renovables con una base nuclear que garantice energía abundante, estable y descarbonizada. El desafío está en las proyecciones de aumento de la demanda eléctrica que hacen los organismos internacionales por la electrificación de la movilidad, la expansión industrial o la construcción de centros de datos.

«Aunque nosotros lo vemos desde una perspectiva regional europea, el centro de gravedad se está desplazando y una parte muy importante de esa nueva demanda se espera que se genere en la zona de Asia», sostiene a La Información Económica César Franco, director del Máster Universitario en Ingeniería Industrial en la Universidad Alfonso X el Sabio (UAX). China está desarrollando un programa nuclear a gran escala e India, que que parte casi desde cero porque apenas cuenta con 9 gigavatios (GW) de potencia instalada, quiere alcanzar los 100 en 2047. Cuando, además, Estados Unidos pretende cuadruplicar su potencia nuclear, la Comisión Europea ha puesto sobre la mesa un escenario mucho más conservador, en opinión de Franco. «Nosotros hablamos de de mantener la tecnología, pero en muchos casos para prolongar o sustituir un parque que ya tiene varias décadas», precisa.

De acuerdo con los datos recabados por el Foro Nuclear, trece de los Veintisiete Estados miembros tienen centrales nucleares. Hay un total de 98 reactores en operación y cuatro más se encuentran en construcción en Eslovaquia y Francia. El país vecino, con 57 reactores operativos, es el que cuenta con más unidades nucleares y un 67% de su electricidad procede de esta fuente, el porcentaje más alto a nivel mundial. Le siguen Eslovaquia con un 52,3%, Hungría con 47,1% y Bélgica con 42,2%. En suelo europeo, que no comunitario, Ucrania genera el 55% de la energía que consume a través de sus centrales nucleares.

La confrontación entre París y Berlín se suaviza

El gobierno francés ha acelerado su apuesta por esta tecnología al prolongar la vida de los reactores con los que ya cuenta entre 50 y 60 años y proyectar la construcción de otros seis de aquí a 2035 (el Ejecutivo galo se abre incluso a levantar ocho más posteriormente). Su objetivo es atraer nuevas industrias a su territorio, en pleno proceso de reindustrialización europeo, y ha puesto el foco los centros de datos de inteligencia artificial.

Unos kilómetros más al Norte, el canciller alemán llegó a calificar de «grave error estratégico» el cierre de los últimos reactores operativos en el país en 2023. Ese giro argumental se tradujo el año pasado en la firma de un acuerdo con París por el que Berlín ha dejado de bloquear los esfuerzos de Francia para que la energía nuclear reciba el mismo trato que las renovables en la legislación europea. Pese a que cerca del 60% de la energía que consumen los alemanes procede de fuentes renovables, su dependencia del gas sigue siendo muy alta.

Otros estados también han movido ficha en el tablero de la nuclear. Polonia avanza en un plan para eliminar el carbón y levantar sus primeras plantas nucleares comerciales en la próxima década; Bélgica ha revocado su decisión de cerrar sus reactores y ha pospuesto el «apagón atómico» para asegurar su suministro eléctrico, República Checa y Eslovaquia han seguido ampliando su parque nuclear y Suecia ha cambiado su marco legal para facilitar nuevas inversiones en esta tecnología tras años de reticencias.

En marzo de este año, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció que Bruselas movilizará 200 millones de euros para apoyar la inversión privada en tecnologías nucleares innovadoras. Este movimiento es parte de la nueva estrategia europea para acelerar los pequeños reactores modulares (SMR) con el fin de poner esta tecnología en funcionamiento a principios de la próxima década.

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