Facundo Pereyra, médico gastroenterólogo: “Me ningunearon mis colegas, pero me propuse que nadie más tuviera que pasar por lo que yo sufrí” - Argentina
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Facundo Pereyra, médico gastroenterólogo: “Me ningunearon mis colegas, pero me propuse que nadie más tuviera que pasar por lo que yo sufrí”

Publicado: enero 6, 2026, 5:00 am

Impulsado por una comunidad creciente de pacientes, el doctor Facundo Pereyra se convirtió en una de las figuras más disruptivas de la medicina digestiva en Argentina. Desde su consultorio en Cipolletti, Río Negro, el gastroenterólogo desarrolló un enfoque de tratamiento para muchísimos problemas de salud, tomando como punto de partida la salud intestinal. Con la divulgación en redes sociales de un protocolo de tres semanas para modificar el funcionamiento intestinal incomodó a colegas y sociedades médicas, pero tomó un creciente protagonismo en la conversación pública sobre el bienestar y ahora llega a la televisión.

A partir del 6 de enero será parte de Canal 13 en Cocina Rebelde, el magazine que conducirá Jimena Monteverde, cocinera de los programas de Mirtha Legrand.

Facu en familia, en su lugar en el mundo

Sostiene Pereyra

El método que promueve Pereyra para mejorar la salud se basa en la detección de intolerancias alimentarias y la inflamación intestinal. La finalidad de su propuesta consiste en revisar el impacto de ciertos alimentos que en algunas personas pueden provocar alteraciones digestivas -como el gluten o el azúcar- y que, por lo tanto, podrían repercutir en síntomas que en apariencia no tendrían relación con la forma de alimentarse.

Bienestar Fest un evento de La Nación en el Hipódromo de Palermo.

¿Quién diría que una fascitis plantar se puede curar cambiando la dieta? ¿O que esa migraña que siempre vuelve comienza a aliviarse al quitar ciertos alimentos de la rutina diaria? ¿O que la ansiedad que no te dejaba disfrutar del momento presente podía atenuarse reacomodando la forma en que nutrís tu cuerpo?

Pereyra asegura que esto es posible y lo sostiene desde diversos ángulos.

Primero, el de su experiencia personal. Cambiar la alimentación lo ayudó a él mismo a superar una depresión que padeció durante diez años. “Sufrí diez años al cohete”, anticipa, para luego narrar su derrotero hasta la solución.

Aprender y ayudar

“Cuando me recibí de médico me fui de vacaciones a Cuba y ni bien volví empecé a cursar la residencia de gastroenterología en el Hospital de Clínicas, con toda la ilusión del mundo. Pero ese mismo día se murió un paciente. Fue un golpe muy duro de cara a la realidad de esta profesión”, rememora el médico. “En ese momento las residencias eran extremadamente exigentes: hacíamos guardias interminables, jornadas que seguían hasta las nueve de la noche, los residentes recibíamos muchos retos y nos enfrentábamos a mucha presión. Y yo era muy inmaduro, estaba disperso, lloraba mucho y la pasaba mal.”, reconoce. Ese desafío dejó marcas que no demoraron en volverse evidentes, pero tomó varios años comprender la relación entre los hechos. A los seis meses sufrió una apendicitis complicada: “Casi muero de peritonitis; el estrés había bajado mis defensas. Con el tiempo empecé a acomodarme y terminé la residencia exitosamente. Luego hice una segunda residencia y tuve la suerte de ingresar a la mejor del país en gastroenterología, en el Hospital Udaondo.”, retoma el relato de aquellos años de formación cuando sin saberlo se empezó a gestar la curiosidad.

Por entonces, lo que más lo motivaba, además de la profesión era la posibilidad de armar grupos de amigos, pero no cualquier grupo de amigos, sino gente con ganas de ayudar. “El hospital tenía muchas carencias y eso me angustiaba profundamente. Allí me resurgió un fuerte espíritu solidario y, como ya había organizado fiestas de recaudación de fondos para el Hospital de Clínicas, decidí repetir la experiencia. Así nacieron las Fiestas Udaondo. Durante seis años hicimos 18 eventos que nos permitieron hacer muchas cosas para mejorar el hospital: lo pintamos, compramos ventiladores, camillas y conseguimos medicamentos para los pacientes que no tenían recursos. También nos divertíamos, trabajábamos en equipo y nos involucramos más allá de la práctica profesional. Fue realmente increíble.“, recuerda Facu.

