Publicado: julio 10, 2026, 8:13 pm
Irán, temeroso de que su control de las rutas marítimas clave del estrecho de Ormuz se estuviera debilitando, tentó su suerte y atacó de nuevo a buques petroleros, con lo que, según analistas, se ha arriesgado a reavivar una guerra a gran escala con Estados Unidos.
El miércoles, ambas partes amenazaron con cancelar el memorándum de entendimiento que habían firmado el 17 de junio para establecer un plan de conversaciones de paz y prolongar el frágil alto al fuego que ha estado vigente desde abril. En la noche, aviones de combate estadounidenses realizaron ataques aún más intensos contra decenas de objetivos iraníes en todo el territorio, mientras que Irán prometió intensificar los ataques con drones y misiles contra los aliados de Estados Unidos en el golfo Pérsico.
El acuerdo básico de ese memorándum de entendimiento de 14 puntos, redactado en términos vagos, consistía en que Irán reabriría el estrecho de Ormuz al tráfico comercial a cambio de un respiro económico que tanto necesitaba. Los temas más espinosos, como el futuro del programa nuclear iraní, se dejaron para más adelante, para negociaciones futuras. Pero casi nada cambió.
“El memorándum de entendimiento se parecía cada vez más a un espejismo”, dijo Vali Nasr, un experimentado analista sobre Irán y profesor de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins. “En Teherán se considera que Estados Unidos está llevando a cabo un esfuerzo concertado para arrebatarle a Irán el control del estrecho, debilitar su posición en el Líbano y recuperar su poder para ejercer aún más presión sobre Irán o volver a la guerra”.
Conforme los 60 días del acuerdo se terminaban, Irán se sentía cada vez más frustrado porque la Armada estadounidense estaba alentando a las embarcaciones a tomar una ruta sur por la costa de Omán, en lugar de respetar las exigencias iraníes de que todo el tráfico se registrara con su recién creada autoridad de tránsito de Ormuz, un paso previo al cobro de tarifas. El tráfico del pasado fin de semana fue de aproximadamente un tercio del nivel anterior a la guerra, que superaba las 100 embarcaciones diarias, repartidas a partes iguales entre los lados iraní y omaní de la vía navegable, según Kpler, que realiza un seguimiento del tráfico marítimo.
Además, Estados Unidos estaba trabajando para cerrar un acuerdo de paz por separado entre el Líbano e Israel que incluyera el objetivo, inalcanzable por tanto tiempo, de desarmar a Hezbollah, la principal fuerza aliada de Irán en el Líbano. Por último, en los debates públicos sobre la ayuda financiera, la escala seguía reduciéndose.
En cambio, incluso en medio de las ceremonias fúnebres a lo largo de la semana en honor al ayatollah Alí Jamenei, el líder supremo de Irán asesinado en la guerra en febrero, los iraníes decidieron atacar en lugar de esperar a que su ventaja se desvaneciera, dijeron los analistas. El martes, unos proyectiles alcanzaron a tres buques petroleros que transitaban por el estrecho, aunque Irán no reivindicó su autoría.

Los analistas dijeron que la percepción de Irán de que había vencido a Estados Unidos e Israel en la guerra de principios de este año probablemente contribuyó a que se reavivara el enfrentamiento.
“Después de haber aguantado la paliza de Estados Unidos e Israel, probablemente se sientan bastante seguros”, dijo Suzanne Maloney, investigadora principal del Brookings Institution en Washington, que ha asesorado tanto a gobiernos republicanos como demócratas en materia de política de Medio Oriente. “Creo que el momento en que se realizaron los ataques, que coinciden con las ceremonias fúnebres, demuestra cierto triunfalismo por parte del régimen, que considera que, en esencia, por fin se ha liberado de la guerra. Son capaces de enterrar a sus muertos y siguen respondiendo a los ataques. Sin duda, hay un mensaje en eso”.
Aunque antes de la guerra el tráfico marítimo fluía libremente, Irán dijo que pretendía imponer un nuevo control sobre el estrecho, dijeron los analistas. Estados Unidos, que había levantado las sanciones petroleras contra Irán que llevaban décadas vigentes, las volvió a imponer de inmediato.
Irán afirmó que no le importaba. “Los ingresos no son tan importantes como el control”, dijo en la televisión estatal Majid Shakeri, un economista iraní y asesor de Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento y principal negociador. “Nos quedamos con el estrecho o todos y cada uno de nosotros nos convertiremos en mártires por él”.
Aun así, ambas partes suelen recurrir a una retórica agresiva y a los alardes, según señalaron analistas, y tienden a utilizar la guerra como un modo de negociación. Trump no descartó del todo la idea de retomar las negociaciones.
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Los ultraconservadores de Irán llevan mucho tiempo atacando la mera idea de las negociaciones, por lo que ha habido llamamientos para retirarse del memorándum de entendimiento sobre la situación en el estrecho.
“Creo que se trata sobre todo de una pose”, dijo Nate Swanson, investigador principal del Atlantic Council que anteriormente fue director para Irán en el Consejo de Seguridad Nacional bajo la presidencia de Joe Biden. “Creo que es parecido a lo que está haciendo Trump. Él negocia a través de acciones militares y amenazas estridentes, así que, en cierto modo, hablan el mismo idioma”.
Irán apostaba por que Trump, molesto con el conflicto y ante unas difíciles elecciones intermedias en cuatro meses, no se arriesgaría a reanudar una guerra impopular, según sugirieron los analistas.
Sin embargo, Trump lanzó una diatriba contra los iraníes; tachó a sus líderes de “malvados” y de “escoria” y sugirió que Estados Unidos atacaría a Irán aún más fuerte. Dijo que el alto al fuego se había “acabado”.
“Corren el riesgo de malinterpretar al presidente Trump, algo que han hecho una y otra vez”, dijo Joel Rayburn, investigador principal del Instituto Hudson, coronel retirado del ejército estadounidense y exenviado especial para Siria durante el primer mandato de Trump. Irán tiene una tradición longeva de emprender acciones provocadoras, como disparar contra petroleros y luego hacerse pasar por la parte agraviada, dijo: “Está sobreestimando su situación”.
No sería la primera vez. Justo después de la Revolución islámica de 1979, el nuevo gobierno de línea dura de Teherán retuvo a rehenes de la embajada estadounidense por 444 días, mucho más tiempo del que les servía como ventaja, y a cambio consiguió que se embargaran millardos de dólares en activos depositados en instituciones financieras occidentales. En 1982, Irán rechazó una tregua en la guerra entre Irán e Irak, lo que provocó seis años más de combates brutales y cientos de miles de bajas.
*Por Neil MacFarquhar, reportero del Times desde 1995 que cubre una amplia variedad de temas, desde la guerra hasta la política y las artes, tanto a nivel internacional como en Estados Unidos.
