Publicado: septiembre 13, 2026, 3:00 am
En la serie Aquí no hay quien viva, bastaba convocar una junta de vecinos para que cualquier asunto aparentemente sencillo terminara convertido en una batalla campal. Todos compartían edificio, todos necesitaban que aquello siguiera funcionando, pero ponerse de acuerdo sobre quién pagaba qué y cómo era desastroso.
Salvando las distancias, algo parecido ocurre ahora con las cuentas públicas europeas, aunque la discusión se mide en billones de euros. Defensa, pensiones, sanidad y transición energética podrían elevar el gasto público en cerca de cinco puntos del PIB de aquí a 2040, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), y conseguir el dinero para pagarlo vuelve a ser cada vez más caro. El bono alemán a diez años ha llegado a superar el 3,5%, niveles que no se veían desde hace unos 15 años, mientras Francia se financia en el entorno del 4,45%, máximos desde 2008.
Alguien tiene que hacerse cargo de la factura, y es precisamente cuando las urnas empiezan a complicar las cuentas. Alternativa para Alemania (AfD) acaba de rozar el 44% de los votos en Sajonia-Anhalt, mientras Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, propone cancelar el 18% de la deuda pública francesa, unos 636.000 millones de euros.
La deuda también se vota
El canciller alemán, Friedrich Merz, tiene que reformar las pensiones, el mercado laboral y el gasto público mientras AfD sigue ganando terreno. Las pensiones muestran hasta dónde pueden cruzarse ambos asuntos, porque el Gobierno quiere eliminar incentivos que todavía permiten abandonar antes el mercado laboral y una comisión de expertos ha planteado vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida, lo que podría acercarla progresivamente a los 70 años.
Algunas corrientes de AfD defienden, mientras tanto, pensiones más generosas y fuertes rebajas fiscales. Las propuestas llegan cuando Alemania se prepara además para aumentar con fuerza su endeudamiento para financiar defensa e infraestructuras. El Gobierno ha puesto en marcha un fondo de 500.000 millones de euros para infraestructuras y prevé elevar el gasto militar, lo que incrementará sus necesidades de financiación durante los próximos años.
Francia permite llevar la discusión bastante más lejos. ¿por qué no eliminar parte de la deuda y liberar ese dinero para otras políticas? Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, ya ha advertido de que una medida semejante sería “financieramente peligrosa” y contraria a los tratados europeos, mientras el gobernador del Banco de Francia sostiene que equivaldría a un impago y terminaría elevando el coste de financiación del país.
¿Y por qué tendría que subir ese coste? Francia necesita volver una y otra vez al mercado para refinanciar una deuda que supera el 116% del PIB. Si los inversores empiezan a pensar que existe una mayor probabilidad de que una parte de lo que han prestado pueda no devolverse, la respuesta más lógica es exigir una rentabilidad mayor para seguir comprando bonos franceses.
Ese encarecimiento de la financiación elevaría a su vez el dinero que el país tiene que dedicar al pago de intereses, reduciría el margen presupuestario disponible para otras partidas y complicaría los ajustes necesarios para contener el déficit.
El mapa cambia
Lo llamativo es que esa presión sobre Francia y las nuevas dudas en torno a Alemania coinciden con el movimiento contrario en varios países que protagonizaron la anterior crisis del euro. Portugal encadena mejoras de rating, Grecia ha reducido de forma drástica su endeudamiento desde los máximos de 2020 y España mantiene una evolución que los inversores están premiando, hasta el punto de que los rendimientos de la deuda de Irlanda, Portugal y España se encuentran ya por debajo de los franceses.
Italia necesita un capítulo aparte porque su deuda continúa siendo enorme y vuelve a crecer en relación con el PIB, aunque incluso su caso permite apreciar cuánto ha cambiado la fotografía. En algunos vencimientos largos, Francia ha llegado a financiarse prácticamente al mismo coste o incluso ligeramente por encima de Italia, algo difícil de imaginar cuando los PIGS concentraban buena parte de los temores sobre la propia supervivencia del euro.
2027 entra en el precio
Si el coste de financiación se ha convertido en una de las variables que más vigilan los inversores, ¿qué puede ocurrir cuando varios de los grandes países europeos vuelvan a las urnas? Victoria Torre, responsable de Oferta Digital de Self Bank, señala que “el mercado comienza a cotizar que en 2027 habrá elecciones en Francia, Italia y España, con los ajustes fiscales sin hacer, y con probable repunte de las primas de riesgo soberanas”. Según Torre, esa presión podría terminar frenando las Bolsas española y europea.
La cuestión es qué ocurrirá si varios de esos países llegan a las urnas con buena parte del trabajo todavía pendiente. Francia podría hacerlo con una deuda superior al 116% del PIB y fuerzas políticas que plantean soluciones radicalmente diferentes para reducirla; Italia, con una de las mayores cargas de deuda de Europa; y España, pese a disfrutar ahora de unas condiciones de financiación relativamente favorables, tampoco queda al margen de unos ajustes fiscales que serán cada vez más difíciles de aplazar.
Trabajar más años, contener determinadas partidas de gasto, reformar prestaciones o elevar algunos impuestos puede ayudar a cuadrar las cuentas sobre el papel, pero cada una de esas decisiones tiene un coste político que aparece inmediatamente en las urnas. Y cuanto más fragmentado esté el electorado, más difícil resulta para un gobierno conseguir suficiente apoyo para aprobar precisamente las reformas que pueden tranquilizar al mercado.
