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Como en Atacama: el extraño y poco conocido fenómeno de la estepa florecida

Publicado: agosto 31, 2025, 6:00 am

Durante unos pocos días al año, de repente la estepa se cubre de blanco.

No es escarcha ni nevada. Es otra cosa. Algo más raro. Más improbable. Sobre el lomo seco de la Patagonia costera –ese territorio de arbustos bajos, viento constante y horizonte sin relieves– florecen de pronto miles de pequeñas flores blancas, como si alguien hubiera desparramado espumas o copos sobre la tierra. El efecto, de lejos, es hipnótico. De cerca, aún más desconcertante: la misma estepa que durante gran parte del año se vuelve áspera y gris, ahora parece haber decidido convertirse en una alfombra.

La flor puede haber llegado con las ovejas o entre los enseres de los inmigrantes

Sucede en octubre y noviembre, en zonas como Bahía Bustamante, al sur de Chubut. Allí donde la mirada se acostumbra al tono apagado del coirón y al perfil duro de los molles, el paisaje estalla en blanco. Por un rato, la Patagonia se rinde al color.

La flor se llama Cardaria draba –o wansi, como se la conoce localmente– y es una especie exótica que crece en suelos que alguna vez fueron alterados por la actividad ganadera. Su presencia en estas tierras, antes ocupadas por ovejas y esquiladores, es tan silenciosa como espectacular. Donde antes se producía, hoy se regenera. Y lo que se abre paso no es solo una floración: es un nuevo modo de habitar el territorio.

La flor se llama Cardaria draba –o wansi, como se la conoce localmente– y es una especie exótica

“La flor blanca aparece en octubre y noviembre”, cuenta Graciela Fernández, guía local del Portal Bahía Bustamante. “Puede haber llegado con las ovejas o entre los enseres de los inmigrantes. Es una especie introducida, pero tiene algo hermoso: anuncia un cambio”.

Ese cambio se percibe a cada paso. Las antiguas tierras de pastoreo son hoy áreas de conservación y restauración ecológica impulsadas por Rewilding Argentina, en el parque Patagonia Azul. Lo que para muchos era una estepa sin atributos, ahora se revela como un ecosistema en pleno movimiento. Brotan molles, algarrobillos, mata lagunas, yaoyines, calafates. Los coironales acolchan el andar, las hierbas se activan con las lluvias, y hasta los cactus –bajos, escondidos– encuentran su lugar entre los arbustos.

En el Portal Bahía Bustamante, las cabalgatas son una buena opción para recorrer el paisaje costero

“Durante gran parte del año, la estepa parece detenida. Pero con las primeras lluvias, todo empieza a moverse”, dice Graciela. “Es una flora que se adapta al viento, al sol, a la falta de agua. Lo increíble es que todo esto sucede en un paisaje que, a simple vista, muchos creen vacío”.

Una de las formas más bellas de recorrer esta zona, asegura Graciela, es a caballo. Las cabalgatas salen desde el centro de interpretación Casa de Piedra. Se atraviesan campos floridos, médanos cubiertos de vegetación, playas solitarias repletas de caracoles. Bahía Bustamante concentra una biodiversidad excepcional: aquí nidifican 13 de las 16 especies de aves marinas que crían en el país, como el pingüino de Magallanes, cormoranes reales –el mayor productor de guano– y el cormorán de cuello negro. En la distancia, el mar acompaña como telón de fondo constante. Más adelante, las marismas: ese lugar donde el mar entró, se quedó, y dio origen a nuevas formas de vida. Salicornia, algas comestibles, plantas adaptadas a la sal que hoy alimentan tanto a la fauna local como a una incipiente gastronomía de costa.

La matera, en el portal Bahía Bustamante

Las caminatas y cabalgatas se vuelven una forma de lectura. Cada flor, un signo. Cada brote, una pista. Octubre y noviembre son los meses ideales para recorrer este portal natural. En verano, el mar se convierte en pileta. Después llega el período de lluvias, y luego, otra vez, el silencio.

Pero ya no es lo mismo. Porque quien vio florecer la estepa difícilmente vuelva a verla como antes.

Bahía Bustamante, una de las joyas escondidas en la naturaleza argentina

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