Publicado: enero 6, 2026, 3:54 am
Los pacientes crÃticos en una UCI, a veces necesitan de un soporte vital llamado ECMO , que es capaz de aportar oxÃgeno a la sangre sustituyendo la función de los pulmones y el corazón, hasta que estos órganos se recuperan o, temporalmente, como ‘un puente’ hasta el trasplante . Estos dispositivos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte de una persona. Pero no son perfectos. Un grupo de investigadores trabajan para evitar el sufrimiento de la sangre en este proceso, protegiéndola con un sistema de paredes lÃquidas y evitar que «se entere» de que está fuera del cuerpo humano. La oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) tiene múltiples aplicaciones: cumple una función vital para pacientes que sufren neumonÃas graves, situaciones agudas cardiacas como las miocarditis, pacientes con cardiopatÃas complejas después de las cirugÃas o en casos de infecciones generalizadas de la sangre. De hecho, estos equipos salvaron muchas vidas durante la pandemia, en pacientes con neumonÃa bilateral grave cuando no habÃa acceso a respiradores y, según el registro internacional, anualmente se someten a este tratamiento unos 20.000 pacientes al año en todo el mundo, pero se estima que el número es mayor porque la mayorÃa no pasa por el registro. A pesar de sus múltiples beneficios, durante este proceso, la sangre ‘sufre’, lo que puede llevar a los pacientes a tener trombosis o hemorragias con sus secuelas. Un proyecto, financiado por la Fundación ‘la Caixa’ en consorcio entre la Fundación IMDEA Nanociencia y la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón, busca evitar estos efectos adversos con un sistema que elimine el daño que sufre la sangre al rozar con las membranas del ECMO, que reduzca los costes y que ampliarÃa el número de pacientes que pueden recibir este soporte vital. ¿Cómo conseguir que la sangre no se deteriore al pasar por una membrana? Sustituyéndola por paredes lÃquidas. Este es el sistema que ha desarrollado Thomas Hermans, lÃder del proyecto en IMDEA «un dispositivo que mantiene la sangre dentro del circuito gracias a un fluido de aceite combinado con nanopartÃculas magnéticas (ferropartÃculas), de manera que no hay daño en las células de la sangre, y el pronóstico del paciente es mejor», explica. También se ha visto que reduce el riesgo de infección, que es otro efecto que tienen los equipos actuales. El grupo de investigación del Hospital Gregorio Marañón, dirigido por el jefe de la UCI Pediátrica, Jesús López-Herce Cid, está formado por intensivistas pediátricos con mucha experiencia en ECMO. «Lo normal», explica MarÃa José Santiago Lozano, del Instituto de Investigación Biomédica del Gregorio Marañón, «es que la tecnologÃa se desarrolle para adultos, pensada para adultos y, después, se adapte a niños. En este caso, el desarrollo se está haciendo para neonatos y niños que, junto con los ancianos, son la población más frágil que requiere estos equipos». No hay muchos proyectos en el mundo en los que se esté investigando en ECMO, una tecnologÃa que hace muchos años que se usa de manera exitosa, porque son equipos muy caros , en los que cada circuito tiene un coste que oscila entre 8.000 y 10.000€. Además, los primeros pacientes tratados con ECMO en España fueron atendidos en 1997 por Sánchez Luna en el Servicio de NeonatologÃa del Hospital Gregorio Marañón, y para los pacientes pediátricos, el año 2026 marca el vigésimo aniversario con el uso de estos equipos, un buen augurio para los resultados del proyecto. Esta innovación de base de paredes lÃquidas, acaba de finalizar la fase «in vitro» y empieza ahora en el Gregorio Marañón la primera fase preclÃnica de la investigación. «El mérito de la Fundación ‘la Caixa’ ha sido saber conectar las necesidades de un centro de investigación básica que necesitaba un centro de investigación preclÃnica», explican Santiago Lozano y Hermans. Como apunta la doctora, «el sistema desarrollado por Thomas Hermans beneficiará al paciente, reduciendo el riesgo de coágulos y, por lo tanto de trombosis venosa y de hemorragias causadas por la anticoagulación. También es importante que es mucho más económico, ahorra los costes de los circuitos, y facilitará su implantación en más hospitales y el acceso a más pacientes». Una vez finalizada la fase ‘in vitro’, el primer paso será comprobar que se trata de un fluido biocompatible y puede utilizarse con sangre. «Y el siguiente será trabajar con un organismo más complejo, como es el modelo animal, en el que se pueda demostrar que funciona ‘in vivo’ todo lo que IMDEA ha visto en la fase ‘in vitro’, antes de pasar a la fase clÃnica. Aun asÃ, hasta la validación del equipo pueden pasar 10 años y se necesitará una inversión muy elevada que puede superar los 200 millones de euros, pero parece que con este avance puede abrirse la puerta a la solución de problemas asociados a otros equipos de circulación extracorpóreos, como los equipos de diálisis o la aféresis. Bromea Santiago Lozano con el hecho de que el investigador que consiga crear un endotelio artificial (el sistema en el que están trabajando) será digno ganador del próximo Premio Nobel. Pero lo que realmente le llena de orgullo «es que será algo hecho aquÃ, en Madrid».
