Los secretos de la increíble historia de Federico Álvarez Castillo - Argentina
Registro  /  Login

Otro sitio más de Gerente.com


Los secretos de la increíble historia de Federico Álvarez Castillo

Publicado: agosto 28, 2025, 10:06 pm

No es una entrevista más a Federico Álvarez Castillo. Es la oportunidad de conocer su historia menos conocida: la de una infancia difícil, la de las carencias, pero sobre todo la del aprendizaje que su camino le signó. Imágenes que le vienen a la mente, ojos que por momento se le llenan de lágrimas y sonrisas por recorrer las anécdotas más divertidas de ese pasado reciente

El creador de las marcas de moda más emblemáticas de la Argentina como Mango, Diesel, Motor Oil, Paula Cahen D’ Anvers y Etiqueta Negra tiene entre manos infinidad de proyectos: un shopping estilo Bal Harbour en Nordelta, un edificio residencial, la licencia de Aston Martin para la Argentina y Uruguay y hasta una nueva marca que desembarcará en la Argentina.

¿Si te remito a una foto de tu infancia…qué te genera?

Es una etapa que me marcó porque ya desde muy chico mi padre y mi madre se separaron, y yo la imagen que tengo al día de hoy de mi padre es la de él arrastrando a mi madre de los pelos por el living de la casa. Así que, por supuesto, esa fue la última vez que lo vi, y ahí mi madre comenzó con una crisis y nos dio en adopción a mí y a mi hermana. Entonces, en ese momento, además de esa pérdida y esa separación familiar, sumó también la separación de mí hermana y de mi casa.

Ese golpe tan duro se compensó en parte con la llegada de Ada, tu abuela: ¿Qué fue ella para vos?

Bueno, fue todo. Mucha contención afectiva, que no la tenía en ese momento. Ella me crió hasta los últimos días de su vida, así que ella fue mi formadora. Vivíamos muy austeramente. Ella era jubilada, tenía una jubilación mínima. Vivíamos en una casa muy humilde, sin calefacción, sin agua caliente, con una vieja heladera y una botella de agua de vidrio que habitualmente era lo único que teníamos.

Pero yo no sabía cómo era otra vida. Así que no padecí esa situación. Lo que sí padecí fue un poco de hambre, un poco de frío, pero mi abuela de alguna manera lo resolvía con sus poquitos ingresos.

Luego ya más grande tu mamá y tu hermana se reunieron y los tres formaron un núcleo duro…

Mi madre estuvo ausente por un período de tiempo largo. Con mi hermana nos veíamos de manera aislada y fuimos criados separados, y yo no entendía mucho qué era lo que estaba sucediendo en ese momento. Pero más tarde, mi madre reaparece en escena y tanto mi hermana como yo la logramos perdonarla. Estuvimos muy conectados, y ella era una persona muy especial pero a la vez con muchos valores, alguien muy generosa, dedicada a la ayuda de los demás.

¿Cómo asociás esas carencias iniciales con lo que lograste después?

Esas carencias iniciales fueron un motor para mí, para poder ayudar a mi madre, a mi hermana, a mis amigos, no sé, yo tenía que salir de esa situación. Cuando empecé a ser un poco más grande, empecé a conocer a mis amigos y ellos me salvaron a mí. Me cobijaron, me daban de comer, me daban ropa y me sirvieron como ejemplo. Yo silenciosamente veía a un amigo con su padre y veía cosas que me gustaban, como que no tenía una información paterna, ¿viste? Le decía, esto me gusta. Eso fue todo en silencio, ellos nunca lo supieron, ni siquiera hasta el día de hoy. Pero me sirvieron de referencia, y ahí entendía que había una vida mucho mejor, que era una vida en la que se podía acceder a la educación, se podía acceder a irte a Mar de Plata de vacaciones, que se iban ellos. Ahí empecé a darme cuenta de que había una vida un poco más confortable de la que yo tenía. Y eso a mí me movilizó.

¿En qué sentido?

Fue muy importante para que yo ponga foco en el trabajo, en la creación, en todo lo que vino.

