Publicado: agosto 26, 2026, 3:00 am
La industria de defensa ha experimentado un crecimiento vertiginoso en los últimos años. La invasión rusa de Ucrania, el conflicto entre Israel y Palestina, que se ha ramificado con un nuevo punto de tensión entre Irán y Estados Unidos en Oriente Próximo han dado alas a un ‘boom’ de actividad dentro del sector a cuenta de los programas de rearme de los diferentes Estados. Al término de 2026, el gasto en defensa en Europa acumulará ya doce ejercicios consecutivos al alza, si se cumplen las estimaciones de la Comisión Europea, desde la que arrojan que esta partida alcanzará los 454.000 millones de euros, un 8,6% más interanual, y un 75,3% en comparación con 2021, pasando a representar un papel mayor en el PIB de los Estados miembros. Sin embargo, esta mayor inversión se topa con un desafío a resolver: la falta de mano de obra.
Un informe elaborado por McKinsey & Company arroja que las empresas se toparán con obstáculos para contratar personal al menos hasta 2033. La consultora recoge que las empresas dedicadas a la actividad aeroespacial y de defensa sufren dificultades para captar profesionales con las capacidades necesarias para abordar los programas actualmente en curso. En concreto, citan el perfil de ingeniero como el más problemático en este sentido. No obstante, la situación es extrapolable a todas las áreas, desde trabajadores cualificados y cadenas de suministro a perfiles tecnológicos. Pero este desacople va más allá de la necesidad de reclutar más fuerza laboral. El incremento del gasto militar genera a su vez una terna compuesta por la necesidad de ampliar la capacidad productiva, así como de contar con personal cualificado que disponga de los conocimientos técnicos necesarios para promover la innovación en este campo.
Uno de los mayores gap en este momento se da en Ucrania, sumergido en un conflicto bélico. La necesidad de reforzar la velocidad de innovación en el campo de batalla ucraniano significa que las tropas al frente pueden necesitar un nuevo diseño de dron en cuestión de semanas. Pero aunque la inversión y la demanda derivada de esa guerra han promovido la creación de miles de empresas de defensa en el campo de batalla, la fuerza laboral no ha crecido a la misma velocidad. En base a los testimonios recabados por Bloomberg, algunas de las empresas ucranianas más veteranas del sector miran al personal jubilado para que vuelvan a trabajar, un escenario que se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella para ampliar la producción de armamento y acelerar en tecnologías disruptivas.
«El mercado está experimentando algo parecido al canibalismo interno: seguimos recurriendo una y otra vez a las mismas personas y utilizando todas las herramientas disponibles» para contratarlas, asegura Marta Khrypiak, responsable de tecnología de defensa de la agencia de contratación Lobby X. La población ucraniana en edad de trabajar llevaba décadas disminuyendo y cayó aún más bruscamente después de 2022, cuando millones de personas huyeron al extranjero y otras se incorporaron al ejército. Esta escasez afecta directamente a la apuesta de Ucrania de que la tecnología compensará su desventaja de efectivos sobre el campo de batalla. Una encuesta realizada el pasado mes de abril a 27 compañías de tecnología de defensa por la agencia de contratación CORE Team reveló que habían aumentado su plantilla en más de un 50% -contratando en conjunto a miles de personas- en un solo año.
Todas esperan seguir creciendo, pero afirmaron que había una falta de candidatos cualificados. Incluso antes de la guerra, la educación técnica y profesional había perdido popularidad y muchos especialistas se marcharon al extranjero en busca de empleos mejor remunerados, advierte Sergii Vysotskyi, vicepresidente de la Asociación Nacional de Industrias de Defensa de Ucrania. Según los reclutadores, el sentido de propósito suele ser lo que lleva a la gente a incorporarse al sector, pero también detectan ventajas tangibles. Casi nueve de cada diez empresas han incrementado los salarios para seguir siendo competitivas. Algunas organizaciones han optado directamente por retornar a perfiles que ya trabajan en el extranjero, mientras que algunas personas con conocimientos muy especializados llegan a trabajar para varios fabricantes a la vez. «Cuando comparas tu ritmo de trabajo con el ritmo de los militares, la verdad es que no te apetece mucho quejarte», precisa Yurii Faraponov, director de operaciones de BlueBird Tech.
