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¿Ha muerto la cartera 60/40? Javi Linares, financiero y experto en inversión explica cómo mejorarla

Publicado: agosto 29, 2026, 5:00 am

Durante décadas, la cartera 60/40 ha sido una de las fórmulas más repetidas para construir una cartera de inversión equilibrada para personas con un perfil moderado. Su estrategia es sencilla: un 60% de renta variable para buscar crecimiento y un 40% de renta fija para reducir las caídas y la volatilidad y aportar estabilidad. Y ha funcionado muy bien hasta 2022, cuando acciones y bonos cayeron al mismo tiempo.

Desde entonces, cada vez más inversores se preguntan si la cartera 60/40 sigue teniendo sentido o si, por el contrario, ha perdido esa capacidad de aunar crecimiento y protección. Los datos históricos respaldan la primera teoría, aunque el entorno actual obliga a revisar qué se puede esperar de la renta fija y si ese 40% defensivo debería estar compuesto únicamente por bonos.

¿Por qué se dice que la cartera 60/40 ha muerto?

El punto de inflexión para esta cartera llegó en 2022. Ese año la inflación obligó a los bancos centrales a subir los tipos de interés con rapidez y la renta fija cayó al mismo tiempo que la bolsa, justo lo que una cartera 60/40 intenta evitar mediante la diversificación.

Javi Linares, divulgador financiero y experto en inversión, sitúa ahí buena parte del problema. “La palabra fija confunde y mucho a la gente”, explica. Los bonos cotizan en el mercado secundario y su precio cambia con los tipos de interés. Cuando estos suben, los bonos ya emitidos pierden atractivo frente a los nuevos, que ofrecen intereses más altos, y su precio cae. El efecto es mayor cuanto más larga sea la duración del bono. En otras palabras, que un bono a 20 años sufrirá más que uno a 3 años.

Eso fue lo que ocurrió en 2022, cuando el índice Bloomberg US Aggregate, que recoge el comportamiento de la renta fija americana, perdió alrededor de un 13% y sufrió una de las mayores caídas de su historia. Para Linares, ese comportamiento explica buena parte de las dudas sobre esta estrategia, porque “la cartera 60/40 ha funcionado bastante mal durante ese periodo, especialmente en la parte de la renta fija», que ha lastrado el rendimiento y no ha servido como sostén en las caídas bursátiles.

Cómo ha cambiado la situación de la renta fija

El comportamiento de los bonos en 2022 explica buena parte de las dudas sobre la cartera 60/40, pero la realidad es que la situación de partida de la renta fija es hoy diferente. Durante los años de tipos próximos a cero entre 2008 y 2022, muchos bonos ofrecían rentabilidades muy bajas y quedaban especialmente expuestos a una subida de tipos. Ahora, tras esa subida de tipos, parten de rendimientos bastante más elevados.

Por ejemplo, el Vanguard Global Aggregate Bond UCITS ETF, que invierte en deuda pública y corporativa de todo el mundo, tenía a cierre de junio de 2026 una rentabilidad a vencimiento del 4,1% y una duración modificada de 6,2 años. Esto quiere decir que una variación de un punto porcentual en los tipos de interés puede mover aproximadamente un 6,2% el precio de la cartera de bonos, en sentido contrario.

Esto es importante porque el rendimiento inicial de los bonos guarda una relación estrecha con su rentabilidad posterior. J.P. Morgan calcula que históricamente ha explicado el 89% de la variación de los retornos anualizados a cinco años del Bloomberg US Aggregate. Con una rentabilidad inicial del 4,73% en junio de 2026, su estimación apunta a un 4,78% anualizado durante los cinco años siguientes.

Javi Linares resume este cambio señalando que “estamos en un escenario mucho mejor del que venimos”, aunque considera que esa mejora no basta por sí sola para asumir que la renta fija debe seguir ocupando automáticamente el 40% de una cartera moderada como refugio en momentos de caídas.

