Publicado: marzo 21, 2025, 5:00 am
Saint Patrick’s es una de las citas favoritas de Kate. Desde 2012, faltó sólo tres veces a la celebración del santo patrono de Irlanda, y una de ellas fue en 2024 debido al cáncer que la alejó de todos los compromisos oficiales hasta finales del año. Pero este 17 de marzo, la princesa de Gales regresó para presidir el desfile de la Guardia Irlandesa en el regimiento del Cuartel Wellington, en Londres, en su calidad de coronel de ese cuerpo, y cumplió con una tradición que se remonta a 1901. Entregó medallas a los militares que sirvieron en Irak, saludó a Turlough Mór, el viejo perro lobo irlandés del regimiento, conversó con familiares de los caídos en combate y repartió ramos de tréboles a los oficiales.
Ella misma se puso un ramo en el pecho, debajo del prendedor dorado con forma de trébol –el símbolo de Saint Patrick– que le prestó la propia Guardia Irlandesa, sobre su impecable tapado ceñido a la cintura de Alexander McQueen (que ya había usado durante una visita a Boston en 2022). Como cada año, la princesa se vistió de verde, el color tradicional de Saint Patrick’s, aunque en una tonalidad azulada que no solo llevó en su abrigo, sino en un tocado tipo casquete de Lock & Co (que estrenó para Saint Patrick’s en 2019) sobre su pelo recogido con un sofisticado rodete. Acompañó el conjunto con botas de gamuza de caña alta de Gianvito Rossi y pendientes de oro de Kiki McDonough con turmalinas y amatistas verdes rodeadas de diamantes.
La princesa parece haber disfrutado tanto el reencuentro que al final brindó con las tropas con media pinta de cerveza Guinness en el comedor del cuartel, y dejó dinero sobre la barra, en señal de agradecimiento por el brindis. “Es lo menos que podía hacer”, les dijo a sus camaradas del regimiento con una sonrisa.
LA REINA MÁXIMA RINDIÓ HOMENAJE A KENIA CON SUS LOOKS
Finalmente, después de haberlo postergado un año debido a protestas civiles, Máxima pudo concretar el viaje a Kenia que tenía pendiente. En cada una de las tres jornadas de la visita oficial al país africano –que comenzó el lunes 17 de marzo por la noche–, la reina de los Países Bajos puso su sello personal: su carisma imbatible y el talento que tiene para armar sus looks siempre elegantes, oportunos y que, habitualmente, suponen un guiño para sus anfitriones.
Para este viaje, Máxima eligió equipos en rojo, blanco, negro y verde, que son los colores de la bandera keniana. El primer impacto lo logró en el aeropuerto y no bien pisó suelo africano, al lucir una creación cargada de simbolismo: un tapado firmado por la africana Anna Trzebinski, una diseñadora que rescata el legado y los elementos de las tribus de ese continente, como cuentas multicolores y plumas, entre otros. Y no se quedó ahí.
El martes, para las diferentes actividades que ella y su marido, el rey Guillermo, realizaron junto con el presidente keniano William Ruto, apostó por un oportuno ítem de colección otoño/invierno 2022 de Natan Couture: un diseño en rojo, con capa, bordados en la parte delantera y plumas.
LOS PRÍNCIPES DE DINAMARCA SE PREPARAN PARA LA VIDA ADULTA
Hasta hace muy poco, eran los simpáticos nietos de la reina Margarita de Dinamarca, chicos sin mayores compromisos que mantener las formas y seguir las indicaciones del protocolo de la corona en sus apariciones públicas. Pero el tiempo pasó, la Margarita abdicó y los príncipes Christian e Isabella están asumiendo nuevos desafíos. Los dos hijos mayores de los reyes Federico y Mary toman las riendas de una vida adulta para la que están siendo preparados desde niños, conscientes de sus responsabilidades con el trono.
Christian (19), el heredero del trono, ingresó hace un mes al cuartel de Antvorskov, a las afueras de Slagelse, para comenzar su formación militar como parte del Regimiento de la Guardia de Húsares. Allí permanecerá cuatro meses, hasta junio, y la semana pasada se convirtió en anfitrión de sus padres, los monarcas, durante la jornada de puertas abiertas.
Aprovechando esta ocasión y del mismo modo que hicieron los familiares de los 150 compañeros, los Reyes, junto a sus otros tres hijos, Isabella (17) y los mellizos Vicente y Josefina (14), conocieron de primera mano cómo son las instalaciones y el día a día del príncipe en esta nueva etapa. De hecho, Isabella se animó a probarse el casco y la mochila que utilizan los húsares para las maniobras, ante la divertida mirada de los suyos.
Un detalle que llamó la atención en el uniforme del príncipe es que en la placa con su apodo –una costumbre militar– dijera “Trekroner”, el nombre de un fuerte marítimo de Copenhague que fue construido entre 1787 y 1827 y que se usó como punto de defensa hasta 1922. Una elección más seria que la de su padre, el monarca, que cuando hizo su formación militar eligió el alias “Pingo”, como lo llamaron sus camaradas luego de verlo caminar en un entrenamiento como un pingüino con su traje de neoprene lleno de agua.
La princesa, que cumplirá 18 años el próximo 21 de abril, posó para dos nuevos retratos oficiales, en los que se muestra más formal que en las imágenes anteriores. Tomadas por Steen Evald, en el palacio de Federico VIII, en Amalienborg, las fotos fueron publicadas, también, para anunciar los festejos que acompañarán la celebración del paso de Isabella a la vida adulta.