No es fácil ser médico

Al concluir su segunda residencia, Facu se encontró con una pregunta: ¿que hacía un neuquino viviendo en Buenos Aires, con tenía treinta y tres años, lejos de su familia, soltero y sin tener con quien compartir sus emociones? Todos los días, eso sí, salía a correr diez kilómetros, el deporte era su cable a tierra, quizá por eso, demoró en reconocer algo evidente: estaba triste. “Creo que la presión a la que estuve sometido durante las dos residencias me había generado mucha ansiedad, porque no se dice mucho, pero lo cierto es que no es fácil ser médico. Hay que estar muy fuerte para enfrentar el día a día. Y parece que yo no estaba tan fuerte, entonces empecé a sufir estados de ansiedad y después una tristeza muy profunda. Fui al psiquiatra que me diagnosticó distimia, una depresión sutil que me me permitía funcionar, pero me había vuelto el gran simulador.”, revela el doctor.

Por esos años, que recuerda con tristeza como “mi década perdida”, viajó a España para peregrinar por el Camino de Santiago, donde percibió una revelación: “Tengo que ayudar a muchas personas”. También durante esa experiencia espiritual descubrió que su lugar en el mundo no sería Buenos Aires, que tenía que volver a sus pagos, donde encontraría la paz y la tranquilidad que no hallaba en la gran ciudad. “Tuve como una premonición y por eso decidí volver a Cipoletti, donde mi padre ya había comenzado a investigar sobre el intestino permeable”, comenta. “El tema por entonces no estaba tan demostrado por la ciencia, pero ya se investigaba y se practicaba en el mundo. El siempre decía que la alimentación es la curación para casi todo.”, añade.

Facu Pereyra con sus padres, el doctor Juan Carlos Pereyra y Susana Grisanti. En la otra for, con supapá y su hermano, el doctor Lisandro Pereyra.

Lo que ocurrió al volver y trabajar al lado de su padre, Juan Carlos Pereyra, un médico reconocido en la ciudad por su trato humano, fue que no solo aplicaban el método de cambios alimentarios en los pacientes sino que Facu decidió probarlo para sí mismo. “De a poquito empecé a probar cambios en mi alimentación, a llevar una dieta sin harina, sin azúcar, sin lácteos y sin ultraprocesados; también empecé a tomar suplementos de magnesio y a practicar ayuno intermitente; finalmente sentí un cambio tan increíble en mi salud que resolví difundirlo. Ambicioso pero convencido me propuse que esto que me pasó a mí nunca más le vuelva a pasar a nadie.”, sentencia.

Lo que pasó cuando usó los alimentos como medicina

“Ya veníamos avanzando con mi padre en estudios sobre el intestino permeable, y habíamos comprobado los resultados en miles de pacientes. Empecé a introducir cambios en mi propio enfoque: diseñé un ‘reseteo intestinal’ sin harina, sin azúcar, sin lácteos ni ultraprocesados; incorporé magnesio y ayuno intermitente. Sentí un cambio tan increíble en mi salud que eso potenció aún más mis ganas de difundirlo. Me propuse que nadie más tuviera que pasar por lo que yo sufrí durante una década; aunque los antidepresivos me ayudaban, sabía que podía lograr un bienestar más integral y duradero.”

Al notar que esas experiencias se repetían en su entorno cercano, abrió en Facebook un grupo al que llamó “Síndrome de intestino permeable de Latinoamérica”, convencido de que lo que estaba observando excedía las fronteras de Argentina. Con el tiempo, ese espacio se pobló de gente de distintos países, que compartían relatos de enfermedades que llevaban años de evolución. Allí comenzó a compartir sus conocimientos y publicó un plan alimentario de una semana para quienes desearan probarlo.