Empezaste a trabajar muy joven…

A los once años. Trabajaba en un taller de motos. De ahí surge mi amor por los fierros. De hecho, tengo acá -en su oficina- la primera moto con la que arranqué que tenía un tío nuestro abandonada en un gallinero y la fui reparando. Me la llevé empujando, la reparé y hoy la tengo acá detrás del escritorio. La solución la encontré con mucho ingenio y pocos recursos. Y andaba todo el tiempo en esa moto, iba al colegio y a trabajar. En Burzaco se cortaba siempre la luz y venían los bomberos, ponían la autobomba en una zona céntrica y los vecinos íbamos con unos baldes para buscar agua que luego te sería para calentarla, para los baños y demás. Entonces, antiguamente había un pozo de agua con una bomba, un motor eléctrico, una polea de goma que el motor eléctrico hacía girar, que tenía un pistón grande que bajaba en la tierra y hacía subir el agua a un tanque que había en el techo de la casa. Entonces a mí se me ocurrió, por la necesidad de no ir a buscar los baldes una alternativa: saqué la polea y logré con la moto en marcha hacerla girar. Entonces eso permitía llenar el tanque. Entonces mi abuela me dice, andá a buscar los baldes de agua. ¿Para qué si tenemos agua en el tanque? ¿Cómo? me dice. Abrí la canilla. Y abrí la canilla y salía agua. ¿Cómo pasó si no hay luz?. Hace un mes que no hay luz. ¿Y qué te dijo ahí Ada? Ada me dijo, que bien, que ingenioso estuviste. Entonces ella le comenta a la vecina. Entonces ahí empezaron a contratarme a mí, yo iba con la moto, me metía en los patios de la casa, ponía aquello y me daban una propinita, ¿qué es esto? Yo dije, esto está buenísimo. Y me hice conocido en el barrio, ya muy chico por esta anécdota que he hecho.

Luego fuiste cadete en Fiorucci y comenzó otro camino…

Después de un tiempo fui cadete en Fiorucci, estaba también muy desorientado, viajaba en tren desde Burzaco hasta Constitución, de ahí me iba al trabajo, volvía hasta Lanús, a la industria de Temperley, a la noche para hacer el secundario y así. Eso terminaba a las 12 de la noche y yo tenía que entrar al centro a las 8 de la mañana, viviendo en Burzaco. Para mí la imagen de la cola del tren, del colectivo hoy, es un tema que sufrí mucho. Me hace recordar a esa situación durísima. No tener libertad de movimiento. Por eso la moto para mí fue algo muy importante porque empezó a dar libertad.

¿Qué opinión tenías de la moda?

Bueno, trabajaba en Fiorucci y veía el mundo de la moda, de las modelos, todo muy superficial, no era mi palo. Pero, sin embargo, me mandaron a Punta del Este a armar un local, una tienda y cuando estaba en una escalera atornillando, porque tenía habilidad con las manos, por el tema de las motos y los talleres, pasó un señor que se llama Alberto Cohen y me dijo, perdóname, ¿podés bajar? Yo bajo y me dice, che, vos sabés que yo soy muy religioso, soy devoto de la Torah, que es mi Biblia. Y recibí un rayo bíblico que vos y yo vamos a hacer una gran carrera juntos. No sé qué me estás hablando le respondí, yo de la Torah no conozco nada.

¿No lo conocías?

No y pensaba quién es. Hasta en un momento me pareció todo rarísimo. Bueno, resulta que vuelvo a Buenos Aires un lunes y la secretaria de quien era el dueño de Fiorucci me dice: “Federico, teléfono para vos”. Era cadete y te imaginás que eso no era frecuente. A mí no me llamaba nadie. “Soy Alberto Cohen y estoy en el café de abajo”, dijo. Me reuní y me planteó que no tenía un peso, que estaba fundido y que sí tenía 15 locales en la Avenida Santa Fé, en Florida, en buenas ubicaciones y que compraba y vendía grandes marcas como Wrangler y Calvin Klein. Pero que lo había agarrado la híper y que las marcas no le pagaban.

Y entonces…

Le dije que me parecía bastante lógico que los tipos, si no les pagaste, no le entregaran mercadería. Le sugiero hacer una marca propia y me dice hacelo. Pero me suma que no podía pagarme. Finalmente esa conversación se fue armando, que esto, lo otro, y entonces me dice yo tengo una marca que registré una vez para mi mujer que quería hacer unas ojotas que se llamaba Mango, era un fruto, esto es horrible, digo, y le sugiero hacer algo distinto: vinculado a las motos, a los riders, me dice hace lo que quieras pero como no te voy a pagar te doy un porcentaje de las ventas, o sea, iba a ser a resultado. Hagamos 100 jeans y yo te pago un porcentaje del 3% de las ventas.

Una vez que cerraron eso comenzó la historia…

Ahí agarro un Citroën 2CV, le saco el techito que era de lona, le meto un rollo y me fui a Pegamino donde sabía que había talleres de confección. Fui a ver a quien hoy es el dueño de Bensimon, me quedé medio a vivir ahí y esos 100 pantalones iniciales se convirtieron en 70.000 por mes, todos los meses y yo tenía el 3%.

