Publicado: julio 28, 2026, 3:00 am
La prisa debería ser sólo para los atletas; para que ganen medallas y batan récords. Vivimos en una sociedad que tiene entronizada la velocidad, luego la prisa, pero la lentitud es más amiga de nuestra salud. En realidad, tenemos pendiente el descubrimiento de la lentitud.
Lo podríamos aplicar a muchas cosas, por ejemplo, a la alimentación. Las prisas, en este caso, no son buenas consejeras. Comer deprisa no es bueno para la salud. Tragamos los alimentos sin masticarlos adecuadamente y eso puede estar en el origen de varios problemas.
Sí, la velocidad con la que comemos influye en nuestra salud. De entrada, implica que no masticamos de manera adecuada la comida. Durante la masticación comienza la digestión y si los alimentos pasan casi enteros al estómago, este proceso será más lento y las digestiones más pesadas. Ello puede derivar en molestias como hinchazón, gases e incluso dolores.
Comer deprisa hace que ganemos peso, por un lado, porque tendemos a escoger alimentos más ricos en sal y grasas, porque pasan poco tiempo en la boca; por otro, tarda más la señal que llega a nuestro cerebro para avisarnos de que ya hemos comido lo que necesitamos, por lo que es probable que en ese tiempo comamos más de la cuenta.
Ingesta y enfermedades cardiometabólicas
De modo más concreto, las personas que comen de forma rápida aumentan el riesgo de presentar triglicéridos altos en sangre. Lo demostró un grupo de investigadores de la Universidad Rovira i Virgili y del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN). Las personas que hacen una ingesta rápida tienen un 59% de riesgo de presentar triglicéridos elevados en sangre, lo que se considera un factor de riesgo cardiovascular.
Además, han visto que la ingesta de una gran cantidad de energía durante un período corto favorecería picos más sostenidos en la glucosa plasmática e insulina. Ello, a su vez, puede inducir un estado que estimularía la producción de grasas en el hígado y, por tanto, un aumento de los niveles de triglicéridos en plasma.
En esa línea, un estudio de investigadores japoneses publicado en el Journal of Atherosclerosis and Thrombosis, observó que comer rápido está asociado con un mayor riesgo de desarrollar síndrome metabólico, un conjunto de condiciones que aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas, derrames cerebrales y diabetes tipo 2. Esta investigación sugiere que comer rápido puede llevar a niveles elevados de azúcar en sangre, presión arterial alta y niveles anormales de colesterol, todos ellos factores de riesgo para nuestra salud cardiovascular.
En otro estudio, un grupo de científicos analizó durante cinco años los datos de casi 60.000 japoneses con diabetes tipo 2. Según su trabajo, publicado en British Medical Journal, las personas que comían a una velocidad normal tenían un 29% menos de probabilidades de ser obesas. Los que comían despacio tenían hasta un 42% menos de probabilidades en comparación con las que comían rápido.
Cómo comer bien
Según los investigadores de Rovira i Virgili y el CIBEROBN, comer a mayor velocidad retrasa la sensación de saciedad, por lo que las personas continúan comiendo a pesar de haber cubierto sus necesidades energéticas y nutricionales. De modo que las estrategias de intervención dirigidas a disminuir la velocidad al comer pueden ser útiles para combatir enfermedades cardiometabólicas.
Comer demasiado rápido puede llevar a sobrepasar el umbral de saciedad y que el consumo de calorías resulte excesivo
En ese sentido, un estudio publicado en el Journal of Nutrition encontró que las personas que comen rápido tienden a tener un índice de masa corporal (IMC) más alto en comparación con aquellos que comen despacio. Esto se debe a que el cerebro tarda unos 20 minutos en recibir las señales de saciedad del estómago. Comer demasiado rápido puede llevar a sobrepasar este umbral y en consecuencia el consumo de calorías resulta excesivo.
Así que mejor será tomarse tiempo para comer, masticar bien los alimentos, practicar la alimentación consciente (centrarse en el presente, el acto de comer, y disfrutar) y hacer pausas durante la comida. Por gusto, todo estará más rico, y por salud.
