Publicado: octubre 21, 2026, 5:28 pm
Respirar aire contaminado y estar expuesto a temperaturas más altas y variables podría tener consecuencias que van más allá de los pulmones. Un estudio europeo ha encontrado que una mayor exposición a partículas contaminantes PM10 y a determinadas condiciones de temperatura se asocia con niveles más elevados de hemoglobina glicada (HbA1c) en personas que no tienen diabetes. Este indicador permite conocer cómo se han comportado los niveles de glucosa en sangre durante un periodo prolongado, por lo que los investigadores lo han utilizado para estudiar posibles alteraciones metabólicas anteriores al desarrollo de la enfermedad.
La investigación, publicada en la revista científica Environment International, ha sido liderada por el Swiss Tropical and Public Health Institute y la Universidad de Basilea, con participación del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP). Los científicos analizaron información de 21.259 participantes pertenecientes a nueve cohortes europeas. De ellos, 5.464 procedían del proyecto de genómica GCAT|Genomes for Life del IGTP.
Los resultados muestran una asociación entre una mayor exposición a las partículas PM10 —contaminantes presentes en el aire con un diámetro de hasta 10 micrómetros— y niveles más elevados de HbA1c. También encontraron una relación con el aumento y la variabilidad de las temperaturas. En cambio, el estudio no identificó asociaciones consistentes entre los niveles de este marcador de glucosa y la presencia de espacios verdes.
Mejor calidad del aire, beneficio para los niveles de glucosa
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que contaminación y temperatura no se estudian únicamente como fenómenos independientes. Los investigadores concluyen que mejorar la calidad del aire tendría efectos más beneficiosos sobre los niveles de glucosa en un escenario de temperaturas más cálidas asociado al cambio climático. «La incorporación de la temperatura dentro de esta aproximación es especialmente relevante en el contexto actual de cambio climático, en el que las exposiciones ambientales no se pueden entender de manera aislada», explica Natàlia Blay, investigadora del proyecto GCAT y coautora del estudio.
¿Por qué el aire que respiramos o el calor podrían estar relacionados con la glucosa? Los autores apuntan como posibles mecanismos a los procesos de inflamación interna y de resistencia a la insulina provocados por los contaminantes y las altas temperaturas. Son mecanismos que podrían ayudar a explicar las asociaciones observadas, aunque los resultados del estudio no permiten afirmar que vivir en un lugar más contaminado o soportar temperaturas variables provoque por sí mismo diabetes.
Los hallazgos resultan especialmente interesantes porque se han observado antes de que aparezca la enfermedad. Sílvia Bonàs-Guarch, investigadora de la línea de diabetes tipo 2 de GCAT, destaca que estos resultados son importantes para comprender cómo la predisposición genética y los factores ambientales pueden modular la capacidad de las células beta del páncreas —encargadas de producir insulina— antes del desarrollo de la patología. El trabajo suma así una nueva pieza a una cuestión cada vez más estudiada: hasta qué punto el entorno en el que vivimos puede relacionarse también con nuestra salud metabólica.
