Publicado: enero 1, 2026, 11:13 pm
El puré de papa fue el acompañamiento infalible de la mesa argentina: neutro, rendidor y siempre bienvenido. Pero en un contexto donde la cocina casera se anima cada vez más a jugar con ingredientes, texturas y presentaciones, ese clásico empieza a compartir protagonismo con otras versiones.
Las verduras de estación, los tubérculos olvidados y algunas raíces que hasta hace poco parecían exóticas hoy encuentran su lugar en la olla y en el plato. El puré deja de ser solo un fondo discreto para transformarse en una preparación con identidad propia, capaz de aportar color, perfume y un perfil de sabor bien definido.
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Además, estas alternativas no solo suman atractivo visual: muchas tienen un valor nutricional interesante y permiten variar la dieta sin grandes complicaciones. Con técnicas simples y pocos ingredientes, se logran resultados que elevan cualquier comida cotidiana o incluso una mesa festiva.

Puré de coliflor violeta
El coliflor violeta es una joya poco habitual en la verdulería, pero cuando aparece vale la pena aprovecharla. Una vez cocida al vapor o hervida suavemente, se procesa con un chorrito de crema, manteca y una pizca de nuez moscada. El resultado es un puré sedoso, de sabor más sutil que el de la papa y con un color lila intenso que transforma cualquier plato simple en algo especial. Funciona muy bien como acompañamiento de pescados, aves o platos vegetarianos.
Puré de zanahoria y jengibre
De tono naranja brillante y perfil aromático, este puré combina la dulzura natural de la zanahoria con el toque apenas picante del jengibre fresco. Las zanahorias se cocinan hasta quedar bien tiernas y luego se procesan con aceite de oliva o manteca, sal y un pequeño agregado de jengibre rallado. Es una opción liviana pero llena de carácter, ideal para servir con carnes de cerdo, pollo al horno o incluso como base para un plato vegano.
Puré de arvejas
De color verde intenso y sabor vegetal marcado, el puré de arvejas es una alternativa fresca y moderna. Las arvejas se hierven apenas unos minutos para conservar su color y luego se procesan con un poco de caldo, manteca o aceite de oliva y, si se busca un perfil más aromático, hojas de menta o albahaca. Queda cremoso, liviano y con una nota herbal que combina muy bien con pescados, huevos poché o platos de inspiración primaveral.