Entonces, empezó a consolidar el segundo ángulo que sostiene la teoría de Pereyra: empezó a coordinar grupos de apoyo gratuitos para los pacientes que habían comenzado a aplicar el plan de alimentación.

“Yo me ocupaba de responder todas las consultas y de pronto hubo mucha gente y no daba abasto”, confiesa. Ese fue el punto de inflexión en esta historia: había que organizarse mejor.

La respuesta surgió de la mano de su mujer, Cecilia Argüello, especialista en recursos humanos, con quien pusieron la piedra basal para transformar el método en una empresa.

Facundo Pereyra y Cecilia Argüello

Agrandaron el equipo al que sumaron médicos, nutricionistas y comunicadores.

En ese mismo período abrió una cuenta de Instagram y la hizo crecer de manera sostenida hasta el presente. A partir de esa exposición comenzó a dar charlas presenciales y desarrolló un formato propio de intervenciones públicas, con una puesta cercana a lo teatral. En esas presentaciones combinó explicaciones, acciones concretas y experiencias en vivo. Por ese trabajo recibió reconocimientos y distinciones que acompañaron la expansión de su figura pública.

Le dio forma a la ciencia detrás de los resultados

Dentro del ámbito médico encontró resistencia. “Me ningunearon al principio mis colegas, pero yo seguí adelante porque veía los cambios en mis pacientes”, reconoce Pereyra. Entonces, tomó la decisión de medir y registrar resultados: el tercer ángulo de esta historia. Durante años revisó historias clínicas, comparó datos, sistematizó información y la puso a disposición para que otros profesionales pudieran revisarla. Ese trabajo derivó en cuatro publicaciones científicas que analizan el vínculo entre las inflamaciones intestinales y algunas respuestas inmunitarias del organismo o exploran el eje intestino-cerebro en una gran cohorte de pacientes con síndrome del intestino irritable: ¿Existe un vínculo entre la depresión y los síntomas intestinales y extraintestinales?. A partir de entonces comenzó a recibir, de manera paulatina, un mayor reconocimiento entre colegas.

El recorrido no fue lineal, pero lo que más enorgullece al divulgador es que a lo largo de los cinco años que lleva difundiendo su método ya alcanzó a 16 millones de personas.

A diario muchísima gente lo saluda por la calle y le escribe para agradecerle, especialmente a aquellos que no encontraban respuestas conservadoras para sus dolencias persistentes: alergias, hinchazón, fibromialgia, agotamiento nervioso, insomnio y otros muchos síntomas que no mejoraban con los tratamientos tradicionales. Por eso siguió avanzando hasta dar forma a un método propio al que bautizó B15 y que también se popularizó como “reseteo intestinal”.

Que es el sibo y cómo reconocerlo

En su último libro, Sibo, guía práctica para recuperar el equilibrio intestinal (Editorial El Ateneo, 2025) aclara varias de las dudas que se instalaron en los últimos años a partir de la difusión de esta “nueva enfermedad”. Una cosa es el sibo y otra el síndrome de intestino irritable: comparten síntomas como hinchazón, dolor abdominal y alteraciones en el tránsito intestinal, pero son trastornos distintos.

El intestino irritable puede no tener una causa clara pero el sibo ocurre porque hay bacterias que proliferan en forma anormal en el intestino. El primero puede mejorar con la dieta, el sibo requiere sí o si tratamiento con antibióticos supervisado por el médico. Y en su libro hace un apartado fundamental: la importancia de no suponer que toda molestia intestinal es sibo y también, la importancia de detectar el sibo a tiempo. Básicamente: consultar al médico.

“Mi máximo logro es, no solo haber generado este método sino haber diseñado un autotest para que cada persona pueda determinar si es candidata a beneficiarse con este dieta o no.”, expone Pereyra y explica: “Hay muchas dietas dando vuelta al mercado, hay muchas propuestas naturistas, pero nunca nadie había hecho un test fácil y al alcance de todos, que funciona con síntomas y puntos. Con esta herramienta el ciudadano común puede saber si necesita hacer un cambio de alimentación para aliviar su salud”.

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