Entonces, ¿sigue funcionando la cartera 60/40?

La realidad es que 2022 fue un año excepcionalmente malo para esta cartera, con una pérdida cercana al 16% por la caída de la renta fija y la renta variable al mismo tiempo. Sin embargo, con el tiempo ha ido recuperando terreno. Una 60/40 formada por acciones y bonos estadounidenses ganó alrededor de un 18% en 2023, un 15% en 2024 y un 13,3% en 2025, según Morningstar. En conjunto, quien hubiera invertido a comienzos de 2022 acumularía una ganancia aproximada del 29% al cierre de 2025, pese a la fuerte caída sufrida durante el primer año.

La perspectiva histórica también juega a su favor. Un estudio de Morningstar sobre los últimos 150 años concluye que esta combinación de renta fija y renta variable ha amortiguado la mayoría de las grandes caídas de la bolsa. El periodo entre 2021 y 2022 fue la única ocasión de toda la serie en la que una cartera 60/40 tardó más en recuperarse que una formada solo por acciones, aunque su caída máxima siguió siendo menor. La cartera recuperó finalmente su máximo anterior en junio de 2025.

Estas carteras “han funcionado muy bien” para reducir la volatilidad, explica Javi Linares. De hecho, los datos de J.P. Morgan que utiliza muestran que una cartera 60/40 terminó en positivo en el 99% de los periodos de cinco años y en el 100% de los de diez años analizados.

Eso sí, su objetivo no es maximizar la rentabilidad, sino buscar un equilibrio entre crecimiento y estabilidad. Por eso esta cartera encaja mejor con perfiles moderados que agresivos o como base cuando llega el momento de desinvertir y vivir de los ahorros.

¿Se puede mejorar la cartera 60/40?

Que la cartera 60/40 siga funcionando no significa que sea la única forma de construir una cartera moderada. El experto cree que tiene sentido revisar cuánto peso debe tener hoy la renta fija e incorporar otros activos que aporten diversificación adicional, como el oro. “¿Quiere decir esto que haya que cambiar toda la renta fija por el oro? No, en absoluto”, aclara. Su propuesta pasa por una distribución 60-20-20: 60% renta variable, 20% renta fija y 20% oro.

El objetivo es mantener la capacidad de crecimiento de la bolsa y reducir la dependencia de los bonos como único contrapeso. El oro tiene una correlación baja con acciones y renta fija y puede comportarse de forma diferente en determinados periodos de inflación, incertidumbre económica o tensión en los mercados. Morgan Stanley también señala este potencial como diversificador dentro de una cartera.

Al comparar esta distribución con la cartera tradicional y una formada íntegramente por acciones, vemos que 10.000 dólares invertidos en una cartera 60-20-20 durante los últimos 25 años habrían crecido hasta cerca de 69.000 dólares, con una caída máxima en un año del 19%. La 60-40 habría sufrido algo menos con un retroceso máximo del 17,8%, pero, según sus cálculos, habría generado cerca de un 30% menos de retorno durante el mismo periodo. Según un estudio de KFH Capital, la rentabilidad anualizada de una cartera con oro a 10 años es del 7,5% por el 6,4% de la cartera 60/40 tradicional.

En cualquier caso, la cartera 60-40 sigue teniendo sentido para muchos inversores porque combina crecimiento y estabilidad y ha demostrado que puede soportar periodos muy complicados. Lo que ha cambiado es el contexto. La renta fija vuelve a ofrecer rentabilidades más atractivas que hace unos años, pero 2022 recordó que acciones y bonos pueden caer al mismo tiempo y que esa combinación no elimina todos los riesgos.

Por eso, más que asumir el 60-40 como una regla fija, Javi Linares plantea revisar si ese reparto sigue encajando con cada inversor y si tiene sentido añadir otros activos que aporten una diversificación distinta, como el oro. La decisión dependerá del horizonte temporal, la tolerancia al riesgo y del papel que deba cumplir cada parte de la cartera.

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