Con lo cual tu vida cambió…

Sí. Y él no me negoció porque me había dado la mano ante la Torá que era su ley y tuvo su palabra. Me hice rápidamente rico desde ese momento.

¿Cómo mantuviste los pies en la tierra ante un crecimiento tan rápido?

No los mantuve mucho en el suelo, eso me pegó de alguna manera. Era adolescente, imaginate, yo leo notas de aquellos momentos y no puedo creer que haya yo dicho esta boludez, me da vergüenza

¿A qué lo atribuís?

Justamente a la adolescencia. Después esa misma fórmula la repetí con Soviet, Diesel, Motor Oil, Paula Cahen D’ Anvers, siempre muy bien, y bueno, ahí fue parte de esta carrera que hoy sigue con Etiqueta Negra.

Ya tenés marcas consolidadas como Etiqueta hombre y mujer, y también Gola: ¿Qué es lo que viene?

Con Etiqueta Negra estamos armando una tienda en Punta del Este en fusión con Porsche, en José Ignacio, que vamos a inaugurar los primeros días de enero. Es algo muy lindo y diferente. Además, estamos viendo alguna marca nueva para sumar y complementar a Etiqueta. En paralelo, Gola está renovando sus locales y sus colecciones.

Después tengo otra división, que son los proyectos inmobiliarios. En su momento hice Car One para Manuel Antelo, desarrollé la marca, la compra de la tierra y el concepto. También San Isidro Loft, pensado para gente joven; Colette Residences en Uruguay y ahora en Nordelta estamos encarando lo que quiero que sea el mejor edificio residencial del país, sobre el Lago Central, en un lugar que Eduardo Constantini reservó para el final del masterplan.

Se habla también de un shopping en danza…

Sí, en ese mismo predio compramos una tierra donde queremos hacer un shopping de súper lujo, un centro comercial estilo Bal Harbour, el primero de este tipo en la Argentina. Solo en la compra de la tierra invertimos US$ 47 millones. También estoy analizando proyectos en Pilar. Y después está mi otra faceta: los autos. No es un negocio, es mi pasión, pero tenemos la representación de Shelby Cobra. Son reediciones de los autos de carrera de los 60, con los mismos chasis y números de motor. Se fabrican en Estados Unidos y también acá en Argentina, donde tengo la representación junto a dos socios. Además, estamos negociando con los ingleses para traer Aston Martin a la Argentina y a Uruguay. Está en una etapa inicial, pero contamos con la estructura para lograrlo.

¿Cómo se entienden los precios de la moda?

El negocio de la moda es complejo porque tiene temporadas y un margen bueno de rentabilidad es del 10% de tu inversión. Hay mucho mito respecto del negocio de la rompa. Para que te des una idea la carga impositiva de la Argentina es del 50% del valor original. Uno pone el capital de trabajo en todos los inicios de temporada, se hace un plan de compra y si no terminás vendiendo en outlets o con descuentos ese margen se diluye a cero. La mayoría de las marcas que ves en los shoppings no llegan a un 10% de margen.

¿Qué pasa con las tendencias?

Nuestra filosofía es perdurar en el tiempo que la ropa sea básica, que no pase de moda y tenga calidad. La moda esta que cambia todo el tiempo también me parece detestable.

¿Cómo se generan las modas? Un año los jeans son apretados, otro año los jeans son enormes.

Si, es esto, es un poco la necesidad de vender, de las compañías, de obligarte a vos a cambiar el jean que tenés, porque el que tenés ya es viejo y te quieren vender alguno que va, a mí eso es lo que no me va de la moda, tampoco me va de la industria de los autos, donde los cambian para obligarte a comprar otro.

¿Te imaginaste que ibas a llegar hasta acá?

No, nunca soñé algo parecido, pero tampoco me da tanto confort ni tanto placer haber llegado a tener plata. No es eso lo importante de la vida, quiero andar más liviano, estoy despojado de cosas, las cosas te pesan, las estructuras te terminan pesando. Los recuerdos y el gran activo mío son las vivencias. Yo transité, conocí el amor, que no es poco, me sentí amado, me siento amado y pude amar y puedo amar al día de hoy a mi actual mujer. El amor de mis hijos, eso es lo que realmente me moviliza, todo lo material no me moviliza para nada.

¿Crees que si tu infancia hubiera sido más simple, tu camino hubiera sido otro?

Probablemente. Yo pienso que sí, que en un punto la falta me hizo generar el agua y avanzar, no ir hacia los baldes de los bomberos. Entiendo que la austeridad y las carencias que yo viví me llevaron a ir en busca de eso, de una vida un poco mejor.

Related Articles