Publicado: febrero 25, 2025, 5:11 pm
«Les pido por favor que protejan a mi hijo, el único que no conoce el pasado de su padre». Así se expresaba en 2010 a través de una carta Marie France, la exmujer de Joël Le Scouarnec (74 años), juzgado estos días en Francia por agredir sexualmente a 300 menores, en la que expresaba el temor de que su hijo pequeño conociera los actos de su padre. Un extremo que en la segunda jornada de juicio celebrada este martes se ha convertido en el foco de las preguntas de la acusación, ya que demostraría las contradicciones en lo declarado por la mujer desde la detención del excirujano en 2017: que desconocía en su totalidad los crímenes cometidos por su ya exmarido.
La misiva, presente en la sala del tribunal de lo penal de Morbihan, en Vannes, y que este martes ha visto la luz en exclusiva a través del medio francés RMC, fue enviada a unos amigos de France siete años de que el excirujano, que se aprovechaba de su condición de médico para agredir a niños y niñas de una media de 11 años de edad, fuera detenido tras ser acusado de violar a la hija de seis años de una vecina, dos sobrinas y otra niña de 4 años. En la misma, la mujer cuenta cosas triviales para finalmente pedir ayuda. «Les pido por favor que protejan a mi hijo, el único que no conoce el pasado de su padre«, señala France. En el mencionado medio, además, Agnès y Fanny, víctimas del acusado, denuncian que la mujer era conocedora de lo que hacía.
Pero la sesión de este martes ha tenido más momentos de tensión. Según han adelantado desde medios presentes en la sala, se ha interrogado a un perito psiquiatra que analizó al ya exmédico francés cuando fue detenido. El profesional ha puesto de manifiesto que el septuagenario le contó que su padre agredió sexualmente a su hijo menor, presente en la sala en ese momento y desconocedor de los hechos. «Mi padre le obligó a practicarle una felación y viceversa», dijo Le Scouarnec, que también indicó que sucedió lo mismo con otro de sus hijos, aunque más tarde, durante la instrucción, negó de pleno estas declaraciones. El joven de 37 años se ha mostrado muy sorprendido ante tal afirmación. «Estoy en shock. No tengo ningún recuerdo que indique que eso sea cierto«, ha aseverado.
El hijo del cirujano, además, ha contado que tenía una relación totalmente normal con sus padres y que nunca sospechó nada. «Recibimos una buena educación en el sentido de que nos abrieron las puertas a muchas cosas, sin prejuicios. Querían que nos interesáramos por todo, para que pudiéramos ver por nosotros mismos lo que nos gustaba y lo que no», ha relatado. «Tuve una infancia completamente feliz«, ha insistido, a la vez que ha reconocido que desde la detención de su padre sufre estrés y teme por la seguridad de su propio hijo, de 3 años. «Nunca dejo a mi hijo solo con nadie salvo en la guardería. Tengo miedo de cualquier persona, incluso de la familia«, ha manifestado.
Aún así, el joven ha declarado que no va a ver a su padre a la cárcel «para protegerse» y, según sus palabras, porque quiere separar quién es ahora de la persona que le crio. «Este hombre es muy diferente a mi padre. Quería agradecerle a mi padre todo lo que hizo por mí», ha añadido. «Quizás no nos volvamos a ver nunca más. Pero tengo que decirte que te quiero y te pido perdón«, le ha dicho su padre mientras el hijo asentía ligeramente.
El hijo mediano recuerda los abusos
Por su parte, el hermano mediano, de 42 años, ha declarado que sí recuerda haber sufrido abusos de su abuelo a la vez que ha manifestado que no estaba preparador para hablar ante el tribunal. «Tenía cinco, nueve y diez años cuando sucedió«, ha reconocido. «Tendré las imágenes para el resto de mi vida», ha agregado para detallar que los abusos ocurrieron «en su casa, en la cocina, frente a la tele…» Pese a esto, ha sostenido que tuvo una infancia feliz y que no tenía nada que reprochar a sus padre. ·Tuve una buena educación. Un padre y una madre que me inculcaron valores. No tengo nada que reprochar especialmente a mi familia, ningún maltrato ni nada·, ha finalizado.
El juicio, que finalizará el próximo 6 de junio, cuando se conozca el veredicto, echó a andar este lunes con la apertura oral y la confesión de Le Scouarnec. «Si comparezco ante ustedes es porque un día, cuando la mayoría de ellos eran aún niños, cometí actos odiosos», dijo con jun tono de voz apenas audible. «Me solidarizo con el sufrimiento causado a cada una de estas personas por la extrema violencia de lo que escribí. Durante mis interrogatorios intenté reconocer lo que eran violaciones y agresiones sexuales, pero también aclarar lo que no consideraba tales actos», siguió. Le Scouarnec aseguró también ser «perfectamente consciente» de que las «heridas que causó a sus víctimas son imborrables, irreparables». «Les debo a todas estas personas, a sus seres queridos, asumir la responsabilidad de mis actos y las consecuencias que han podido tener y que tendrán a lo largo de sus vidas», terminó en su breve declaración.
Los hechos que se juzgan ocurrieron de 1989 a 2017 y tuvieron lugar en varias clínicas privadas y hospitales públicos del oeste de Francia en los que ejerció como cirujano digestivo. Le Scouarnec violaba y abusaba sexualmente de sus pacientes, a algunos mientras aún seguían bajo los efectos de la anestesia tras haber sido operados, a los más pequeños (de menos de tres años) en las revisiones. Todo esto lo anotaba minuciosamente en unos diarios que han sido claves en la investigación en su contra. Incluso tenía hojas de Excel donde inventariaba a sus víctimas. Las 300 agresiones por las que se le juzga ahora no son las únicas, para otras 60 no había suficientes pruebas o se decretó que habían prescrito.
El excirujano ya fue condenado en 2020 a 15 años de cárcel por abusos sexuales y violaciones contra otras cuatro niñas, dos de ellas sus propias sobrinas. En 2005 también había sido sentenciado por tenencia de imágenes de pornografía infantil tras una ivestigación del FBI. A pesar de todo, siguió ejerciendo como médico y tratando a diario con menores, de los que siguió abusando impunemente. Todo se descubrió el 2 de mayo de 2017, cuando la Policía lo detuvo. Su vecina de 6 años contó a sus padres que Le Scouarnec le había penetrado sus partes íntimas. Cuando la Policía registró entonces su casa encontró miles de documentos sobre pornografía infantil, muñecas de diferentes tamaños, pelucas y sus diarios, en los que reconocía ser un «exhibicionista, voyeur, sádico, masoquista, escatológico, fetichista, pedófilo» y aseguraba «ser muy feliz» con todo ello. Ahora se enfrenta a la máxima pena, 20 años de cárcel, por agresión sexual y violación agravadas.