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El Madrid ni se arruga(ba) ni se tapa(ba)

Publicado: septiembre 20, 2026, 5:58 pm

Minuto 85. El Atleti gana 2-0 y el Madrid tiene uno menos. Falta lateral al borde del área. «Nos van a empatar estos hijos de puta». Supongo que mi padre, colchonero, no ha superado aún el trauma de la Décima. No hay ningún síntoma de remontada. No hay fútbol, no hay ganas, no hay rabia. Nada. Cuando reduce distancias Rüdiger en el 89, noto cómo se me dibuja media sonrisa. ¿Será posible? ¿Otra vez? No. En fin. El partido fue un asco. Una primera parte aguerrida, trabada, con mucho aroma a derbi, al de verdad, al de la rivalidad de dos vecinos, y una segunda para olvidar. Podríamos hablar de cómo en los primeros 45 minutos el Cuti selló la rodilla de Bellingham con sus tacos. O cómo Kang-In, con la plancha por delante, torció el tobillo de Valverde hasta el límite físicamente posible antes de que suene crac. Pero eso sería de mediocres . De entrenador sin experiencia que no sabe del señorío y la exigencia del Real Madrid. El Atleti, en un choque marcado más por su intensidad que por su calidad, estaba siendo ligeramente superior hasta que se produjo el punto de inflexión. La segunda mitad todavía se desperezaba, como si le costase arrancar, cuando Huijsen cometió un penalti infantil, agarroncito tonto, absurdo, sobre un Giuliano que sabe caer. Último hombre, sin intención de jugar el balón, roja directa. El chaval había empezado bien la temporada, mejor de lo que acabó la anterior –cosa fácil–, pero está empeñado en caerme gordo. A partir de ahí, casi todo mal. Salen del campo Vinicius, que a estas alturas no sé si está para ser titular o para jugar una pachanga de solteros contra casados, y Güler, que hasta ese momento parecía el único capaz de leer el partido. Diomandé, para echar más leña al prolongado caso Vinicius, que ya colea, volvió a intentarlo. Y como contra el Elche, demostró que los regateadores no han muerto en el llamado fútbol moderno. ¡Viva el talento! Pero el chico, a sus 19 años, todavía no está para echarse el equipo a la espalda a toque de corneta. Tres suspiros después de que Grimaldo metiese el penalti, Jonathan David empujaba a la red el magistral pase de Giuliano, que tiene el corazón que le faltó a los blancos. Koke, fresco porque no partió de inicio, ya se había hecho con el control del juego. ¿Quién iba a pensar que un equipo de fútbol iba a necesitar un organizador? ¡Habrase visto! El Madrid ni la olió. Dominio atlético, que pudo hacer el tercero si no es por Courtois, y pasividad inquietante de los visitantes. ¿Estos chicos quieren jugar al fútbol? No estoy seguro. 2-0 abajo y nadie corría, 2-0 abajo y nadie se rebelaba. La locura que antaño caraterizaba a este equipo, inexistente. Si me preguntasen, diría que solo a Bellingham le molestaba ir dos abajo en el marcador. Esto de que ahora no se puedan tapar la boca al hablar nos deja claro algo: Jude sigue insultando en inglés. Estamos en septiembre y el Barça nos saca seis. El Atleti gana su título particular, el derbi, y en el Madrid empieza a entrar el canguelo. Un tercer año en blanco, directamente, es inasumible. En el otro sofá, mi madre, forofa madridista, porque en eso tiene mejor gusto que mi padre, se lamentaba con el pitido final: «Para esto no perdono la siesta». No te preocupes, mamá, ya durmieron por ti tus ídolos sobre el campo. Una pancarta destaca en el Metropolitano: «Ceuta es España, ni se arruga ni se tapa». El Madrid, antes tampoco. Conviene recordarlo.

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